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Archive for 25 mayo 2013

CASO ALPHA PAM: NO ES UN RECORTE, ES UN CRIMEN

Alpha Pam era un joven de 28 años con toda la vida por delante, que llevaba cerca de una década viviendo entre nosotros. Acaba de morir porque la sanidad pública española se ha negado a atenderle. Al carecer de tarjeta sanitaria, su hospital no realizó la radiografía de tórax que hubiera permitido el diagnóstico de su enfermedad (tuberculosis) y la prescripción de un tratamiento para salvarle la vida. ¿La razón? Alpha era un “irregular”. Aquella radiografía valía 80 euros. La vida de Alpha no vale para la sociedad española los 80 euros que hubieran evitado su muerte. Yo me avergüenzo de pertenecer a una sociedad que niega el auxilio necesario a un ser humano para salvar su vida. Me avergüenzo profundamente.

Cuando se produce un crimen hay que señalar al culpable. Y el culpable es el Gobierno del Partido Popular que aprobó el Real Decreto 16/2012, que acaba con la universalidad en la atención sanitaria y establece el sistema de aseguramiento. ¿Los argumentos? El texto está plagado de eufemismos como “sostenibilidad”, “eficiencia” y “ahorro”. La realidad es que con la legislación socialista todas las personas que vivían en nuestro país tenían derecho a la cobertura de la sanidad pública. Pero con el decreto del PP, solo tienen derecho a recibir atención sanitaria aquellos que estén “asegurados”. ¿Quiénes se quedan fuera? De entrada, todos los inmigrantes sin papeles en regla. Cientos de miles. Mañana, ¿quién sabe? ¿Los parados sin prestaciones?

Cuando Alpha enfermó, acudió al centro de salud de su barrio, que le remitió al hospital para la realización de las pruebas de diagnóstico necesarias. El hospital se negó a practicar la prueba hasta en tres ocasiones. En el último momento, el centro público forzó al joven a firmar un “compromiso de pago” para su eventual tratamiento. Pero no debieron confiar en sus posibilidades para cumplir dicho compromiso, porque el tratamiento nunca se llevó a cabo. Alpha murió en su casa, completamente abandonado. Se trata de un comportamiento injusto, inhumano y miserable, sí, pero con el Código Penal en la mano a esos responsables injustos, inhumanos y miserables se les puede encausar y meter en la cárcel por denegación de auxilio. Espero que la fiscalía sea diligente.

Habría que encausarlos por cometer un crimen, y habría que echarlos de los Gobiernos y de la Administración por incapaces. Porque el “ahorro” de 80 euros que costó la vida a Alpha ha traído como consecuencia el contagio de al menos 20 personas más, algunas “irregulares” y otras “regulares”. Y no sabemos a cuántos habrán contagiado estos 20 enfermos. Por lo tanto, la sanidad pública que no practicó una radiografía de 80 euros para ser “eficiente”, tendrá que hacer frente ahora a la atención de decenas de personas, con un coste evidentemente muy superior. En mi mundo merecen reproche por inhumanos. En el suyo, además, por estúpidos.

¿Cuántos “irregulares” se encuentran en esta situación ahora mismo en toda España? Enfermos, sin tarjeta sanitaria, sin dinero para contraer “compromisos de pago”, abocados al deterioro progresivo de su salud y quién sabe si a morir. ¿Por qué? Porque cometieron el terrible error de nacer en un lugar distinto al que el redactor del RD 16/2012 consideraba como lugar adecuado.

¿Y dónde están los obispos? Tan dispuestos a la batalla contra el condón y contra el derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad, se olvidan de atender a los vivos. Tan beligerantes en defensa del nasciturus, no abren la boca para defender la vida de los ya nacidos. Tan preocupados por defender su influencia en las aulas, se afanan por no molestar al poder que niega el auxilio a los más débiles de la sociedad. Cuánta hipocresía.

