EL CAMINO A LA CONVIVENCIA NO PASA POR COLÓN

Publicado por Rafael Simancas | Jun 11, 2021 | Punto de Vista | 

EL CAMINO A LA CONVIVENCIA NO PASA POR COLÓN

El conflicto catalán ha ocasionado demasiados destrozos ya en nuestra convivencia. Se han malgastado ya demasiadas energías en defensa del “procés” y en su contra.

Demasiado tiempo y demasiado esfuerzo se han invertido en descalificaciones, exabruptos, confrontaciones y conflictos, que dejan huella profunda de desencuentro, incluso de dolor.

Es tiempo ya para que intentemos superar el conflicto.

Lo necesita Cataluña y lo necesita el conjunto de España.

La ciudadanía catalana y el conjunto de la ciudadanía española se enfrentan a retos mayúsculos, como los son vencer al virus, recuperar la economía, afrontar las transiciones ecológica y digital…

Acudir a estas citas trascendentes desde la discordia y el enfrentamiento interno resultaría suicida. El precio a pagar por el fracaso ante estos desafíos históricos sería tan terrible como inaceptable.

No somos ingenuos. No se trata de generar la expectativa de una pronta y exitosa resolución en un problema que arrastra mucho tiempo y mucho desencuentro.

Ni los independentistas nos convencerán acerca de la ruptura territorial de España, ni podemos aspirar a convencerles de que abandonen esos anhelos a corto plazo.

No se trata de vetar ideas o condenar propósitos. Se trata de avanzar al menos en unas reglas a respetar por todos en aras de la convivencia democrática, con concordancias a reforzar y con discrepancias a encauzar.

Ya se están dando pasos en ese sentido. Pocos y lentos, pero son inequívocos en su intención y eficacia.

Primero ha sido preciso reconocernos y reencontrarnos.

Después está siendo necesario recuperar normalidad en el funcionamiento de las instituciones. Ya hay un Govern de la Generalitat, con un President legítimamente investido, que se reunirá en breve con el Presidente del Gobierno español.

Pronto se formalizará la mesa de diálogo entre gobiernos, en la que se intercambiarán propuestas de objetivos, reformas, acciones, inversiones… El gobierno español dispone aún de un listado con 44 proposiciones de interés para el progreso y el bienestar de catalanes y catalanas, que puede y debe actualizarse, desde luego.

Durante los últimos años, la sociedad y la economía catalanas se han visto duramente afectadas por la pandemia, por las sucesivas crisis económicas globales y por las consecuencias derivadas de la inestabilidad institucional.

Cataluña ha de recuperar el vigor y la competitividad que siempre la caracterizó como una de las regiones más dinámicas de España y del conjunto de Europa. Este reto exigirá esfuerzos colectivos, para los que el gobierno de Pedro Sánchez está más que dispuesto.

Y en esa mesa se puede hablar de más temas, desde luego. El encaje institucional de Cataluña en España. Los mecanismos de cooperación. La financiación de la Generalitat. La participación del Govern en las decisiones europeas que conciernen a sus competencias. Por ejemplo.

La receta socialista para estos asuntos es conocida. Es la misma respecto al futuro de España y al futuro de Europa. Se llama federalismo, y consiste en perfeccionar aquí el Estado de las Autonomías.

¿Qué es federalizar el Estado español en este contexto?

Respetar las identidades territoriales diversas y libres, sin menoscabo del compromiso solidario con el proyecto común.

Atender las singularidades políticas, sociales, económicas, jurídicas, culturales, lingüísticas… garantizando iguales derechos, sin discriminaciones ni privilegios.

Negociar la atribución y delimitación de competencias, asegurando instrumentos eficaces de cooperación.

Establecer mecanismos de financiación suficiente y estable, comprometiendo el desarrollo justo y equilibrado de todos los territorios.

Participar en la cogobernanza europea…

Es un planteamiento clásico, pero viable y útil, que funciona en otros Estados de composición plural y de ordenamiento descentralizado.

Pedro Sánchez, el PSOE y el Gobierno de España están dando pasos decididos y valientes para contribuir a la solución del problema. Y se darán más.

Claro que hay propuestas y caminos para el reencuentro.

El reencuentro y la convivencia pueden tener muchos caminos, pero ninguno de ellos pasa por la plaza de Colón. Quienes llaman a la discordia en Colón saben que así no contribuyen a solucionar el problema, sino a agravarlo. Lo saben y pretenden obtener ventaja partidista de exacerbar la confrontación entre españoles.

No es justo. La traición a España se perpetra en la plaza de Colón. Porque no hay mayor traición a España hoy que incitar a la discordia y al enfrentamiento entre españoles. En el momento en el que más necesaria es la unidad y el entendimiento.

Lo pagarán.

CASADO DEBE RESPONDER POR KITCHEN

CASADO DEBE RESPONDER POR KITCHEN

El caso Kitchen no es un caso más de corrupción del PP. Su gravedad afecta a la legitimidad misma de nuestro Estado de Derecho. Por eso, Casado no puede despacharlo con un “eso es cosa de otro tiempo”.

