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LOS ANDALUCES VOTAN UNA RECUPERACIÓN JUSTA

La primera votación de este año electoral coloca al PSOE como la alternativa favorita de los ciudadanos, con un gran triunfo en Andalucía. El PP se derrumba con 14 puntos y medio millón de votos menos. Los apoyos a IU también caen a menos de la mitad. Y los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, no cumplen sus expectativas de sorpasso, si bien obtienen apoyos importantes que fraccionan sobremanera la representación institucional de los andaluces.

El Partido Socialista ha ganado las elecciones con un discurso basado en la recuperación justa. “Queremos que Andalucía crezca sin dejar a nadie atrás”, ha repetido una y otra vez Susana Díaz. La ciudadanía ha castigado duramente la estrategia neoliberal de contraponer economía y bienestar social. Centenares de miles de andaluces han dado la espalda al PP por aprovechar la crisis para acrecentar las desigualdades y empobrecer a las mayorías.

Podemos rentabiliza su discurso crítico, aunque queda muy lejos de sus promesas de “conquistar los cielos”. Los andaluces han sabido distinguir la dialéctica tertuliana más o menos afortunada de una auténtica alternativa de gobierno. Y Ciudadanos obtiene provecho de su indefinición ideológica y su imagen de cierta novedad, pero el provecho también es limitado.

Aquellos que se apresuraron a vaticinarel fin de los apoyos mayoritarios a los grandes partidos tendrán que revisar sus análisis en las tertulias de los próximos días. No se ha producido ninguna hecatombe en el voto socialista. De hecho, el PSOE vuelve a ser el primer partido en Andalucía, mantiene exactamente los mismos escaños que tenía hace cuatro años y saca 14 diputados de ventaja al segundo clasificado.

Y el PP recibe el castigo merecido por sus políticas antisociales y la corrupción sistémica en su organización, pero tampoco cede la segunda posición y más que duplica en diputados al tercer partido.

La sociedad andaluza ha optado por una representación democrática más fraccionada. Esta nueva situación tiene la ventaja de la pluralidad en las voces y en los posicionamientos políticos a tratar en el Parlamento andaluz. Pero añade también cierta dificultad para asegurar la gobernabilidad de las instituciones.

Ahora corresponde a Susana Díaz y al Partido Socialista estudiar el nuevo escenario político en Andalucía y sacar adelante un gobierno que cumpla la voluntad que los andaluces han expresado inequívocamente en las urnas. La ciudadanía quiere dejar atrás la crisis, pero no al coste de perder igualdad, bienestar y dignidad. Los andaluces han votado por una recuperación justa, con el Partido Socialista al frente.

SUELO PÚBLICO PARA ENSEÑANZA PÚBLICA

Posiblemente no se nos ocurra ninguna acción de gobierno más miserable que aquella que hace del derecho a la educación de nuestros hijos una simple moneda de cambio para el mercadeo y las corruptelas de esas moscas ventajistas que revolotean siempre alrededor del poder.

Y esto es lo que la Justicia ha descubierto en la inefable conducta de Francisco Granados, consejero del Gobierno madrileño del PP durante muchos años, y sus no menos inefables socios en el macro-caso de corrupción que la policía bautizó como “Púnica”.

Suelo público a precio de saldo. Construcción del colegio a cargo de una empresa de la trama. Garantía de concierto y financiación pública a cargo de la Comunidad de Madrid. Tal era, al parecer, el pack infame con que Granados, Marjaliza y compañía se enriquecían a costa de los recursos destinados a asegurar la formación y la igualdad de oportunidades de nuestros hijos.

Más de dos millones de metros cuadrados de suelo público regalados a las empresas de los amiguetes, mientras se negaba la construcción del instituto público imprescindible, mientras se demoraba sin rubor la ampliación del colegio saturado, mientras se recortaban los recursos precisos para atender las necesidades de los más débiles, mientras se justificaba la no apertura de los comedores escolares para los más pobres durante las vacaciones…

El reproche ya no es solo político, por penoso. El reproche debe ser moral, porque deberían avergonzarse hasta el extremo quienes acumulan millones en Suiza a costa del futuro de los niños y las niñas de su comunidad.