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CAÑA A RUBALCABA

Ya no gobierna, ni ejerce ese poder que le atribuyó la leyenda, pero sigue concitando un nivel de fuego sorprendente para un dirigente de la oposición. El ataque es a veces directo y grosero, en ocasiones más sutil y sibilino, pero siempre profuso y constante. Desde la derecha permanentemente, claro, pero también desde ciertas izquierdas, las orgánicas que simulan no serlo, las mediáticas que militan sin carnet, y en especial las que gustan de jugar al 15-M desde sus tabletas de última generación y sus sueldos de seis cifras.

En ocasiones le dan por demasiado pactista y otras veces por negarse a pactar. Le sacuden por tirarse al monte de la radicalidad, y también por no diferenciarse de las políticas de la derecha. Recibe unos días por querer controlarlo todo, y otros días por no mandar casi nada. Los golpes adoptan en general forma de descalificación o de infundio, pero también se le somete a “encuestas” de rigor tan discutible como su intencionalidad. Paradójicamente, se le buscan sustitutos con más empeño que al Presidente menos popular de la historia de España y, quizás lo más doloso, algunos suelen empaquetarle con Rajoy, cuando posiblemente no haya dos personajes más dispares.

Él es buen fajador y rara vez responde a las provocaciones. Y no se trata de hacer valoraciones de justicia sobre la hoja de servicios de cada cual. Hace tiempo que la política dejó de lado parámetros tan racionales. Pero quizás no resulte muy prudente tanto castigo sobre el máximo responsable del principal partido encargado de controlar al Gobierno y ofrecer alternativas en un contexto de crisis. Jugar al pim-pam-pum con aquel que se pone a tiro es sencillo, resulta incluso liberador ante tanta frustración, y seguro que despierta algunos aplausos. Pero puede que tanta diversión nos debilite, al partido, a la alternativa, y al propio sistema.

¿Que su imagen está desgastada? Lo extraño sería lo contrario. La crisis de credibilidad ha alcanzado ya la médula del mismísimo régimen de la representación democrática, y él representa al régimen como pocos, a sus virtudes y a sus defectos. Además, el PSOE aún atraviesa el desierto del reproche por los fallos pasados, y él personifica el paso de los socialistas por el Gobierno, para bien y para mal. Y los mismos ciudadanos que valoran en abstracto los ejercicios de democracia interna en los partidos después castigan los ruidos que provoca tal ejercicio, y él es el responsable de la coherencia de su partido. Claro que hay desgaste, para el PSOE, para el sistema democrático, y para quien da la cara por el PSOE y por el sistema.

Ahora bien, llevemos la reflexión un poco más allá. Puede que en un marco de emergencia nacional el país necesite de un interlocutor en la oposición que sea capaz de llegar a acuerdos de interés general, resistiendo la tentación fácil de dejarse llevar por las corrientes de rechazo, como por cierto hizo Rajoy desde el estallido de la crisis. Y ese progresismo de columna, que por las tardes pergeña grandilocuentes llamadas a los pactos de Estado y por las mañanas se suma con brío a las consignas anti-política, anti-partido y anti-Rubalcaba, podría llegar a la conclusión de que solo las direcciones fuertes pueden conducir a un partido de oposición por la senda de los grandes consensos útiles al progreso.

Hasta aquellos que apuestan legítimamente por un candidato socialista nuevo para las próximas elecciones debieran interesarse por la fortaleza del equipo que ahora dirige su partido, y por su liderazgo. Podría invocar el respeto debido a las decisiones adoptadas democráticamente en los Congresos, o a los valores del compañerismo y la solidaridad que siempre caracterizaron al partido de los socialistas. Pero seré más modesto y más práctico aludiendo solo a los intereses.

Porque no dudo de que en estos momentos hay quienes entienden que al PSOE y al país le vendría bien prescindir de la (demasiada) experiencia de su secretario general, para probar con Beatriz Talegón como candidata a la Presidencia del Gobierno de España, por poner como ejemplo a la única persona que hasta ahora se ha postulado públicamente. Y en su momento habrá que elegir libre y democráticamente a quien nos represente al frente de las candidaturas. Pero incluso aquellas personas entenderán que para maximizar las posibilidades del PSOE en las próximas elecciones habrá que llevar a cabo un trabajo duro e inteligente en orden a recuperar el diálogo, el respeto y la confianza de la ciudadanía. Y que este trabajo de interlocución social y de oposición institucional requiere de una organización sólida y coherente, centrada en sus obligaciones externas antes que en sus conspiraciones internas. ¿O no?

