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Archive for 23 junio 2016

simancas220616

El resultado de las elecciones del 26 de junio será decidido por los indecisos. Parece una contradicción o un juego de palabras, pero esto es precisamente lo que está indicando la materia prima de todos los sondeos, cocinados aparte.

“Guardémonos de los que nunca dudan”, suele advertir el maestro Ángel Gabilondo. Respetemos a todos los votantes, desde luego, pero respetemos muy especialmente a aquellos que adoptan su decisión tras el sano ejercicio racional de despejar dudas.

¿Quiénes son los que no dudan? Generalmente, los partidarios de los extremos, casi siempre sobreexcitados, por definición, casi por identidad.

No dudan los partidarios de la continuidad de Rajoy, aún a costa de querer en el gobierno a quien más daño ha hecho en menos tiempo a los españoles. Y no dudan los partidarios del llamado “momento populista”, aun a costa de premiar a quienes por su ambición han dado a Rajoy una nueva oportunidad para seguir haciendo daño cuatro años más.

A los primeros los conocemos de antiguo. Los segundos son más “nuevos”, es verdad. Entre ellos habrá indignados auténticos. Y con razones para serlo. Seguro que sí.

Fijémonos, no obstante, en la extracción social de los votantes de Podemos que refleja el último CIS, como recoge mi compañero Torres Mora en su blog. El 25% se reconocen como clase alta y media (por el 12% de los votantes del PSOE). El 30% tienen título universitario (por el 12% del PSOE). El 12% solo cuentan con estudios primarios (por el 37% del PSOE).

Y es que algunos de los indubitados seguidores del momento populista son más indignados de pose que de condición social, de interés que de conciencia. Algunos de ellos ejercen de progres de calidad, encargados de amenizar programas y tertulias, y se confiesan algo aburridos por la racionalidad previsible de los socialistas, por su anodina eficiencia.

Quieren adrenalina. Algo con que amenizar programas y tertulias. ¿Te imaginas a este de ministro? ¡Vaya tardes divertidas nos haría pasar! A ellos quizás sí, porque tienen cómo vivir bien con un ministro o con otro. A quienes necesitan un gobierno racional y eficiente, aunque resulte previsible y anodino, quizás no les divierta tanto.

Mi respeto se dirige especialmente a los otros, a los que dudan. Legítimamente. Porque han sufrido y sufren, mientras el sistema les niega ayuda. Porque buscan soluciones en unos y en otros, y muchas veces solo encuentran postureo y espectáculo. Porque en estas campañas reiteradas y vistosas, con niños preguntando, con gracias de hormiguero y con esgrima de egos, nadie le resuelve nada.

Porque ya votó en mayo, y ya votó en diciembre, y vota y vota, y las cosas no cambian. Porque las etiquetas se manipulan, se intercambian, se guarrean, y algunos aparentar ser lo que no son, y dicen que fueron lo que nunca fueron, y prometen ser lo que no serán. Y da la sensación de que muchos pelean por poder, mientras pocos quieren de verdad hacer, hacer algo por el  bien común.

Para ellos y para ellas va todo mi respeto. Mi respeto a su duda. Mi respeto por su decisión.

Pero, con todo mi respeto, decidan. Porque si solo deciden los que no dudan, tendremos un país dominado por los extremos. Otra vez. Y los extremos nunca trajeron nada bueno a este país.

Y, con todo mi respeto también, sepan que no todos somos iguales. Ni lo fuimos, ni lo somos, ni lo seremos.

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simancas150616

Las estrategias del Partido Popular y de Podemos en esta campaña coinciden en el objetivo de intentar orillar al PSOE y en la estrategia de evitar los temas que de verdad interesan a la mayoría de los españoles. El PP está haciendo la campaña del miedo: o yo, por malo que sea, o el caos podemita, que será aún peor. Podemos hace campaña sobre las expectativas de sus sorpassos electorales y sus pactos poselectorales, procurando camuflar la falta de definición ideológica y programática con alusiones abstractas e indeterminadas a la patria.

Unos y otros, junto a sus numerosos aliados naturales o circunstanciales en los medios de comunicación, están saturando el debate electoral con cientos de encuestas dudosas, tertulias de argumentario y mucho montaje “reality”, con niños haciendo de periodistas e “incrustados” para conocer la “verdadera personalidad” de los candidatos.

Poco importa que en las propias encuestas que alimentan y aderezan tales estrategias, los asuntos que aparecen como de interés prioritario para la ciudadanía sean bien distintos. Ni la macroencuesta macrococinada del CIS, ni las microencuestas macrococinadas de otras empresas señalan los miedos de unos, los sorpassos de otros, ni la “verdadera personalidad” de los candidatos como temas relevantes para determinar el comportamiento electoral de los españoles.