Ahora se entiende aquella enmienda apresurada que presentó el Partido Popular durante la última fase de la tramitación de la LOMCE en el Congreso. La iniciativa facultaba a las Administraciones para ceder suelo público a las empresas privadas de la educación. El PP estaba legalizando las prácticas vergonzantes de sus cargos en Madrid.

Solo cabe exigir primero una investigación a fondo de los hechos, en sede judicial y en sede parlamentaria. Segundo, la restitución de todo lo robado a la educación pública, para dedicarlo a la mejora de la enseñanza de todos y todas. Tercero, la vigilancia para que los centros así concertados cumplan la ley, escolarizando a niños y niñas con necesidades especiales y renunciando al cobro de contribuciones “voluntarias” a las familias.

Cuarto, retirada inmediata del concierto a los centros que segreguen a los niños de las niñas, contraviniendo el principio de la igualdad de género. Quinto, derogación de la LOMCE en cuanto exista una mayoría parlamentaria comprometida para ello. Y sexto, y más importante, garantía a los ciudadanos de Madrid de que el próximo Gobierno del cambio solo destinará suelo público a la enseñanza pública.

POLÍTICA LIMPIA PARA MADRID

La primera condición para el cambio político en Madrid consiste en que la política recupere la legitimidad y la credibilidad que ha perdido tras veinte años de gobierno de la derecha. Ningún gobierno podrá afrontar los cambios necesarios en el modelo productivo, en la creación de buenos empleos o en la recuperación de unos servicios públicos con calidad y con equidad, si no logra antes generar un mínimo de confianza en las instituciones que rigen la convivencia democrática.

Una sociedad compleja como la madrileña no se gobierna solo desde la Puerta del Sol. Acometer retos de envergadura requiere concernir, implicar y movilizar a muchas entidades y a muchos ciudadanos en un proyecto común. Y esto solo puede hacerse cuando tales entidades y tales ciudadanos ven honestidad y rigor en sus referentes institucionales.

La Comunidad de Madrid está sometida desde hace mucho tiempo a un deterioro institucional gravísimo y creciente. Estamos ante el derrumbe de todo un régimen clientelar que ha alimentado intereses parciales y a menudo espurios por encima y a pesar del interés general de los madrileños y de las madrileñas. El espectáculo lamentable de estos días a costa de áticos presidenciales y dádivas a jueces constituye el mejor símbolo para un fin de ciclo más que necesario.

Un presidente que denuncia el chantaje de unos comisarios de policía a propósito de la investigación sobre el origen dudoso de una propiedad. Un comisario de policía denunciando por injurias a un presidente autonómico. Un Parlamento haciéndose eco de sobresueldos pagados a jueces a través de una concesionaria autonómica. Un juzgado tratando los espionajes zafios entre miembros del gobierno de la Comunidad.

Otro exmiembro del gobierno de la Comunidad en los periódicos por sus pelotazos urbanísticos, sus cuentas en paraísos fiscales y sus sociedades con un agraciado múltiple en la lotería. Un exmiembro más del mismo gobierno en el juzgado por ser epicentro de la trama Gürtel como receptor de comisiones delictivas entre concesionarios públicos. Alcaldes y concejales del partido gubernamental procesados y condenados por manejos ilegales en el suelo de Madrid, de norte a sur y de este a oeste, de Majadahonda a Valdemoro, de Arganda a Pozuelo.

Miembros del gobierno y altos cargos de la sanidad pública haciendo uso de las puertas giratorias en empresas beneficiarias de sus propias decisiones privatizadoras. Pruebas fehacientes de la financiación irregular durante décadas de las campañas electorales del partido del gobierno. Una televisión pública usurpada por el partido del gobierno y desahuciada por unos telespectadores que la pagan pero se niegan a tragar su sectarismo. Un Parlamento regional sometido al poder ejecutivo con alevosía y nocturnidad literal…

La Comunidad de Madrid necesita una operación urgente de limpieza en sus instituciones. Como ha dicho Ángel Gabilondo, nuestra región debe someterse cuanto antes a la máxima kantiana de la honradez como la política primera y fundamental. Política limpia en instituciones justas. Este es el primer paso del cambio.

