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Archive for 26 octubre 2012

El 38 Congreso del PSOE eligió el pasado mes de febrero a una nueva dirección con un encargo muy claro: renovar el proyecto socialista para recuperar la confianza mayoritaria de los españoles. En estos ocho meses, mientras cumplía con sus responsabilidades de gobierno y de oposición, el Partido Socialista ha trabajado para sentar las bases de una nueva alternativa programática y para reconstruir los puentes con la ciudadanía que comparte valores progresistas. También ha tenido que afrontar dos procesos de elecciones regionales, que se han resuelto recuperando el gobierno asturiano, manteniendo el andaluz y retrocediendo significativamente tanto en Euskadi como en Galicia.

El de este fin de semana ha sido un mal resultado, que ha de llevar a los socialistas a un análisis crítico, a un estudio afinado de sus alternativas, a la aceleración de los cambios previstos y a confirmar la determinación de ganar el respeto, la atención y el crédito ciudadano. Esto es sensato, obligado incluso. Lo que no debe hacer el PSOE, porque no conviene a los socialistas ni a los españoles en este contexto de crisis, es dejarse llevar por la angustia paralizante o por la tentación del volantazo a ninguna parte.

Los socialistas han perdido un porcentaje cercano a los diez puntos tanto en Galicia y en Euskadi como en Andalucía y en Asturias. Y la explicación tiene componentes nacionales, pero también tiene componentes locales bastante evidentes. Pudimos analizarlos en marzo para unos casos y podemos analizarlos en octubre para los otros. La aversión del electorado hacia alternativas de gobierno inestables en Galicia, por ejemplo. La paradoja de la normalización que los socialistas conquistan para Euskadi, y que les aleja del poder, por ejemplo también.

La explicación nacional al retroceso está relacionada directamente con el déficit de credibilidad de las posiciones socialistas en este contexto político. Primero porque muchos ciudadanos responsabilizan al PSOE del fuerte deterioro social vigente por su gestión de la crisis desde el gobierno, tildada como incoherente e ineficaz. Y segundo porque a estas alturas ni el socialismo español ni la izquierda europea han sido capaces de contraponer una alternativa creíble a la estrategia de austeridad suicida que imponen las derechas desde Berlín y Bruselas. Este es el ciclo que vivimos, y en España los ciclos políticos no son de ocho meses. Los ciclos se desarrollan en mucho más tiempo.

El reto del socialismo español hoy, por tanto, consiste en renovar su proyecto en un doble plano: el plano político-programático, y el plano puramente organizativo. El PSOE está llamado a ofrecer al país una salida justa de la crisis y un modelo de Estado viable para la convivencia, porque estos son los principales desafíos que los españoles tienen por delante. Y el Partido Socialista está obligado también a afrontar un proceso de modernización y de apertura de su organización, para responder positivamente a las nuevas demandas de participación y transparencia en la vida pública.

El capítulo económico del nuevo proyecto socialista habrá de incorporar, al menos, los siguientes elementos: una nueva senda de ajuste fiscal flexible; un programa de estímulos públicos para el crecimiento y el empleo; una reforma tributaria que reparta las cargas de la crisis con justicia; un pacto de rentas que nos permita ganar competitividad sin devaluar salarios; un nuevo modelo productivo basado en la innovación y el conocimiento; un modelo de bienestar social que garantice derechos; y una Europa integrada y solidaria.

El capítulo institucional tendrá que proponer un nuevo desarrollo de la España de las Autonomías, que ha proporcionado dividendos innegables en términos de reconocimiento de identidades y de progreso socioeconómico. Ese nuevo desarrollo deberá ofrecer respuesta a las demandas de un autogobierno territorial mejorado, en el marco de un Estado necesariamente eficiente. Y más allá de pulsos, de órdagos y de chantajes nacionalistas, sus coordenadas habrán de ser las garantías constitucionales de la unidad, la cohesión y la igualdad de todos los españoles.