Claro que si en esta campaña habláramos fundamentalmente de empleo, de educación y de pensiones, que son los asuntos que importan a la mayoría, quizás aquellas estrategias electorales de PP y de Podemos podrían resentirse y hasta fracasar. Quizás si habláramos más de derechos laborales y menos de encuestas, muchos ciudadanos concluirían que votar PP no es una buena idea. Puede que si tratáramos más sobre el futuro de las pensiones y menos sobre las posibilidades del sorpasso, muchos ciudadanos llegarían a la conclusión de que Podemos no tiene respuestas a las preguntas relevantes.

Si asumimos que el empleo, la educación y las pensiones son los asuntos que más preocupan a los electores, la pregunta clave que habría de hacerse cada español ante el 26 de junio es la siguiente: ¿puedo poner mis derechos laborales, la educación de mis hijos y la pensión de mis mayores en manos de Rajoy y sus recortes? ¿Puedo ponerlos en manos de Iglesias y su mutable inspiración comunista-peronista-independentista?

Tenemos casi cinco millones de parados. Menos del 4% de los contratos que se firman son indefinidos a tiempo completo. Casi dos de cada diez trabajadores viven por debajo del umbral de la pobreza. Este sí que es un problema que merece atención, y no el de las obsesiones de los herederos de Anguita por los sorpassos.

El PSOE plantea 700.000 acreditaciones profesionales de urgencia para los jóvenes sin empleo ni formación; bonificación del 100% de las cotizaciones sociales para los contratos a parados de larga duración; 1.200 millones para nuevos empleos públicos en docencia, sanidad y servicios sociales; un plan contra la explotación laboral que penalice los falsos contratos a tiempo parcial y las horas que se trabajan y no se cobran; un nuevo Estatuto de los Trabajadores que recupere equilibrio en la negociación colectiva e impida despidos colectivos en empresas públicas y en empresas privadas con beneficios…

¿Qué plantea el PP? Continuidad en las políticas que buscan competir mediante costes salariales baratos y devaluación de derechos de los trabajadores. ¿Qué plantea Podemos? Si leemos al comunista Garzón, salir de la UE y del euro. Si escuchamos a Domenech, la independencia de Cataluña. Si vemos a Iglesias, la sustitución de las élites corruptas por las nuevas élites patrióticas…

Contamos con una ley educativa que segrega a buenos y malos estudiantes a edades tempranas sin atender a sus desiguales condiciones de partida, que establece anacrónicas reválidas punitivas, que elimina la filosofía y la educación para la ciudadanía del curriculum mientras refuerza el adoctrinamiento religioso… El PSOE propone paralizar la LOMCE y acordar con la comunidad educativa un nuevo marco legal que apueste por una educación de calidad con equidad, inclusiva, laica y fundamentalmente pública.

¿Qué plantea el PP? Mantener la LOMCE. ¿Qué plantea Podemos? Si escuchamos a unos, provocar un vacío normativo inmediato en la educación española. Si escuchamos a otros, declarar la guerra a los centros educativos privados y concertados…

El fondo de reserva de las pensiones se ha reducido a la mitad durante los cuatro últimos años y solo quedan fondos para pagar cuatro mensualidades ordinarias o dos anualidades de pagas extraordinarias. El déficit anual de la Seguridad Social alcanza ya los 16.000 millones. Los nuevos contratos son tan precarios que solo contribuyen a desequilibrar aún más las cuentas. ¿Cómo asegurar el futuro de las pensiones dignas? El PSOE plantea respetar las prestaciones, aumentarlas conforme al coste de la vida, eliminar copagos en farmacia y dependencia, y financiar el sistema con impuestos sobre grandes rentas y grandes patrimonios.

¿Qué plantea el PP? Seguir ahora por la misma senda y, seguramente, replantearse las prestaciones en el futuro, “dada la insostenibilidad del sistema”. ¿Qué plantea Podemos? Hasta hace unos días, en su fase de “Syriza española”, tenían la referencia del Gobierno Tsipras, que ha eliminado las pensiones mínimas y ha reducido un 30% la cuantía de las prestaciones. En su fase de “nueva socialdemocracia”, Pedro Sánchez ha tenido “una gran idea”. Pero en su dimensión soberanista en Cataluña, Euskadi y Galicia, proponen referéndums de autodeterminación que romperían la caja de la Seguridad Social y harían inviable nuestro sistema de pensiones…

¿Y si hablamos de lo que importa?

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simancas080616

Primero fueron la izquierda auténtica, a diferencia de la izquierda socialdemócrata traidora. Después fueron los transversales de abajo, porque hablar de izquierdas y derechas era de “trileros”. Ahora a ratos son nuevamente de izquierdas, y a ratos son solo patriotas.