Resulta curioso cómo algunos buscan enterrar a toda velocidad el perfil altamente valorado de un político que hasta hace bien poco encabezaba todas las clasificaciones de respeto ciudadano, al menos las bien hechas. Los éxitos en la gestión de Gobierno, incluido el fin de ETA -en fin, poca cosa-, son sepultados rápidamente bajo reproches que en otros tiempos fueron elogios: la experiencia, la prudencia, el equilibrio, la querencia por el acuerdo… Y la etapa de la historia reciente del PSOE con más producción de alternativas solventes, desde la reforma constitucional hasta el pacto por la reactivación, pasando por el federalismo y la reforma laboral propia, se tacha en algún editorial amigo de propuestas “indefinidas”. ¿Indefinidas? ¿No estará más indefinido el discurso de quienes un día escriben a favor de los grandes pactos nacionales entre los grandes actores políticos, y otros días arremeten contra la “fosilización del bipartidismo” y llaman a la atomización del Congreso con “nuevos actores políticos”?

Pero la moda ha alcanzado también a la política, incluso a parte de la intelectualidad progresista. Ahora no se llevan los políticos maduros, experimentados e inteligentes. Alguna socióloga que reconoce hacer encuestas “con el corazón” redacta cuestionarios con preguntas del siguiente tenor: “¿El PSOE debería elegir como líder a un político de otra generación distinta a la de Rubalcaba?”. Solo falta que pregunte: “¿Prefiere usted un/a líder para el PSOE que sea joven, alto/a y guapo/a o uno que sea viejo, bajo y calvo?”. No, ahora se llevan los políticos “guays”, que no serán necesariamente más maduros, experimentados e inteligentes, pero se expresan “guay”, tienen amigos “guays” entre periodistas “guays”, y hacen socialismo “guay”.

Tengo claro que el perfil que se promociona hoy en política es el perfil “guay”, pero no tengo tan claro cómo se logra. Si lo que se busca es mejorar la empatía en el gesto y en el mensaje, puede ser interesante, aunque se sobrevalore a mi juicio. Pero hay otros riesgos. Puede que ser “guay” en un contexto de grave contestación a la política democrática consista en nadar siempre a favor de corriente, y jugar a hacer anti-política desde la política. Puede que se trate de decir lo que entendemos que quiere escuchar la mayoría en cada momento, para encontrar el aplauso fácil. O puede que baste con bailar regularmente el agua al periodista más influyente o al tertuliano que promete citarte y promocionarte. O quizás esté equivocado, y lo que ocurre es que, aunque no sea maduro, experimentado e inteligente, tampoco soy capaz de acomodarme al nuevo socialismo “guay”. Esto último es lo más probable.

Cada uno de nosotros, en el partido o fuera del partido, tiene todo el derecho a opinar como considere y actuar en coherencia con su opinión. Y es perfectamente legítimo y razonable que el líder del PSOE concite admiración entre unos y animadversión o indiferencia entre otros. Solo reclamo una cosa: respeto. Respeto por nosotros mismos, por el trabajo que hemos de hacer, con la dirección que hemos elegido en buena lid democrática. Y, sobre todo, respeto por todos los españoles que esperan de nosotros que nos ocupemos de sus problemas antes de entretenernos en crear más problemas entre nosotros.

Si puede ser, vamos.

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UNA ENSEÑANZA PARA LA IGUALDAD

Los golpes a nuestro modelo de convivencia son tan diversos y constantes que no acabamos de atender una batalla crucial cuando hemos de afrontar otra no menos importante. La estrategia de la austeridad que ha de sacarnos de la crisis ya se ha llevado por delante los derechos laborales, los convenios colectivos, la universalidad en la prestación sanitaria, la ley de la dependencia… La recesión se profundiza, el paro crece y la pobreza se expande, pero los sacerdotes de la austeridad siguen reclamando sacrificios en nombre de su fe y siguen prometiendo el paraíso de la recuperación, siempre para el año próximo. Ahora le toca a la enseñanza pública.