Los perpetradores de Kitchen montaron una organización criminal en el seno mismo del aparato de seguridad del Estado. Hicieron uso de las fuerzas y los recursos policiales para amparar sus actividades corruptas.

Esta banda de delincuentes no solo robaron y malversaron, tal y como les imputa la Justicia. Sus crímenes ponen en cuestión la credibilidad de las instituciones a las que hemos confiado el uso legítimo de la fuerza para proteger nuestras libertades. Tal es el daño causado.

Kitchen no es solo un caso de corrupción. Es un atentado a nuestra democracia.

Casado, García Egea, Gamarra y compañía no pueden eludir sus responsabilidades como dirigentes del partido ejecutor y beneficiario de estas actividades corruptas.

Kitchen fue ideado por el PP, aplicado por el PP, para beneficiar al PP. Y el presidente del PP debe dar cuentas por ello ante todos los españoles.

La imputación de Dolores de Cospedal en este caso es especialmente significativa, porque significativos fueron los cargos institucionales que ejerció, como secretaria general del PP y ministra del Gobierno de España.

Cospedal es, además, la madrina reconocida del actual presidente del PP. Todos los españoles saben, y muy especialmente los militantes del PP, que fue gracias al apoyo brindado por Cospedal que Pablo Casado resultó elegido presidente de su partido en el XIX Congreso.

El trabajo de la Justicia y la tarea desarrollada en la comisión de investigación parlamentaria están arrojando evidencias incontestables sobre el alcance de los crímenes y el comportamiento abyecto de sus protagonistas.

A la sociedad española le importa contar con un partido conservador en condiciones de ejercer una oposición eficaz y legítima. Pero la actual dirigencia del PP no estará plenamente capacitada para cumplir con el papel relevante que le corresponde en nuestra democracia, mientras no muestre una voluntad inequívoca para tomar distancia respecto a la corrupción sistémica que afecta a su organización.

A Casado le corresponde ahora reconocer, condenar y asumir responsabilidades por el caso Kitchen, y por el resto de los casos que el operativo Kitchen pretendió amparar y tapar.

Le corresponde, además, cumplir con sus deberes para con el Estado y el bien común, ejerciendo una oposición crítica pero coadyuvante en lo relativo al interés general. Y este deber se ha de aplicar primeramente a la renovación pendiente de los órganos constitucionales.

Y, por último, a Casado le corresponde también emular a sus colegas gobernantes en otros países de Europa, para contribuir al aislamiento de las fuerzas ultraderechistas que amenazan la convivencia democrática.

La derecha española está demasiado acostumbrada a apostar gratis al cuanto peor mejor, para encaramarse al poder sobre la desgracia de los españoles.

Pero los españoles están ya más que avisados.

Y esta vez no les va a salir bien.

¿QUÉ ES EL PATRIOTISMO?

¿QUÉ ES PATRIOTISMO?

Patriotismo es buscar el bien común por encima de intereses propios y cálculos partidistas.

Y patriotismo no es agitar las emociones patrias para sacar partido propio o ajustar cuentas con el adversario.

Patriotismo es apostar y arriesgar por aquello que se entiende como lo mejor para el país.

Y patriotismo no es sacar el dedo por la ventana para seguir la corriente.

El gobierno de Felipe González ejerció patriotismo cuando apostó por mantener a España en la OTAN, a pesar de los riesgos que asumía para sí mismo.

El gobierno de Zapatero ejerció patriotismo cuando apostó por el diálogo para lograr el fin de ETA, pese a los graves ataques que le acarreó.

El gobierno de Pedro Sánchez ejerció patriotismo cuando limitó derechos fundamentales en un Estado de Alarma, a sabiendas de los costes que pagaría.

Y este gobierno ejercerá patriotismo cuando tenga que adoptar las decisiones necesarias para superar el conflicto político en Cataluña, con la misma convicción y la misma determinación

La derecha española habla y gesticula sobre la patria, pero no ejerce el patriotismo.

Por cálculo partidista, se opusieron al Estado de Alarma que salvó miles de vidas.

Por cálculo partidista, obstaculizaron la llegada de 140.000 millones de euros vitales para recuperar la economía y los empleos.

Por cálculo partidista, se niegan a renovar los órganos constitucionales que sustentan nuestra democracia.

Y por cálculo partidista, han negado apoyo al Gobierno de su país cuando un gobierno extranjero agredió nuestras fronteras.

Pero este comportamiento no es nuevo. Fraga pidió la abstención en aquel referéndum sobre la OTAN, aun siendo atlantista convencido y aun sabiendo lo que se jugaba España. Aznar se negó a excluir la lucha antiterrorista de la refriega partidaria. Y Rajoy aplicó aquello de Montoro, “¡Que se hunda España”!, durante la crisis financiera.

No. La derecha española habla de España, de la nación y de la patria, pero no es patriota. Enarbolan las banderas más grandes. Presumen de rojigualda en sus coches y en sus pulseras. Proponen escuchar el himno en las escuelas. Pero anteponen sus intereses a los de la patria, una y otra vez.