En sus orígenes militaban en las juventudes comunistas. Después los comunistas eran viejunos, comprobaron que Chávez pagaba mejor y se convirtieron en bolivarianos. Más tarde descubrieron al rebelde Tsipras y fueron la Syriza española. Pero aquello no fue bien y volvieron a viajar, ahora hasta la socialdemocracia danesa. Esta semana prescinden del apellido nórdico y son solo la nueva socialdemocracia.

Según el día y según la ciudad o la cadena de televisión en la que hablen, pueden ser patriotas españoles en un barrio bien de Madrid o anticapitalistas apátridas en el barrio de Gràcia de Barcelona. Pueden defender la autodeterminación del pueblo gallego en Ferrol o reivindicar la unidad de la patria en Chiclana.

Pueden ser nuevos socialistas en Vallecas y furibundos antisocialistas en Donosti. Por la mañana llaman a la nacionalización de los medios de comunicación en su círculo de Alcorcón y por la tarde coquetean con Susana Griso en Antena 3 como defensores del diálogo y el buen rollito periodístico. Esta tarde reclaman impagar las deudas, salir del euro y estatalizar las grandes distribuidoras de alimentos y mañana por la tarde se ponen corbata y regalan su sonrisa cómplice a cualquier círculo de empresarios.

En las asambleas de Izquierda Unida agitan las banderas republicanas y los símbolos comunistas, pero esconden las banderas rojas, las estrellas y las tricolores en los mítines televisados de Podemos. En sus aquelarres gritan “menos rosarios y más bolas chinas”, en sus conferencias a estudiantes desprecian al vaticanismo, pero en los programas de la tele se declaran admiradores del papa Francisco.

La evolución personal es legítima. La impostura, no. La evolución colectiva es lícita. El fraude, no. Cambiar de ideas, de opinión, hasta de identidad ideológica, puede resultar explicable. El travestismo político permanente, no.

Ya no son nuevos. Durante estos últimos años han demostrado cuál es su auténtica ideología: el poder, cuanto antes y a toda costa. “Dadme los telediarios y quedaros con las consejerías que crean puestos de trabajo”. Y ya conocemos su estrategia: el populismo. Decir a cada cual y en cada momento lo que quiere escuchar.

Ideológicamente es un fraude. Políticamente es un peligro.

No se es socialdemócrata con solo proclamarlo, después de haber proclamado otras muchas identidades sucesivas. Es socialdemócrata quien piensa y actúa como socialdemócrata. Hacer socialdemocracia en España es trabajar por la modernización y la justicia de la sociedad española. Como hace el PSOE desde 1879, como han hecho y hacen cada día los grandes referentes socialdemócratas de este país, como Felipe, como Alfonso, como Zapatero, como Rubalcaba, como Pedro Sánchez, a los que estos falsos “nuevos socialdemócratas” insultan constantemente. Votar socialdemócrata es votar PSOE.

No es patriota el que lo proclama con oportunismo. Para una persona de izquierdas, la patria está en la caja única de la Seguridad Social, que recauda cotizaciones sociales de grandes asalariados en Barcelona y paga pensiones en Parla. La patria está en la agencia tributaria que cobra impuestos a millonarios en Bilbao y paga subsidios de supervivencia en Jerez. Y no es patriota quien alienta el nacionalismo egoísta y el independentismo disgregador. La patria de un socialdemócrata está en la igualdad, en la libertad, en la solidaridad y en la justicia de su gente. ¿Y qué patriotas son esos que buscan romper su patria en Cataluña, en Galicia y en Euskadi?

Durante estos últimos 38 años los españoles hemos logrado muchas cosas juntos y, en la mayor parte del recorrido, de la mano de Gobiernos socialistas. Justicia, bienestar, derechos, libertades. Nada de eso es irreversible. Y todo esto es mejorable, muy mejorable, claro que sí. Pero no se mejora desde los extremos, sino desde la centralidad. Los recortes de la derecha son un peligro. La radicalidad del travestismo populista, también.

¿Cambio? Sí, pero cambio a mejor. El cambio en España solo tiene cuatro siglas. La socialdemocracia, también.

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simancas010616

En estos días he tenido la oportunidad de asistir a uno de los “foros” mediáticos en los que varios periodistas interrogan a un candidato a la Presidencia del Gobierno a las puertas de la campaña electoral. Se trataba en este caso de Pedro Sánchez, candidato socialista. El medio convocante era de los importantes e influyentes, y el formato, de primer nivel, facilitaba la distribución de las respuestas en todos los soportes posibles, de la prensa escrita a la televisión, la radio y las redes sociales.