Los cambios en el Partido no serán menos relevantes. Los ciudadanos españoles del siglo XXI se parecen poco a los pobladores de la España decimonónica en la que nació el PSOE, y sus demandas de participación política también han cambiado. Las estructuras y las dinámicas de funcionamiento orgánico tienen que renovarse conforme a los principios de más transparencia, más participación democrática y más rendición de cuentas. Los socialistas siempre estuvieron a la vanguardia de las reformas en las formas de hacer política, y este es el compromiso que ahora se les exige también.

En consecuencia, tras un resultado electoral adverso, el PSOE está llamado a la libre reflexión autocrítica, pero sobre todo está obligado a cumplir con su responsabilidad ante los ciudadanos españoles. Los socialistas deben poner todo su potencial, que es mucho, al servicio de esos ciudadanos, con objeto de resolver sus problemas y enfrentar sus graves desafíos, de presente y de futuro. La determinación y los principios vienen con la marca. El liderazgo lo decidió un Congreso hace bien poco, en buena lid democrática. Un liderazgo solvente. Ahora lo que se necesita, además, es mucho trabajo. Y algo de tiempo…

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La Ministra de Fomento presentó el día 26 de septiembre en el Congreso su plan de infraestructuras, transporte y vivienda para el periodo 2012-2024 (PITVI), tras haberlo discutido con los presidentes provinciales de su partido (21-09-12). Si los dirigentes del PP se dejan llevar tan solo por el interés general, coincidirán en la valoración generalmente negativa que ha recibido este plan de los grupos parlamentarios, los empresarios, los trabajadores del sector y los propios usuarios. Mucha retórica en “power point”, plagada de buenas intenciones y de lugares comunes, pero muy pocos compromisos claros, con fechas y cifras, para resolver problemas y despejar incertidumbres.

 

Un plan serio requiere de prioridades, de plazos y de asignaciones presupuestarias. Sin embargo, el plan de la señora Pastor se resume en un recopilatorio de tópicos sobre la administración eficiente de los recursos y un largo listado de todas las obras que alguna vez se han reclamado en todos los rincones de España. No falta ninguna, en todos los modos de transporte. Incluso compiten entre sí. Todas las carreteras, todas las estaciones, todos los puertos y todos los aeropuertos que alguna vez alguien imaginó. Eso sí, sin fecha y sin partida en los presupuestos del Estado. Decir sí a todo, pero no decir cuándo y con qué dinero, es como no decir nada. Y esa es la síntesis del PITVI: un grande y sonoro “nada”.

 

Baste un dato. El propio Gobierno adelantaba en el mes de febrero el monto global de inversiones que supondría el PITVI hasta 2024: más de 225.000 millones de euros. Desde entonces han sumado al plan aún más obras por realizar, hasta superar largamente los 250.000 millones. Una simple división implica más de 20.000 millones de inversión anual para el cumplimiento del plan. Sin embargo, el proyecto de presupuestos generales del Estado que el Gobierno aprobó el día 27 de octubre asigna a la inversión de Fomento para el año 2013 menos de la mitad de esta cifra. Tal ha sido la vigencia del PITVI: apenas 24 horas. Las que van de la novela que la señora Pastor presentó ante el Congreso hasta la aprobación de los presupuestos en Consejo de Ministros.

 

La última Conferencia de Presidentes celebrada en el Senado instaba a las administraciones a llevar a cabo inversiones en orden a ganar competitividad para la economía española. Las inversiones eficientes para la modernización de nuestra red de infraestructuras del transporte equivalen a una apuesta segura por reactivar la economía, por ganar productividad en nuestras empresas, por fomentar la vertebración social, el desarrollo sostenible y la calidad de vida de los ciudadanos. A pesar de tal instancia, el Gobierno ha recortado las inversiones productivas en cerca de un 40% entre 2011 y 2013. Según los propios cálculos de la Ministra (entre 27 y 35 empleos por cada millón de euros), la caída de la inversión en el grupo Fomento ocasionará la pérdida de en torno a 170.000 puestos de trabajo en España.