Los socialistas no presumimos de patriotas. Ni nos apropiamos de los símbolos de todos. Pero cuando España se la juega, siempre estamos ahí, apostando y arriesgando por el bien común.

EN CEUTA NOS JUGAMOS EL ALMA

EN CEUTA NOS JUGAMOS EL ALMA

En Ceuta vivimos una crisis que no es solo migratoria, y que va más allá del conflicto diplomático o de la amenaza a nuestra integridad territorial.

En Ceuta nos jugamos el alma, porque con nuestras respuestas a lo que allí sucede decidimos sino somos la España del abrazo de Luna Reyes, o somos la España del odio de Santiago Abascal.

Hay varias perspectivas desde las que analizar el grave episodio de la entrada irregular de miles de personas a través de la frontera ceutí.

Quizás la perspectiva más importante sea la que tiene en cuenta que aquella es la frontera más desigual del mundo. No hay parangón en todo el planeta para un desequilibrio mayor de rentas, de desarrollo, de oportunidades a un lado y otro de la línea.

Cabe preguntarse, por tanto, ¿qué desesperación empuja a miles de personas a arriesgar sus vidas y la de sus familias para cruzar esa línea? Y las respuestas pueden versar sobre la altura de los muros a levantar o sobre el desarrollo compartido con los menos favorecidos.

Y hay que definir la política migratoria que corresponde a un país que presume de valores democráticos y de principios morales avanzados. Sin ingenuidades, pero sin vender el alma al pragmatismo desnudo.

Sin la ensoñación de las puertas abiertas, pero sin la bajeza moral de ignorar el sufrimiento y la necesidad ajena. Seguridad en las fronteras y respeto a los derechos humanos. Migración legal, ordenada, segura.

Este análisis no puede obviar la naturaleza delicada de nuestras relaciones con Marruecos. El uso que ha hecho del anhelo de libertad de su propia población es muy lamentable. Arriesgar la vida de menores para presionar políticamente a un país vecino es una conducta reprobable.

La respuesta debe ser la firmeza, sin abandonar el diálogo imprescindible y la recuperación pronta y más que necesaria de la buena vecindad. Pero han de saber que no vamos a olvidar esto, y que España y Europa actuarán con el rigor preciso en defensa de la seguridad y tranquilidad de nuestros compatriotas en Ceuta y Melilla.

La actitud del principal partido de la oposición ha sido penosa, una vez más. Casado ha demostrado que no hay límites para la oposición en su afán de dañar al Gobierno. Ni tan siquiera ante una agresión extranjera son capaces de sobreponer el interés común al ansia de poder.

Casado llegó a culpar al Gobierno de España de la crisis provocada por las autoridades marroquíes, mediante el absurdo argumento de que el gobierno vecino actuó impelido por las palabras de una desconocida activista pro saharaui.

Un vértice más de este prisma tiene que ver con el comportamiento de las instituciones europeas, que en esta ocasión sí se han mostrado activas y ágiles en apoyo al gobierno español.

Hasta que el conjunto de Europa no se muestre consciente y solidario de que las fronteras españolas, italianas y griegas son fronteras de todos, y que a todos afectan, no contaremos con una política exterior y de seguridad común, creíble y eficaz.

En todo caso, respecto a lo ocurrido en Ceuta, la batalla más importante a dar no es ni diplomática, ni política, ni jurídica. Es moral, y dos imágenes representan a sus contendientes mejor que cualquier discurso.

O somos la España de esa voluntaria de Cruz Roja que abrazaba a un semejante exhausto y desconsolado. O somos la España que odia a ese semejante por invasor y que insulta a aquella voluntaria por alentar el “efecto llamada”.

Aunque parezca mentira, está siendo una batalla reñida. Pero hay que ganarla. Porque es la batalla más importante de todas.

¡EXCLUSIVA! TAMBIÉN HAY BUENAS NOTICIAS

¡EXCLUSIVA! TAMBIÉN HAY BUENAS NOTICIAS

Buena parte de los comunicadores de la derecha están empeñados en mostrar cada día un panorama caótico, desolador y terriblemente pesimista para nuestro país.

Frente a tanto cenizo que siembra ofuscación y desesperanza en televisiones, radios y redes, ofrecemos en esta humilde tribuna una noticia casi exclusiva: ¡En realidad, existen buenas noticias! ¡Algunas de ellas incluso invitan al optimismo y a la esperanza!

Puede que resulte toda una sorpresa para algunos de estos trovadores de desgracias y para sus confiados seguidores, pero lo cierto es que cada día hay más españoles vacunados, que en menos de cien días habremos adquirido la inmunidad de grupo, que la economía se recobra, que se crean empleos, y que en poco tiempo podremos recuperar la vida pre-pandemia que tanto añoramos.

Y ¿por qué tanto titular desmoralizante? ¿Por qué tanto “análisis” agorero? Hace mucho tiempo que la derecha llegó a la lamentable conclusión de que solo lograrán alcanzar el poder sobre la desgracia de los españoles. Es decir, que para que a ellos les vaya bien, a España le tiene que ir mal. De ahí los argumentarios derrotistas que maneja tanto tertuliano conservador.