La movilización de toda la comunidad educativa, en una acción sin precedentes que ha sumado a padres, madres, docentes y estudiantes, no ha bastado para que el ministro Wert recapacite y retire la amenaza de un proyecto de ley educativa muy controvertido. Tampoco le ha convencido la enmienda a la totalidad que le ha presentado el Consejo de Estado, con un informe de 180 páginas absolutamente demoledor, que contesta una por una a todas las claves de la iniciativa legislativa.

En el Congreso hemos intentado hacerle ver que hay leyes y leyes. Leyes sobre el estar y leyes sobre el ser. Que una ley reguladora del sistema de enseñanza es una ley que afecta al ser de nuestra convivencia y a los pilares sobre los que construir el desarrollo personal y el progreso colectivo. Esta ley no la puede hacer una persona con su solo criterio, ni tan siquiera si está respaldado por una mayoría parlamentaria tan legítima como puramente circunstancial. Esta es una de esas leyes cuyos fundamentos deben analizarse con tiempo, con datos y con rigor, que debe dialogarse, que debe tratarse, que debe negociarse y acordarse con los muchos sectores concernidos, afectados e interesados. Pero ha sido en balde.

Si no sucede lo inesperado, todo indica que la amenaza Wert se convertirá en ley Wert en cuestión de pocas semanas. La educación española tiene problemas, desde luego, pero esta contra-reforma en marcha no los solucionará, sino que los agravará. Y hay al menos cinco grandes aspectos del texto que apuntan directamente a la línea de flotación del modelo educativo vigente, que fue consensuado con todos los sectores y con todos los grupos políticos, salvo el PP, y que está basado en los valores de la equidad y la calidad, de la comprensividad, de la inclusión, de la atención a la diversidad…

Los itinerarios. Cuando un niño tiene dificultades de aprendizaje, la ley Wert le suministra reválidas, itinerarios educativos separadores, sacarle del sistema en suma, para que no moleste. El modelo comprensivo vigente, por el contrario, procura ayudar al niño a superar sus dificultades y a continuar el itinerario común hasta el final, con todo el apoyo que sea preciso. Es más caro, sí, pero es más justo.

Los conciertos. Cuando hay escasez de recursos públicos, la ley Wert fortalece la enseñanza concertada, promoviendo conciertos “a demanda” y ampliando su duración de 4 a 6 años. Sin embargo, la apuesta por la equidad requiere fortalecer la enseñanza pública, porque cuanto más fuerte esté la enseñanza pública más garantías tendremos de que cada niño llega tan lejos como le lleve su talento y su esfuerzo, independientemente del dinero que tengan sus padres.

La religión. Cuando se discuten los contenidos de la enseñanza, la ley Wert impulsa el adoctrinamiento religioso, como si los jóvenes españoles necesitaran hoy más ‘padrenuestros’ y más ‘avemarías’ para mejorar sus conocimientos y aptitudes. El propio Consejo de Estado, antes al contrario, reclama al Gobierno la instauración de una asignatura sobre valores ético-cívicos, ajenos a la religión, como asignatura obligatoria para todos los alumnos.

La segregación. Cuando se lucha contra la discriminación de género, la ley Wert ofrece cobertura a las Comunidades Autónomas que ofrecen recursos públicos para concertar colegios que separan a los niños y a las niñas en aulas distintas, para evitar “perturbaciones mutuas”, según los ideólogos de esta fórmula retrógrada. Muy probablemente, los realmente perturbados sean aquellos ideólogos.

Los recortes. Porque el paquete Wert incluye la ley Wert y los recortes Wert. El programa de reformas recientemente aprobado por el Consejo de Ministros y remitido a Bruselas compromete un porcentaje de PIB destinado a educación que se limita al 3,9%. Esto supone un retroceso de cerca de un punto porcentual en media legislatura. Teniendo en cuenta, además, que la media de la Unión Europea sobrepasa el 5,4%, la desventaja para los españoles en términos de calidad educativa, de equidad social y de competitividad en general va a ser brutal.

Se lo hemos dicho. Pero no escuchan. La educación española necesita menos reválidas y menos catecismos. Lo que necesita son más recursos, más profesores y más becas.

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