RAJOY PERDIÓ SU DEBATE CON LOS ESPAÑOLES

Analizar el debate sobre el Estado de la Nación en términos de qué portavoz ganó sobre los demás resulta demasiado reduccionista. De hecho, los intervinientes no debieran procurar ante todo el triunfo dialéctico sobre sus contrincantes en la tribuna, sino el servicio en forma de análisis y propuestas útiles a quienes deberían ser los principales destinatarios del debate: los ciudadanos y las ciudadanas.

En consecuencia, si la mayoría de los españoles considera que Rajoy perdió el debate, no es solo porque perdiera el duelo dialéctico con el líder de la oposición, que lo perdió, sino sobre todo porque perdió la oportunidad de practicar un ejercicio honesto de empatía con los españoles que peor lo están pasando, y porque no planteó rectificación alguna en las políticas que provocan tal sufrimiento.

La mayoría de los españoles tienen pendientes dos grandes reivindicaciones ante sus representantes políticos: una política limpia y una recuperación justa. Y el actual Presidente del Gobierno de España no tiene credibilidad alguna para atender debidamente ninguna de estas expectativas de futuro. Esta fue la causa principal de su derrota.

Rajoy no puede ofrecer a los españoles ninguna iniciativa creíble para regenerar la vida pública porque es el presidente del PP que nombró a los dos últimos tesoreros que están siendo juzgados por corrupción. Nadie puede creer promesa alguna de regeneración cuando proviene de quien ha presidido un partido que acude a las elecciones con el dopaje de la financiación ilegal, que reforma su sede con dinero negro y que reparte sobresueldos a sus dirigentes en cajas de puros.

Cuando Pedro Sánchez le espetó aquello de “Usted no puede darme lecciones de lucha contra la corrupción. Yo soy un político limpio”, Rajoy no pudo contestar “Yo también”, porque sobre él pesa la responsabilidad de innumerables casos de corrupción, de Gürtel a Púnica.

Tampoco resulta creíble el actual jefe de Gobierno cuando decreta unilateralmente el fin de la crisis, cuando dibuja una recuperación primaveral y cuando asegura que las clases medias van a beneficiarse de los buenos tiempos. Los españoles saben que ha sido la reforma laboral del PP la causante principal de la precariedad creciente en los contratos y de la devaluación salarial generalizada. Como saben que, lejos de cumplir su promesa de bajar impuestos, ha elevado gravemente la presión fiscal sobre los que menos ganan y menos tienen. Y saben también que el deterioro de los servicios públicos que atienden las necesidades básicas de la población es debido a los recortes aplicados por el PP. Hoy resulta evidente para la mayoría que la recuperación justa no vendrá de la mano de Rajoy.

Rajoy perdió el debate, sí. Lo perdió frente a Pedro Sánchez, y lo perdió frente a los españoles.

UNA OPORTUNIDAD PARA EL CAMBIO EN MADRID

20 años pueden ser muchos o pueden ser pocos para un gobierno. Depende de a qué los dedique. Los 20 años de gobierno de la derecha en la Comunidad de Madrid son más que demasiados. Porque han transformado una comunidad nacida de los valores del progreso, la solidaridad y la participación democrática en una institución opaca, sospechosa y alejada de los ciudadanos. Urge el cambio en Madrid, y ahora tenemos una gran oportunidad.

¿Qué cambiar? Muchas cosas. Para empezar, la derecha ha promovido la economía del pelotazo y la precariedad laboral como patrón único de crecimiento. Pelotazos en el suelo, pelotazos en la vivienda, pelotazos en las concesiones públicas… Y proliferación de contratos basura. Más de nueve de cada diez de los contratos que se firman son temporales, y a menudo con tiempo parcial y salarios a la baja.

La política económica del gobierno regional ha preferido la literatura del pensamiento mágico antes que los manuales al uso, ni tan siquiera los más liberales. Primero vendieron la magia de la Warner, después la magia olímpica, más tarde la magia de Eurovegas, y ahora vuelven a engañar con la magia china o chamartinera. Pero no es con pensamiento mágico como se impulsa el desarrollo económico y los buenos empleos, sino con investigación, innovación, industria, formación, logística…

El modelo social del PP en estos años se ha basado en lo que llaman eufemísticamente la moderna libertad de elección, cuando en realidad han practicado el vetusto “sálvese quien pueda”. Rebajas fiscales para los más pudientes, desmontaje de lo público, copagos y repagos, “cheques” públicos para financiar el sector privado, privatizaciones directas… ¿El resultado? Cada vez en mayor medida, quien quiera acceder a un servicio sanitario, educativo o social de calidad se lo tiene que pagar, si puede, y quien no puede ha de conformarse con un servicio público cada vez más deteriorado, consciente y deliberadamente deteriorado.