Desde luego que hay problemas. Aún atravesamos la peor crisis sanitaria de nuestras vidas. Las repercusiones económicas y sociales de la pandemia son y serán muy graves. Pero jamás se construyó nada bueno desde el pesimismo y la desesperanza. La sociedad española necesita atisbar un horizonte de recuperación, por difícil que esta sea.

Y existen datos, hechos y razones para alentar esas buenas expectativas.

Prácticamente un tercio de la población española ha sido vacunada. El primero de junio, hasta 10 millones de españoles estarán inmunizados. La inmunidad de grupo será una realidad este mismo verano. De hecho, las cifras de contagios, enfermos y fallecidos se van reduciendo. ¿No es esta una gran noticia a destacar?

Como era previsible, la economía se recuperará al mismo ritmo en que se restablece la actividad social. Todos los indicadores de consumos y movilidad apuntan a un rápido crecimiento de la producción. Las previsiones oficiales anticipan que España será el país que más crecerá este año en Europa.

En paralelo, el empleo también se recupera de forma acelerada. El paro bajó significativamente en los meses de marzo y abril. La Seguridad Social registra ascensos récord de afiliación. Ya superamos de nuevo los 19 millones de ocupados. 134.000 trabajadores más en abril respecto a marzo. Los trabajadores en ERTE se reducen mes a mes, igualmente.

La incertidumbre que ocasionó la Corte constitucional alemana respecto al reparto de los fondos europeos se ha despejado de manera definitiva. España ha remitido sus planes de recuperación y modernización a la Comisión Europea, que previsiblemente los validará pronto. Por tanto, la corriente de recursos millonarios circulará en breve por las arterias de nuestra economía, favoreciendo a empresas, autónomos y empleos.

Conforme avanza la inmunización se van relajando las restricciones más graves para las relaciones sociales, la cultura, el deporte y el ocio. La educación generalizará la presencialidad durante el próximo curso. Vuelven los conciertos y el fútbol con espectadores. El turismo se reactiva. Todo de manera progresiva, con medidas de seguridad, con prudencia. Pero viendo claramente ya la luz al final del túnel.

Además, el Parlamento sigue ampliando derechos y libertades a buen ritmo, a pesar de la urgencia pandémica y la poca colaboración de las derechas. Esta misma semana se ha aprobado definitivamente la Ley contra el cambio climático. Se ha convalidado el decreto de extensión de ayudas a empresas y autónomos. Se ha aprobado el decreto que reconoce como trabajadores con derechos a los falsos autónomos en las plataformas digitales de reparto de comida. Y la semana próxima saldrá también de la Cortes la ley de protección de la infancia.

La gran mayoría de la ciudadanía española es consciente de todas estas buenas noticias, pero su efecto sobre el estado de ánimo de los españoles sería más positivo si la potente armada mediática derechista no siguiera empeñada en dibujar un escenario de caos y pesimismo.

Puede que aquello de “que se caiga España, que ya la levantaremos nosotros” les saliera bien una vez. Puede que sigan pensando que solo alcanzarán el poder sobre la desgracia de los españoles. Pero, si queda algo de auténtico patriotismo en la derecha española, debiera concluir que quizás merezca la pena ayudar al país a salir de la mayor crisis de esta generación. Anteponiendo el bien común. Por una vez en la historia.

MÁS DERECHA EXTREMA Y POPULISTA EN MADRID

MÁS DERECHA EXTREMA Y POPULISTA EN MADRID

Las elecciones de Madrid eran innecesarias, y su resultado no ha producido cambio relevante alguno.

El PP gobernaba la Comunidad de Madrid y era oposición en España. Así seguirá siendo. El PSOE era gobierno en España y oposición en Madrid. Será lo mismo a partir de ahora.

¿Qué ha cambiado? La derecha que gobierna en Madrid cambia de socio preferente: de Ciudadanos a Vox, del centro a la extrema derecha. Y a Pablo Casado le surge una competidora formidable como líder de la oposición.

El factor clave para explicar el resultado está en la llamada “fatiga pandémica” y el aprovechamiento populista por parte de Ayuso y sus estrategas electorales.

Tras un año duro, de enfermedad, de incertidumbres y de restricciones, la derecha madrileña ha copiado el manual populista de Trump: señalar falsos culpables, negar dramatismo a la pandemia y erigirse en adalid del “ya está bien de limitaciones, es hora de volver a divertirse”.

Se trata de un manual falsario e irresponsable, pero que funciona electoralmente. Está comprobado. Eso sí, el manual populista solo es eficaz de cara a unas elecciones, porque una vez en los gobiernos, los Ayuso, los Trump o los Bolsonaro de turno se muestran incapaces de gobernar con rigor y atendiendo al interés general.