 

Todos somos conscientes de las dificultades del contexto económico y de la necesidad de reducir el déficit, pero la estrategia de “jibarizar” la inversión productiva sin orden ni medida resulta suicida para un país que aún tiene retos pendientes en la movilidad de su población y en la consecución de una logística eficaz para el transporte de sus mercancías. España debe cumplir los compromisos para la culminación a tiempo de los corredores previstos en las redes europeas de transporte. El impulso al transporte ferroviario de mercancías, la conectividad de los puertos y la materialización de nodos logísticos eficientes son objetivos irrenunciables. Como lo son la mejora de las cercanías del ferrocarril y la conservación de nuestras carreteras. Sería conveniente, además, ir finalizando las redes viarias y ferroviarias de alta velocidad en desarrollo. Nada de esto se concreta en el PITVI.

 

El Gobierno promete financiación privada, pero no aclara de dónde llegará y en qué condiciones. La ministra ha asumido nuestra propuesta para elaborar una nueva ley de financiación de infraestructuras, pero los nueve meses de elaboración del PITVI no han sido suficientes, al parecer, para poder contar con un primer borrador de proyecto. Parece, pues, que se trata tan solo de ganar tiempo. Para ganar inversiones, además de tiempo, sería menester que la titular de Fomento dedicara más esfuerzo en sus declaraciones a hablar bien de su país, en lugar de subrayar a cada minuto la consabida y tediosa IHR (insoportable herencia recibida). Resulta incongruente dedicar cada mañana a hablar mal de tu país, para dedicar las tardes a ganar la confianza de los inversores locales y foráneos. Si se nos llama, propondremos una ley que estimule la participación privada en la financiación de la obra pública, asegurando la preeminencia del interés general, así como la calidad de los servicios y la transparencia absoluta en su consecución.

 

La apuesta del PITVI en política de transportes se limita a una inespecífica “liberalización”, que genera más preguntas que respuestas. ¿Tendremos un operador público tras la liberalización del transporte ferroviario de pasajeros? ¿Desaparecerá RENFE? ¿Quién y a qué precio prestará sus servicios? ¿Cuándo y cómo piensan vender AENA? ¿Cerrarán los aeropuertos menos rentables? ¿Seguirán subiendo las tasas a razón del 50% anual, como han hecho en Barajas y El Prat? ¿Tendremos algún día una nueva ley de ordenación del transporte terrestre? ¿Permitirán a las cooperativas de transportistas seguir trabajando? ¿Implantarán peajes en todas las carreteras como anunció el Secretario de Estado de Comercio? ¿Liberalizarán la estiba portuaria aprovechando las “recomendaciones” de Bruselas? Quién descubra en el PITVI alguna contestación para estas preguntas razonables, por favor, que nos escriba.

 

Los contenidos del PITVI sobre vivienda son del mismo tenor. La literatura habla de contribuir al acceso a la vivienda, de promocionar el alquiler y de estimular las rehabilitaciones. Sin embargo, la única reforma legal emprendida habilita la expulsión inmediata del inquilino, y los primeros presupuestos del plan eliminan la Renta Básica de Emancipación, recortan un 30% las ayudas al alquiler y rebajan un 60% las subvenciones a la rehabilitación.

 

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Queridos amigos y amigas:

El próximo jueves día 25 de octubre celebramos la segunda sesión de nuestra Escuela de la Memoria dedicada a las grandes figuras históricas del socialismo español.

Comenzamos el día 10 con una Conferencia muy celebrada sobre Pablo Iglesias a cargo del compañero Enrique Moral. Y continuaremos el día 25 con una conferencia sobre Julián Besteiro a impartir por José Félix Tezanos, Director de la Fundación Sistema y de Sistema Digital, Catedrático de Sociología, ex-Secretario de Formación del PSOE y autor de algunas de las publicaciones más rigurosas sobre la historia de nuestro Partido.

Óscar López, Secretario de Organización del PSOE, nos acompañará presentando el acto y otorgándole la significación que merece.

Esperamos vuestra participación.