El modelo cultural no puede ser más pobre. La cultura en Madrid no vive, sino que sobrevive, a pesar de su gobierno. Grandes contenedores para consumo turístico, pocos recursos repartidos con sectarismo, y poco más. El Madrid de los creadores, de la ebullición cultural, de la cultura popular, está cercado por sus gobernantes. Solo el sacrificio y el coraje de unos pocos productores y creativos sostiene una programación escasa pero interesante. Vaya derroche, cuando Madrid es la capital del español en el mundo, la capital de la mayor pinacoteca, la capital que más centros de enseñanza superior y de pensamiento concentra…

Quizás el mayor deterioro se haya producido en las propias instituciones democráticas de la Comunidad. El parlamento regional está desaparecido, deliberadamente, porque el gobierno fuerza sus sesiones para que se celebren de madrugada, y porque el gobierno silencia a sus portavoces en los medios públicos de comunicación. Telemadrid es la medida de la calidad de la democracia en Madrid: lo público al servicio exclusivo de los intereses del partido que gobierna.

Hace falta un cambio.

Esta es la oportunidad.

PARA QUE GANEN LOS MADRILEÑOS

Las direcciones se eligen para que dirijan, no para que contemplen la realidad como una condena inmutable. Y cuando una dirección política entiende que su organización necesita un cambio y dispone de instrumentos normativos para llevarlo a cabo, su responsabilidad pasa por propiciar el cambio, no por evitar sus incomodidades.

La realidad es que el Partido Socialista de Madrid no estaba logrando la confianza necesaria en el seno de la sociedad madrileña para convertirse en una alternativa creíble de cambio. Resulta injusto, porque muchas personas honestas y trabajadoras ponían mucho empeño en ello. Pero todos los análisis internos y externos vaticinaban un apoyo social menguante. En este contexto, la dirección del PSOE estaba obligada a intervenir. Ningún nombre propio puede ponerse por encima de la obligación del Partido Socialista de servir a la ciudadanía de la mejor manera posible.

Los ciudadanos de la Comunidad de Madrid padecen muchos y graves problemas tras demasiados años de gobierno de la derecha. Cientos de miles de parados, una precariedad laboral creciente, una desigualdad al alza, una sanidad diezmada por los recortes, una educación sometida a la presión privatizadora, una atención a la dependencia abandonada, un número de desahucios insoportable… Los madrileños necesitan y merecen una alternativa socialista fuerte, confiable, ganadora, capaz de propiciar el cambio de la mano de un nuevo gobierno progresista. Sin embargo, los resultados electorales del PSM durante los últimos años fueron siempre a peor, y las encuestas no pronosticaban algo distinto para mayo.

Ahora, la nueva dirección del PSM se pone al frente del proyecto socialista con voluntad de unidad, de trabajo y de fuerza, para convertir al Partido Socialista en una alternativa de izquierda moderna, coherente y eficaz para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía. Las candidaturas municipales se articularán conforme a los procedimientos y plazos previstos. La nueva candidatura a la Presidencia de la Comunidad de Madrid se elegirá democráticamente tras una consulta a los militantes socialistas en sus asambleas locales.

Y los nuevos equipos impulsarán un proyecto de cambio en la sociedad madrileña hacia los buenos empleos y los buenos servicios públicos, para la igualdad y para el bienestar social que figuran en nuestro horizonte ideológico y estratégico desde la fundación del PSOE.

A MÍ NO ME PODEMIZAN

En nuestro país siempre ha habido firmes partidarios de tirar al niño con el agua sucia. No es nuevo. Sin embargo, ahora se han crecido con las consecuencias dramáticas de la crisis y los múltiples casos de corrupción. Su discurso es fácil. Que hay suciedad, pues tiremos el agua sucia, y ya que estamos, tiremos al niño que se ensució, y tiremos la bañera también, y tiremos abajo el edificio con el agua, con el niño y con la bañera. Resulta tentador, hasta gratificante, dejarse llevar por la ira y el desahogo. Pero la realidad es que ese discurso no nos lleva a ningún sitio, ni soluciona ningún problema.