El resultado ha sido malo para la izquierda, desde luego. No ha sido capaz de interesar a las mayorías en un programa serio de refuerzo de servicios públicos y de reactivación económica justa. Y no ha sido eficaz a la hora de alertar de los riesgos que conlleva un gobierno con veleidades ultraderechistas para el bienestar social y la propia convivencia.

Malo para la izquierda, pero malo para Madrid. Porque Madrid se ha convertido en referencia internacional para el derechismo extremo y demagógico, que hasta el ultra italiano Mateo Salvini se ha apresurado a celebrar.

Malo para España, porque es previsible que el gobierno de su región capital persevere e intensifique la estrategia de confrontación institucional permanente, a costa de la necesaria colaboración entre administraciones, para superar la pandemia y recuperar economía y empleos.

Y especialmente malo para Pablo Casado, desde luego. Cuando a los populares se les pase la lógica excitación de la victoria en Madrid, comenzarán a caer en la cuenta de que Feijoo gana con un discurso prudente, que Ayuso gana con un discurso imprudente, pero que Casado siempre pierde, haga el discurso que haga.

Si alguien piensa que las estrategias de MAR se van a parar en Madrid, es que no conocen a MAR…

En todo caso, para quienes se precipitan en hacer lecturas de política nacional con estos resultados hay que advertirles que Madrid no es toda España, como no lo era Cataluña hace solo unas semanas.

Madrid no es toda España y la derecha madrileña no es equiparable a la derecha gobernante en Europa, desde luego. Justamente durante el día de reflexión de la campaña capitalina, el candidato de la CDU a la cancillería alemana, Armin Laschet, aseguraba que “No habrá cooperación con AfD (el equivalente alemán de Vox), ni coalición, ni siquiera negociación”.

Las declaraciones de Laschet se producían al calor de la última controversia provocada por los discursos abiertamente xenófobos de los ultras alemanes. Es decir, tras una controversia idéntica a la generada en Madrid por los carteles de Vox incitando el odio hacia los niños inmigrantes.

Mientras la derecha europea de Merkel y Macron se distancia de los ultras que amenazan la convivencia democrática, el PP de Ayuso y Casado consolidan y celebran acuerdos de gobierno con ellos.

Cabe celebrar, no obstante, que en el marco de una campaña tan polarizada, incluidas amenazas de muerte, la ciudadanía madrileña haya ejercido su derecho democrático al voto de manera masiva y ejemplar.

Ahora cabría reclamar al Gobierno de Ayuso que correspondiera a este ejemplo de civismo ciudadano con una relación responsablemente cooperadora con el Gobierno de España, para atender los intereses generales en un momento muy difícil para todos. Pero quizás es pedir demasiado.

La izquierda en general, y el PSOE madrileño en particular, tienen ahora dos años por delante para retomar una alternativa que merezca y consiga un apoyo suficiente para llevar a cabo el cambio necesario en la región. Y dos años no es tanto tiempo…

RAZONES Y EMOCIONES PARA EL CAMBIO EN MADRID

RAZONES Y EMOCIONES PARA EL CAMBIO EN MADRID

Las campañas electorales en Madrid siempre son especiales. Esta es la capital política, económica y mediática de España. El signo del gobierno se dirime con márgenes muy estrechos de votos. Y la contraposición de modelos es intensa, en lo ideológico, en lo político, incluso en lo moral.

En Madrid siempre se juega fuerte.

Esta campaña de 2021 tampoco ha defraudado. Vuelve a haber mucho en juego, en emociones y en razones. Ayuso convocó estas elecciones para consolidar su alianza con la ultraderecha que no esconde su nostalgia del franquismo. El odio sembrado en discursos y en carteles comienza a fructificar en agresiones muy serias.

Es lógico que la emocionalidad se dispare de cara a la votación del 4 de mayo. Ya no se trata solo del gobierno de Madrid. Se trata de defender la propia convivencia democrática, nada menos.

Pero junto a las emociones también hay buenas razones para apostar por el cambio en esta comunidad, cuya razón de ser se encuentra precisamente en la prestación de servicios y políticas públicas.

Diez razones, al menos.

Somos la última comunidad en gasto público por habitante en sanidad y la primera en gasto destinado al aseguramiento privado. La salud de los madrileños, por tanto, depende de la cuenta corriente de cada cual, en mayor medida que en cualquier otro territorio de España.

Somos también la última comunidad en gasto público educativo y una de las regiones con las tasas universitarias más caras. La relación entre enseñanza de calidad e igualdad de oportunidades, entre igualdad de oportunidades y justicia social, es muy directa.

Madrid no puede seguir confiando su modelo productivo y su capacidad de generar empleo a los servicios sin cualificación. Cada año perdemos músculo industrial en favor de la especulación inmobiliaria y financiera, y esta involución afecta a la calidad de los puestos de trabajo.

Esta es la comunidad de las grandes desigualdades. La comunidad de la Moraleja y de la Cañada Real, del dispendio millonario y de los niños sin calefacción, de los ricos sin impuestos y de las colas del hambre. De los jóvenes sin vivienda social y de la venta de vivienda social a los fondos buitres.

