Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 22 mayo 2017

 

La constante sucesión de casos de corrupción vinculados al Partido Popular está ocasionando graves daños sobre la institucionalidad pública española. La consecuencia más directa y evidente tiene que ver con los propios fondos públicos desviados de su destino legítimo a favor del interés general. Sin embargo, quizás el daño cualitativamente más relevante se ha producido sobre  la confianza de la ciudadanía en el funcionamiento limpio de las instituciones democráticas.

El crédito de la Justicia de nuestro país ante la ciudadanía se ha visto gravemente mermado por comportamientos inadecuados, irregulares o puede que directamente delictivos de algunos de los principales protagonistas institucionales.

El ministro intercambia mensajes de ánimo con alguno de los hoy encarcelados. El Fiscal General promociona como Fiscal Jefe Anticorrupción al único candidato que no tenía experiencia en esta especialidad. El propio Moix se estrena enfrentándose a sus subordinados tras el intento de obstaculizar las investigaciones sobre alguno de los principales encausados. Y finalmente la Presidenta de la Comunidad de Madrid desliza la sospecha de que la mismísima Guardia Civil está siendo manipulada a cuenta de las querellas internas en el PP.

Gran parte de los españoles tienen hoy la convicción, bien fundada, de que estos responsables institucionales en la Justicia de nuestro país están actuando antes como defensores de los corruptos que como garantes del Estado de Derecho. Y esta convicción resulta demoledora para la imprescindible legitimación de las instituciones públicas ante la sociedad a la que sirve.

El nombramiento de Manuel Moix como jefe de la Fiscalía Anticorrupción concita todas las sospechas. Porque resulta muy plausible pensar que si las razones de nombrar a Moix no fueron las de experiencia y capacidad, quizás el Ministro de Justicia y su Fiscal General se fijaron en otros hitos significativos de su historial.

Moix fue el Fiscal Jefe de Madrid nombrado apenas unas semanas después del “tamayazo” y que se aseguró de evitar cualquier investigación al respecto. Durante doce años, entre 2003 y 2015 no vio o no quiso ver, no denunció o no quiso denunciar el saqueo que algunos dirigentes del PP cometían sobre las arcas públicas de la Comunidad de Madrid. Hasta por tres veces rechazó las denuncias vecinales sobre irregularidades en el Canal de Isabel II, que después se ha evidenciado como epicentro de la corrupción en el PP madrileño. El propio expresidente de la Comunidad de Madrid, hoy en la cárcel, se ha referido a él como “un tío serio y bueno”.

Para recuperar un mínimo de confianza ciudadana en las instituciones de nuestra Justica es preciso que los procedimientos penales culminen con garantías del castigo debido para los criminales corruptos. Es imprescindible que los ladrones devuelvan el dinero robado.

Y, sobre todo, resulta absolutamente necesario que todos estos referentes institucionales dimitan o sean cesados, para asegurar el funcionamiento eficaz de nuestro Estado de Derecho, para preservar su prestigio ante la ciudadanía, y por coherencia democrática, porque tanto el Ministro como el Fiscal General y el Fiscal Jefe Anticorrupción han sido reprobados por la mayoría de los representantes de los españoles en el Congreso de los Diputados.

Anuncios

Read Full Post »

Los dos candidatos que han disputado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas compartían la peculiaridad de carecer de un partido político al uso. De hecho, el ganador Macron está improvisando a toda velocidad una formación política que le proporcione apoyo parlamentario a partir de las elecciones legislativas de junio. Unos meses antes, Donald Trump se convertía en Presidente de los Estados Unidos tras un enfrentamiento premeditado con su propio partido.

Últimamente pareciera como si el prescindir de un partido político o el mostrarse abiertamente apartidista o antipartidista acredite a cualquier personaje como un miembro solvente de la “nueva política”, de la política “abierta” o de la democracia “avanzada”. Algunos analistas llegan a aplaudir la intención del nuevo Presidente francés para reclutar sus candidatos al Parlamento entre “miembros de la sociedad civil”, como si las demás candidaturas fueran a estar integradas por miembros de las fuerzas armadas o por integrantes del colegio de obispos.

El discurso anti-partido es paradójicamente más duro entre algunos militantes notorios de los partidos tradicionales, que buscan popularidad personal a costa del prestigio colectivo. La crítica acerada llega también de los partidos de formación más reciente, que sin embargo asumen de forma inmediata las estructuras y procedimientos, las virtudes y, sobre todo, los vicios de los partidos más antiguos.

La crítica suele extenderse a los “aparatos” de las organizaciones políticas, generalmente mucho más reducidos y austeros que los propios de los medios que recogen tales críticas. Y en la misma línea argumental se fustiga a los políticos “profesionales”, a los que acumulan más experiencia, que son precisamente a los que se llama cuando se requiere una opinión o una gestión de rigor sobre un tema importante.