Claro que la corrupción es una lacra despreciable que corroe la convivencia democrática y sus instituciones. Y claro que hay que prevenirla y combatirla con decisión y eficacia. Pero por ello no hemos de destruir todo lo construido hasta ahora en beneficio de lo que nos es común. Para acabar con los corruptos no es razonable destruir el “régimen” constitucional que nos ha proporcionado derechos y libertades, con todas las salvedades que queramos subrayar.

Y claro que la derecha europea ha gestionado la crisis provocando pobreza y desigualdades, pero no podemos renunciar a la esperanza de un futuro común en Europa si carecemos de una alternativa viable. Y nadie discute que ha habido incumplimientos graves en el sistema político, pero eso no faculta para tirar a la basura sin pensarlo a todas las estructuras y organizaciones que han dado cauce a la participación política de los españoles desde hace casi cuarenta años. Los fallos cometidos no legitiman para acabar de un golpe con todo, con lo malo, con lo menos malo y con lo bueno también. Con los políticos indecentes, con los que se han equivocado, y con los decentes que no se han equivocado también.

Ahora se estigmatiza el pacto contra el terrorismo yihadista como si se tratara de una traición imperdonable a la mayoría de los españoles. Muchos de los que ayer se manifestaban bajo las pancartas de “Yo soy Charlie Hebdo”, reclamando una acción colectiva en defensa de las libertades y contra los violentos, hoy critican el pacto que precisamente tiene ese objetivo, o se ponen de perfil para no nadar contracorriente. ¿Sumar fuerzas contra el terrorismo que asesina inocentes no es defender el interés general de los españoles? ¿No cabe acordar incluso con los peores adversarios políticos aquello que afecta a los mismísimos pilares de la paz y de convivencia democrática? ¿También hay que tirar esto con el agua sucia?

El problema, se dice, es que el pacto incluye cesiones. Pero, ¿dónde ha aprendido democracia esta gente? Democracia es eso: hablar, debatir, encontrarse, persuadir, ser persuadido, ganar, perder, sumar, renunciar, acordar, pactar en beneficio del conjunto. Claro que hay cesiones en un acuerdo. ¿Cómo acuerdan ellos? Pero el PSOE no ha cedido en nada fundamental. El PSOE ha ayudado a fortalecer a la sociedad española y al Estado español en la lucha contra el fanatismo violento, porque eso es lo que toca hacer a los que entienden la política como un servicio a los ciudadanos y no solo como el ejercicio de la retórica tertuliana.

Y el PSOE ha sacado de la norma que regulará la lucha antiterrorista la pena de prisión permanente, absolutamente inaceptable. Si el PP la impone finalmente en el Código Penal, será con nuestro voto en contra y con nuestro recurso al Tribunal Constitucional. Y cuando volvamos a gobernar, derogaremos esta pena, sin romper con ello el pacto antiterrorista que acabamos de suscribir. Porque el PSOE no se limita a fustigar en las tertulias o a leer poemas revolucionarios en los mítines. El PSOE hace, en el gobierno y en la oposición también. Como hemos tumbado la ley que iba a prohibir el aborto y como hemos tumbado la privatización de los hospitales madrileños. Tirando el agua sucia, pero salvando al niño.

A mí no me podemizan, no. Porque Podemos está introduciendo en la política española una actitud intolerante y excluyente que antes, con todos los problemas, no sufríamos. Ahora no se trata de superar al adversario en razones, sino de negarle la legitimidad incluso para ser escuchado. Ahora no se trata de ganar al adversario, sino de echarlo del tablero. Ahora el adversario no es un oponente con ideas o propuestas distintas, sino que es la “casta” o la “mafia” que solo merece la descalificación y la exclusión. Ahora el adversario ya ni tan siquiera es gente o es pueblo, porque algunos se arrogan en exclusividad la representación totalitaria de la gente y del pueblo.