La comunidad también de los desequilibrios territoriales, en la que todo lo que queda más allá de la M-30 parece no existir ni importar a su gobierno. Alcaldes y alcaldesas que no son recibidos en Sol, municipios ignorados por su pequeñez, infraestructuras y equipamientos postergados año tras año, lustro tras lustro…

La comunidad de la corrupción por doquier. No hay región europea con más cargos públicos por metro cuadrado investigados, procesados, condenados, encarcelados… La nomenclatura policial y judicial agota el surtido de títulos para los sumarios: gurtel, púnica, lezo, bárcenas…

Problemas para los más jóvenes, con educación desigual, con universidad cara, con empleo precario, con vivienda inaccesible… Y problemas para los más mayores, con listas de espera en la sanidad, con servicios sociales depauperados, con residencias sin medicalizar…

Entre la displicencia y el negacionismo en lo relativo al medio ambiente. A juicio de la derecha gobernante, vivir a la madrileña debe incorporar la inhalación inexorable de los malos humos.

El mayor estímulo cultural de nuestros gobernantes autonómicos consiste en invitar a su gente a salir de cañas, por eso se da la espalda al formidable tejido de creadores y creadoras en nuestra región.

Y la creciente influencia ultra afecta a las políticas de igualdad. Negar un problema es la primera condición para no resolverlo. Lo pagan las mujeres madrileñas.

Son buenas razones para el cambio.

Y el cambio o la continuidad dependen de un solo factor: de cuántos progresistas vayan a votar el día 4.

Está en nuestra mano.

SI, VOX ES FASCISMO

SÍ, VOX ES FASCISMO

Y el PP quiere gobernar con el fascismo en Madrid, como ya lo hace en Murcia. Y gobernarán juntos si la mayoría de madrileños con valores progresistas no acude a votar el 4 de mayo.

Es un error muy grave minusvalorar, frivolizar o ignorar la amenaza fascista hoy. Ese error lo cometieron las incipientes democracias europeas en los años 30 del siglo pasado. El precio que pagó el mundo fue terrible.

Vox es hoy la amenaza fascista. Su estrategia, su discurso, sus actos, hasta su iconografía, su cartelería y sus eslóganes lo confirman día tras día. No verlo así es de una ingenuidad suicida. No valorarlo así y no reaccionar conforme a la dimensión del peligro constituye una irresponsabilidad mayúscula.

¿Qué más tienen que decir o hacer los fascistas para que reaccione la mayoría de personas decentes?

La campaña madrileña de Vox está siendo diáfana al respecto.

Los carteles que cuelgan en el metro de Madrid y esgrimen en todos los debates señalan como objetivo de odio a niños de razas distintas a la nuestra. Lo hacen con acusaciones tan terribles como falsas sobre estos niños, a los que tachan de violaciones sistemáticas y de quitar el pan a nuestras abuelas.

Lo explicaba bien el ministro Ábalos: “¿¡Si en vez de menas ponemos judíos, lo entendemos más!? Así fue el fascismo”.

La negativa de Vox a condenar las gravísimas amenazas del terrorismo ultra contra el ministro Marlaska, la directora general de la Guardia Civil María Gámez, y el líder de Podemos Pablo Iglesias, llevan también la marca fascista.

En este caso, negarse a condenar equivale a justificar y amparar. De hecho ya lo hicieron cuando calificaron de “nuestra gente” a aquellos ex-militares traidores a su uniforme, nostálgicos del franquismo, que hablaban de fusilar a 26 millones de españoles.

Primero se señala, se inocula el odio con mentiras, apelando a los instintos más primarios de miedo y egoísmo, alentando los ataques crecientes en intensidad y gravedad. Después se cuestionan las denuncias de agresión, justificándolas y amparándolas. Viejísima táctica fascista.

La puesta en escena de los ultras incluye los ataques al periodismo independiente, para promover las consignas falaces sobre la información veraz y libre. El episodio del debate en la cadena SER ha sido ilustrativo al respecto: tacharon en directo de “activista” a la moderadora y de “dictadura” al propio medio de comunicación.

Falsean la historia y practican el negacionismo ante las evidencias científicas. Otra constante fascista.

Sus referencias a la Segunda República, a la guerra civil y al franquismo siempre niegan el carácter democrático del régimen del 14 de abril, siempre legitiman el golpe fascista del 18 de julio, y siempre reivindican los gobiernos totalitarios. “El suyo es el peor gobierno de los últimos ochenta años”, espetó el líder de VOX a Pedro Sánchez en el Congreso de manera inequívoca.

Niegan el cambio climático, niegan las restricciones a la movilidad para frenar los contagios, y hasta niegan las vacunas. Frente a la labor de los científicos, su apelación a los mentideros cuñadistas, irracionales, esotéricos, terraplanistas… y peligrosos.

Juegan a la anti-política, porque la política es diálogo, argumentación, alternativa, participación, acción racional y solución constructiva a los problemas. Se presentan a las elecciones políticas y sabotean las instituciones políticas hablando contra “los políticos” y “la política”. Porque entienden que los únicos legítimos detentadores de la política y del poder son ellos mismos. Todos los demás, sobran.