Rafael Simancas
Secretario de Formación CEF

 

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EMERGENCIA SOCIAL

Durante los últimos días varios pronunciamientos públicos del Gobierno y la gran patronal ponen en evidencia un desconocimiento preocupante sobre el alcance de las consecuencias que la crisis económica y las estrategias de austeridad están ocasionando sobre los sectores más débiles de la sociedad española. La comisión económica de la CEOE ha asegurado que “los españoles deben hacer un ajuste brutal en su nivel de vida”. Casi al mismo tiempo, el Círculo de Empresarios exige “reconsiderar la actualización de las pensiones para 2013”. Y en línea con ambos, el ministro de Hacienda bloquea cualquier mejora social en los presupuestos públicos bajo la consigna de que “primero es el déficit”.

Los argumentos en contra de estos planteamientos pueden ser de índole variada. Puede aducirse que la rebaja paulatina de la renta disponible en manos de las familias bloquea cualquier indicio de recuperación económica. Si las familias no ingresan, no pueden consumir. Y sin consumo no hay crecimiento ni empleo. También puede argüirse que las teorías económicas más actuales consideran el factor desigualdad social como una clave negativa para la competitividad y el desarrollo. Y en España, según la OCDE, resulta que el 20% más rico ingresa 7,5 veces más que el 20% más pobre, mientras la media de la Unión Europea está en 5,7 veces.

Sin embargo, el argumento más efectivo hoy debería ser doble. Por una parte es preciso alertar de que el deterioro de la condiciones de vida de una parte importante de la población está adquiriendo dimensiones de auténtica emergencia social. En España, cada vez más seres humanos tienen serias dificultades para sobrevivir con un mínimo de dignidad. Y, por otra parte, en estrecha relación con lo anterior, cabe deducir que en nuestro país estamos cerca de un estallido social de graves consecuencias. Por tanto, o la rectificación llega por la vía de la solidaridad humanista, o deberá llegar por la vía del egoísmo más práctico. Los que hoy reclaman recortes y ajustes desde los balcones más altos del sistema, pueden encontrarse a corto plazo con que alguien les vuela el edificio.

Los rejonazos sobre la sostenibilidad social de las familias españolas son continuos y demoledores. El paro supera el 24%. 1,7 millones de familias tienen a todos sus miembros en el paro. Cerca de un 40% de los parados no tienen ninguna cobertura pública. El Gobierno ha limitado el acceso a la prestación básica de los 400 euros. Suben los impuestos directos e indirectos. Suben las tasas para la utilización de servicios públicos. Los copagos se multiplican en la farmacia y en la sanidad. Se reducen las ayudas a la dependencia, las becas educativas y el auxilio social de los municipios. Se elimina la renta básica de emancipación. Proliferan los desahucios y la ley respalda al propietario antes que al inquilino…

Decía Alfonso Guerra que “Si para reducir el déficit se me muere la gente, me quedo con el déficit”. Y el Gobierno tendrá que repensar su estrategia con rapidez, porque puede ocurrir aquello que preveía el clásico “Y para cuando despertó ya era cadáver”. Puede que Merkel y Rajoy logren ajustar las cuentas a su gusto, pero lo más probable es que para entonces la economía española se haya hundido irremisiblemente, y unos cuantos millones de españoles hayan acabado en la miseria. ¿Merece la pena?

Hay que revisar la estrategia frente a la crisis, evidentemente. Ralentizando el ajuste del déficit e implementando políticas de estímulo de la demanda, a la par que se combate la desigualdad y se protege a los más vulnerables. Pero esto es a medio plazo.

A corto plazo es preciso un plan para hacer frente a la emergencia social. El PSOE ha propuesto generar 1.000 millones de nuevos ingresos con un impuesto a las grandes fortunas y a las plusvalías financieras. Con este dinero puede constituirse un Fondo Estatal de Emergencia para ayudar a las familias en situación de pobreza y exclusión social. Podrían beneficiarse más de 500.000 familias y podrían generarse más de 30.000 empleos.