La trascendencia y solemnidad del continente no tuvo correspondencia, sin embargo, con el contenido de la entrevista. Para mi sorpresa y la de muchos, espero, a lo largo de las dos horas de interrogatorio, no apareció ninguna pregunta sobre el paro, sobre la pobreza, sobre la educación, la sanidad, la vivienda… Ni rastro de cuestiones que afectan, que preocupan y que habrían de determinar el voto de los españoles. Tan solo aparecieron alguna pregunta genérica sobre el recetario económico o sobre una supuesta y falsa insumisión socialista a la LOMCE.

A lo largo de la entrevista se sucedieron multitud de preguntas sobre encuentros y desencuentros con otros líderes políticos, sobre la relación del candidato con sus compañeros de partido, sobre su propio futuro personal, sobre el congreso pendiente del PSOE, sobre las relaciones postales de Felipe González… La última pregunta, muy significativa, interrogaba al candidato socialista sobre su disponibilidad para optar a la vacante en la secretaría general de  Naciones Unidas. No quedó claro si iba en serio o era una broma. Y esto también fue significativo.

El contenido y el tono de este “foro” no resultó llamativo ni especialmente original, sin embargo. Se mantuvo en la media del tratamiento mediático sobre el debate político en los últimos tiempos. Estuvo en línea, por ejemplo, con la generalidad de los programas televisivos que tratan de política durante los fines de semana. Antes que entrar con un mínimo de expectativa de rigor y profundidad sobre los temas realmente decisivos para el futuro de la ciudadanía, los programas suelen buscar el espectáculo de la confrontación abierta y superficial entre representantes de los partidos o entre tertulianos con presunta adscripción partidaria.

Salvando las distancias, a veces no se alcanza a diferenciar entre algunos de estos debates “políticos” y los que suelen protagonizar en otros espectáculos televisivos los señores Mariñas y Matamoros, sobre la crónica del famoseo, o los señores Lama y Pedrerol, a propósito de la actualidad deportiva. Y se trata de crítica autocrítica, porque quien esto escribe también ha participado del show en ocasiones, obligado por la necesidad de no desaparecer de los únicos escenarios mediáticos donde se puede exponer la posición propia, aunque sea de forma tan deformada y precaria.

En este mismo sentido, los dos grandes grupos mediáticos televisivos han decidido afrontar el tratamiento de la campaña que se avecina de una manera tan original como improductiva, a los efectos de conocer las soluciones que cada cual ofrece a los españoles. Un grupo envía a su periodista estrella a pasar varias jornadas con cada candidato, a fin de divulgar aquellos aspectos de su faceta personal que suelen quedar al margen de una campaña al uso. No obstante, ¿qué interés puede tener para el elector conocer los hábitos más familiares y personales de un candidato?

El otro grupo ha decidido enfrentar a todos los candidatos con las preguntas de unos niños. Novedoso sí que es, desde luego. De interés para conocer cómo resolverían esos candidatos el problema del paro o la pobreza, puede que menos. Algunos innovan más aún y entrevistan a un candidato consigo mismo, a través de un cómico disfrazado. Más autocrítica: ningún candidato se atreverá a renunciar a estos minutos de visibilidad a pocas semanas de las urnas.

La divulgación de supuestos estudios demoscópicos forma parte del espectáculo. Prácticamente cada día y prácticamente todos los medios de comunicación dan a conocer supuestos estudios científicos que aspiran a predecir el resultado electoral o que, al menos, aspiran a dar a conocer el estado de la opinión pública. La calidad de la mayoría de estos estudios es ínfima, porque se realizan con muy pocos recursos, muestras deficientes, entrevistas escasas y métodos de estimación poco transparentes. Hay quienes se atreven a pasearse por los platós televisivos dando grandes titulares sobre movimientos telúricos en la opinión pública a partir de un puñado de correos electrónicos.

Se echa de menos el tiempo en el que se hacían encuestas para conocer a la opinión pública, en lugar de para aderezar con escaso coste y poco rigor el espectáculo en que se ha convertido la controversia política, en buena medida. Aún peor: se echa de menos el tiempo en que se hacían encuestas para estudiar y no para influir en la opinión pública.

A todo esto, además hay que escuchar a esos grandes gurús de la comunicación que día sí, día también, reprochan a los políticos su falta de seriedad para hacer propuestas de fondo en torno a los grandes problemas del país. Y se les escucha inmediatamente después de que la mayoría de los medios ignoren las propuestas de fondo que, por ejemplo, el PSOE y Pedro Sánchez intentan promover a diario sobre el futuro de las pensiones, el combate a la pobreza o la solución al paro de larga duración.

Dicen que este es el futuro de la política: de la realidad al “reality”. Espero que no. Porque cuando el debate político se dirime en el espectáculo antes que en las ideas y las soluciones, triunfa el artisteo de la política y pierden los ciudadanos que necesitan de la política para su bienestar.

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