Criminalizan al Gobierno de España que han votado los españoles, porque los “criminales” no tienen legitimidad, no tienen derecho a gobernar, ni a existir siquiera. Los criminales deben ir a la cárcel. Contra los criminales se puede insultar, gritar, amenazar… o enviar cartas con balas.

En nombre de la “libertad”, precisamente, y mediante lo que llaman “pin parental”, pretenden impedir que los escolares accedan a la enseñanza en los valores constitucionales de la igualdad y la no discriminación por razón de procedencia, sexo u orientación sexual. Intentan arrastrar a los niños y niñas en su viaje en el tiempo al medievo, a los años previos a la Ilustración, al grito de Millán Astray: “¡Muera la inteligencia!”.

Y a los que les sobran, intentan echarlos, por las buenas o por las malas. A los niños de otras razas, a los inmigrantes, a las feministas, a los activistas, a los periodistas libres, a los comunistas, a los nacionalistas, a los socialistas…

Son fascistas, sí. Y a los fascistas se les denuncia, se les aísla y se les vence en las urnas. Esto es lo que hacen los demócratas en Europa, de izquierdas y de derechas. Es lo que hacen Merkel y Macron en Alemania y en Francia, por ejemplo.

Pero el PP y Ayuso quieren llevarles al Gobierno de la Comunidad de Madrid. Quieren dar poder a los fascistas.

En España y en el resto de Europa ya hemos experimentado el ejercicio del poder por parte de los fascistas. Lo hemos experimentado muy dolorosamente en la historia.

Y no queremos más fascismo. Hay que pararlos. En las urnas. El 4 de Mayo.

SI NO VOTAS, NO TE QUEJES

SI NO VOTAS, NO TE QUEJES

Está comprobado. En Madrid, los progresistas somos más, pero votamos menos. En consecuencia, la derecha gobierna haciendo estragos desde hace un cuarto de siglo. Y esto tiene que cambiar.

Se han estudiado muchas veces las explicaciones a esta realidad. En qué se equivoca la izquierda. Cómo aciertan los gurús de la derecha. Cuan desunidos estamos. Que si cambian los candidatos. Que si no cambian. Que si llamamos a la polarización. Que si llamamos a la moderación. Que si este detalle en el programa.

En realidad, la explicación más importante es la siguiente: el progresista que no vota, se equivoca. Porque actúa contra su propio interés.

Y hay que decirlo así, con claridad y sin condescendencia. Porque los gobiernos, los partidos y los candidatos se equivocan. Pero los votantes, a veces, también. Y los progresistas madrileños que deciden abstenerse, se equivocan gravemente.

Las excusas se acaban, además.

¿Todos son iguales? Falso. Gabilondo y Ayuso no pueden ser más distintos. En ideas, en preparación, en capacidad, en moralidad, en trayectoria, en planes de futuro. Como el día y la noche.

Uno es cambio y la otra es continuidad. Uno es seriedad y la otra es frivolidad. Uno es bien común y la otra es defensa del privilegio. Uno es apuesta por lo público y la otra es predominio de lo privado.

¿Nuestras vidas y las de nuestras familias no cambiarán con uno u otra? Falso. En este momento crítico, la salud de nuestras familias, nuestro puesto de trabajo, la educación de nuestros hijos… dependerán en buena medida de las decisiones que se adopten en el Gobierno de Madrid.

Y los planes de Gabilondo y Ayuso no pueden ser más antagónicos. Gabilondo colaborará con el Gobierno de España para que los fondos europeos millonarios procuren salud, desarrollo económico y buenos empleos. La obsesión de Ayuso solo pasa por enfrentarse al Gobierno de España.

¿Esto no tiene arreglo? Falso. Los milagros no existen y hay que desconfiar de las promesas populistas. Pero los problemas de la sanidad sin recursos, de la falta de buenos empleos para los jóvenes, de la dificultad para acceder a una vivienda digna… se pueden enfrentar con inteligencia y se pueden ir resolviendo con eficacia.

Pero hace falta un Gobierno serio.

A la mayoría de los madrileños le viene mejor reforzar la sanidad pública que potenciar el aseguramiento privado.

Pero para reforzar la sanidad pública, esa mayoría de madrileños tiene que votar el 4 de mayo.

A la mayoría de los madrileños le interesa una educación de calidad para la igualdad de oportunidades, y no una educación que reproduzca las desigualdades.

Pero para contar con una educacion para la igualdad de oportunidades, esa mayoría de madrileños tiene que votar el 4 de mayo.

A la mayoría de madrileños le conviene que los fondos europeos se inviertan en crear buenos empleos, y no en engrasar los negocios de los de siempre.

Pero para priorizar la creación de buenos empleos, la mayoría tiene que votar el 4 de mayo.

A la mayoría de madrileños le importa que se construyan viviendas sociales con rentas bajas, antes que continuar con la especulación inmobiliaria desbocada.

Pero para que se construyan viviendas sociales y no se especule con el suelo, esa mayoría de madrileños tiene que votar el 4 de mayo.