Sin embargo, las mejores esperanzas para el futuro de Europa no van a llegar de los taumaturgos ocasionales o de las estrellas que los medios encienden un día y apagan al día siguiente. Los proyectos políticos que sacarán a los europeos de esta trampa de la globalización sin reglas y los mercados sin alma no surgirán de los populismos efímeros o de los nuevos césares presuntamente omniscientes. ¿Cómo confiar nuestro futuro colectivo a movimientos políticos que surgen de la nada y que dependen en todo del pensamiento, la voluntad y el prestigio cambiante de una sola persona?

Los europeos solo conquistaremos un futuro mejor de la mano de proyectos políticos sólidos, con bases ideológicas coherentes, con equipos integrados, con liderazgos consolidados, con bagaje del que aprender, con experiencia que compartir, con aciertos acreditados, con errores cometidos, con solvencia demostrada. Es decir, de la mano de partidos políticos. Quizás sean muy distintos a los actuales. Quizás no tanto. Seguro que habrán de tener una dimensión transnacional y europea. Pero no serán movimientos, ni plataformas, ni clubes de fans. Serán partidos. O no serán.

Y los partidos tienen que cambiar, y tienen que abrirse, y tienen que ser más transparentes, y tienen que adoptar cauces y procedimientos de participación más actualizados, y tienen que ser más democráticos. Pero tienen que ser partidos, herramientas bien preparadas para organizar el espacio público compartido. Aunque eso implique contar con realidades al parecer tan incómodas como las direcciones que tienen que dirigir, los aparatos que tienen que organizar, y los políticos con más y con menos experiencia.

Necesitamos a los partidos. Son imprescindibles para que la democracia funcione. Y cuanto más hagamos por denostarlos, peor nos irá.

Read Full Post »

En su afán de convertir la política en un ejercicio permanente de teatralización ante la opinión pública, el señor Iglesias está contribuyendo a inutilizar uno de los instrumentos más relevantes de nuestro ordenamiento constitucional, la moción de censura al Gobierno.

La intención que se oculta apenas tras este último gesto de Iglesias puede deducirse fácilmente del procedimiento empleado en su anuncio. Una comparecencia pública unilateral de Podemos. Irrumpiendo en plena campaña de primarias para elegir secretario general en el PSOE. Avisando con apenas diez minutos de antelación a los dirigentes de los partidos que han de apoyar necesariamente la iniciativa para que prospere.

La moción de censura es una herramienta clave en la institucionalidad política española. El constituyente faculta a la oposición parlamentaria para sustituir a un gobierno inviable por un gobierno viable en circunstancias excepcionales. Las condiciones para su legitimación y eficacia son tres: la excepcionalidad de la situación debe razonarse; la moción ha de incorporar una alternativa en el programa de Gobierno y en su presidencia; y, claro está, ha de contar con apoyos suficientes para salir adelante.

De estas tres condiciones, la moción anunciada por Iglesias tan solo cumple la primera. Porque es cierto que abundan las razones para censurar y sustituir al Gobierno del PP, responsable de propiciar graves injusticias y anegado de corrupción hasta más allá de lo soportable. Pero en el planteamiento de Iglesias no hay rastro de las otras condiciones, ni programa alternativo, ni candidato a la presidencia, ni un mínimo trabajo previo para sumar apoyos a su iniciativa.

¿Por qué? Porque en realidad Iglesias ha planteado una censura falsa, sin posibilidad ni vocación de salir adelante. No tiene un programa alternativo que merezca tal consideración por parte de los demás grupos. El único candidato al que está dispuesto a apoyar es él mismo, y sabe que nunca obtendrá el respaldo suficiente.

Y, además, los números no salen, porque cualquier suma alternativa al PP requiere del apoyo de Ciudadanos y los independentistas. Los primeros han demostrado su decisión de blindar al PP, incluso allí donde sus vínculos con la corrupción son más evidentes, como Madrid y Murcia. Y los segundos se han apresurado a plantear condiciones de imposible cumplimiento, por inconvenientes y por inconstitucionales.

En consecuencia, solo cabe inferir que Iglesias ha lanzado esta iniciativa con la misma finalidad con la que se subió al “tramabús”, para obtener notoriedad pública y para rentabilizar en términos de expectativa electoral favorable el clima de indignación ciudadana ante los casos de corrupción que afectan al PP.

El problema es que estos fuegos de artificio no le salen gratis a nuestra democracia. Trivilializar el uso de un mecanismo constitucional tan relevante debilita a la institucionalidad democrática. El todo vale para la foto genera desconfianza y frustración entre la ciudadanía.

Mientras tanto, Rajoy sonríe satisfecho, porque cuanto más se hable de las performance de Iglesias menos se hablará de la operación Lezo y de las responsabilidades de la dirigencia del PP en el lodazal de corruptelas en que han convertido la vida pública española.

Read Full Post »