Podemizar es decir en cada momento lo que parece ser más popular, lo que suena bien. Ayer sonaba bien sumarse en París a las fotos y las llamadas a la unidad frente al terrorismo yihadista, porque las muertes estaban muy recientes, y ahora suena mejor criticar las fotos y las llamadas a la unidad frente al terrorismo, porque lo que está más cerca son las elecciones. Ayer parecía popular decir que somos de izquierdas, y hoy parece más rentable negarlo para pescar en todos los caladeros. Ayer éramos republicanos y anarquistas, y hoy convivimos con la realeza y reivindicamos la patria. Ayer adorábamos el bolivarianismo y hoy lo negamos.

Despotricar de todo sin aportar solución alguna puede ser legítimo, pero no es aceptable cuando se están recabando apoyos para gobernar. Exigir sin aportar, lanzar soflamas sin comprometer medidas concretas, sirve para avanzar en las encuestas, pero no para merecer la confianza de la gente. ¿Qué propuestas tienen para mejorar la eficacia de las políticas activas de empleo? ¿Cómo mejorarían las prestaciones por desempleo, a qué ritmo y con qué recursos? ¿Por qué modalidad de contratos laborales apuestan y qué cambios introducirían en el Estatuto de los Trabajadores? ¿Cuál es su propuesta para el tramo 0-3 años en la educación pública? ¿Prefieren 4+1 o 3+2 en la planificación universitaria? ¿Qué harían para mejorar la atención primaria o para descongestionar las urgencias sanitarias? Leer poemas de León Felipe en la Puerta del Sol es interesante, pero los ciudadanos necesitan prosa inteligente en el BOE para solucionar sus problemas.

Podemizar es contraponer falazmente la legitimidad de las instituciones democráticas con la legitimidad de las asambleas o las manifestaciones. ¿Qué significa eso de “devolver la soberanía al pueblo”? ¿Acaso quienes trabajamos en las Cortes porque nos han votado millones de ciudadanos estamos usurpando la soberanía al pueblo que nos eligió? ¿Qué quieren decir con que “el poder debe volver a la gente”? ¿Es que los concejales, o los diputados o los gobernantes democráticos no somos gente y no estamos ejerciendo el poder en nombre de la gente que nos ha elegido, equivocándonos o no?

Los ciudadanos ejercen sus libertades en las manifestaciones y votando a sus representantes en las instituciones. Los españoles, gracias a la Constitución, ejercen sus derechos democráticos en los mítines, en los partidos, como el PSOE y como Podemos, y ejercen también sus derechos eligiendo y siendo elegidos representantes del pueblo en los Ayuntamientos y los Parlamentos. Quienes contraponen la calle a los Parlamentos, y quienes niegan legitimidad a los representantes libremente elegidos, cuando no son ellos, manifiestan unas convicciones democráticas muy cuestionables. Y muy peligrosas.

Podemizar es exigir a los demás lo que niegas para ti mismo. Si los casos de corrupción requieren explicaciones inmediatas en los demás partidos, los casos propios de corrupción se interpretan como una “declaración de guerra de la casta” y se niegan las explicaciones. Yo no niego los casos propios. Ahí están. Se han explicado, se han reconocido y se ha actuado contra los culpables. Pero ellos no. ¿Los contratos simulados y en diferido de Errejón? ¿El método Undargarín para financiar la productora de Iglesias? ¿Los cientos de miles de euros recibidos por Monedero por “asesorías” e “informes” que nadie ha visto? Pura manipulación de la casta, claro. Los demás, explicaciones y dimisiones. A ellos les basta con llamar “don Pantuflo” al periodista que les interpela, o con salir por la puerta de atrás de los mítines.

Yo respeto sus querencias por el poder y sus expectativas en las encuestas, y no les niego la legitimidad que ellos me niegan a mí para recabar la confianza de los ciudadanos.

Puede que sean la moda emergente. Puede que en la derecha estén encantados con esta alternativa. Puede que Rajoy se sienta más seguro de ganar con estos enfrente. Puede que la uno, la dos, la tres, la cuatro, la cinco, la seis y todas las demás les bailen el agua, bien porque fraccionan el voto de la oposición, bien porque alimentan el miedo en el electorado conservador, o bien porque aumentan las audiencias.

Y, desde luego, hemos de apostar por cambios profundos. Cambios a mejor, no a peor.

Pero a mí no me podemizan. Espero que a muchos más tampoco. Y seguiremos trabajando duramente, con rigor y honestidad, para volver a merecer la confianza de la mayoría.

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