A la mayoría de madrileños y madrileñas le viene bien un gobierno feminista, y le viene mal un gobierno que no combate las taras machistas de nuestra sociedad.

Pero para tener un gobierno feminista, la mayoría de madrileños y madrileñas tiene que votar el 4 de mayo.

Quien no haya votado el 4 de mayo, no tendrá derecho a lamentarse luego por vivir en la primera región de Europa gobernada por ultras y fascistas. El momento de reaccionar es ahora, ante la urna.

Madrid, como el resto de las grandes regiones capitales de Europa, es una comunidad abierta, cosmopolita, plural, orgullosa de su diversidad, progresista. Y solo tendrá un gobierno obtuso y retrógrado si la mayoría no ejerce su voto.

El 4 de mayo, votar no es un derecho. Es un deber.

Después no te quejes.

LEGISLATURA A TODA MARCHA

LEGISLATURA A TODA MARCHA

La legislatura avanza a toda marcha. Los compromisos del Gobierno se cumplen. Las leyes más emblemáticas salen adelante con apoyos amplios. A pesar de la pandemia. Y a pesar de la radicalidad de las derechas.

Solo durante los últimos quince días se ha aprobado la ley contra el cambio climático, la ley de protección de la infancia, la ley de los 11.000 millones en ayudas a empresas y autónomos, la ley de refuerzo sanitario para la nueva normalidad, la ley de medidas de protección de los trabajadores durante la pandemia, la ley de protección de datos de carácter personal, la ley de amparo a los pequeños accionistas en sociedades de capital…

Solo durante los últimos meses se ha aprobado la ley presupuestaria más social de la historia, la ley de la igualdad educativa, la ley del derecho a morir dignamente, la ley que instaura los impuestos a multinacionales digitales y especuladores financieros, la norma que asegura la llegada de los fondos europeos para la recuperación, la norma que instaura el ingreso mínimo vital, el nombramiento tras concurso público del consejo de RTVE…

Y en poco tiempo se aprobará la ley del derecho a la vivienda, la ley de la memoria democrática, la ley de impulso a la formación profesional, la ley de seguridad ciudadana que derogará la mordaza, la ley de limitación de residuos, la ley de movilidad sostenible, la ley del solo sí es sí, la ley del mercado audiovisual, la reforma del estatuto de los trabajadores para derogar la reforma laboral del PP…

Las leyes salen adelante con apoyos muy significativos, además. Las tres últimas leyes aprobadas en el Congreso de los Diputados durante los días 7 y 8 de abril, por ejemplo, han obtenido los siguientes resultados. Ley contra el cambio climático: 22 votos a favor, 5 en contra y 10 abstenciones. Ley de protección de la infancia: 27 votos a favor, 6 en contra y 2 abstenciones. Y Ley de protección de datos de carácter personal: 28 votos a favor, 1 en contra y 7 abstenciones.

Por tanto, frente a quienes procuran generar cada día un clima político y mediático de inestabilidad, ingobernabilidad y radicalismo, lo cierto es que el Gobierno de Pedro Sánchez y los grupos que le apoyan, en poco más de un año, han desarrollado más iniciativas relevantes y han aprobado más leyes de gran incidencia social que los gobiernos del PP entre 2011 y 2018.

El Gobierno ha sumado apoyos parlamentarios muy notables, y muy lejos de las imágenes de precariedad y aislamiento que pretenden trasladar las derechas políticas y mediáticas. Más bien, la realidad demuestra lo contrario. Son PP y Vox los que se quedan generalmente solos frente a la gran mayoría de los grupos parlamentarios que negocian y respaldan las iniciativas del Gobierno.

Y las normas que resaltamos en estos días no son precisamente de carácter menor. La ley contra el cambio climático es una legislación ambiciosa, pionera e innovadora, que por sí misma ya legitimaría toda una legislatura. Y es lo mismo que dijimos de la ley de eutanasia, o de la LOMLOE, ciertamente. Porque es cierto. En este caso, se trata de la ley que contribuirá a reducir las emisiones contaminantes, a emprender una transición energética justa, a proteger nuestra biodiversidad.

La ley de protección de la infancia y la adolescencia frente a las violencias es una norma que refuerza los instrumentos del Estado y los servicios públicos para prevenir y luchar contra la lacra de los abusos sufridos por niños y niñas. Y la ley de protección de datos personales ayudará a la prevención, detección, investigación y enjuiciamiento de infracciones penales en coherencia con la legislación más avanzada entre nuestros socios europeos.

Queda mucho por hacer, desde luego. Los desafíos que afronta la sociedad española y que ocupan al Gobierno son mayúsculos: vacunar, vacunar y vacunar para vencer al virus; recuperar la economía con fortaleza y promover los buenos empleos; garantizar derechos e igualdad social para que nadie quede arrumbando durante esta crisis en la cuneta de la marginalidad…

Hay mucho trabajo por delante, y lo encaramos con la mejor determinación y con toda humildad. Pero esta legislatura ya avanza a toda marcha, le pese a quien le pese…