El Fondo debería distribuirse a través de los servicios sociales de los Ayuntamientos, multiplicando los recursos del Plan Concertado que el PP ha reducido a unos ridículos 30 millones en el presupuesto de 2013. Otra parte del Fondo puede destinarse a financiar las rentas mínimas de inserción que reparten las comunidades autónomas. Y, por último, debería duplicarse al menos el dinero que manejan las ONG y los bancos de alimentos para programas de integración laboral y lucha contra la pobreza.

Empecemos por rescatarnos a nosotros mismos…

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Hasta hace poco, hablar mal de Europa desde España era propio de grupos marginales, sin representación significativa en la sociedad, y generalmente cercanos a la extrema derecha. Durante los últimos años, sin embargo, está gestándose una desafección novedosa y creciente respecto a las instituciones europeas y el propio proyecto de integración.

Significativos referentes de la izquierda española manifiestan públicamente su rechazo a “esta Europa” y a los vectores que se le asocian: el recorte y la imposición. Y lo realmente preocupante es que a “esta Europa” no se le está contraponiendo “otra Europa”, sino un repliegue nacional que tendrá como consecuencia inevitable “menos Europa”.

El proyecto europeo fue siempre sinónimo de convivencia en paz, de desarrollo económico sólido, y de consolidación de derechos sociales y democráticos de ciudadanía. Queremos Europa porque queremos paz, desarrollo y progreso. Es más, durante mucho tiempo hemos convenido que no existe alternativa para el proyecto de construcción europea. Los europeos del sur y del norte solo podremos progresar en el marco de una Europa integrada. O tenemos más Europa, o tendremos menos paz y menos desarrollo.

No obstante, lo que nos llega de Europa en este tiempo es algo muy alejado de estos principios. Europa impone y no escucha. Europa persevera en una política que antepone los intereses de los banqueros a las necesidades de las personas. Europa sacrifica el crecimiento y el empleo en nombre de una austeridad suicida. Europa antepone los propósitos nacionales de Alemania a costa del empobrecimiento severo del resto de los europeos. Europa adopta decisiones de manera opaca y sus dirigentes se perciben tan lejanos como carentes de legitimidad democrática. Más aún: Europa nos hace sufrir, mientras nos lleva al desastre.

La tentación más fácil es la del portazo. Si esto es Europa, adiós a Europa. No queremos la Europa de los mercaderes. Allá Alemania con sus obsesiones y sus egoísmos. Nosotros nos borramos de Europa y nos volvemos a la seguridad del terruño. Parte de la intelectualidad de izquierdas está reclamando paradójicamente un protagonismo más activo para los viejos estados nacionales, como última trinchera para la defensa de los derechos sociales.

Sería un error caer en esta tentación. Porque no hay seguridad en el terruño mientras el mundo se globaliza. Los fenómenos que amenazan la democracia, la justicia y la equidad tienen carácter transnacional, y solo desde escenarios políticos transnacionales se pueden regular y controlar. No hay estrategias keynesianas, ni fiscalidades progresivas, ni luchas contra el cambio climático, ni políticas de bienestar realmente ambiciosas y eficaces fuera del marco de la integración europea. O somos más Europa o seremos menos. Menos en todo, también en derechos sociales.

Pero esta convicción no resuelve el problema de la desafección creciente en Europa. Ante esta realidad, cabría enviar dos mensajes al menos. El primero, a la canciller Merkel y a quienes le hacen el coro en el discurso de la austeridad a toda costa. Cuidado. La vieja ensoñación pangermánica ya fracasó por la vía militar, y tampoco triunfará por la vía económica. La locomotora alemana se ha beneficiado de la convivencia pacífica y de los mercados abiertos en el continente. Pero este beneficio tuvo siempre como contrapartida el progreso común y el desarrollo equilibrado. Si siguen asfixiando a la gallina, puede que deje de poner huevos, o puede que se muera, o puede revolverse y picarles en los ojos.

El segundo mensaje está dirigido a la socialdemocracia europea. La alternativa a esta Europa no puede ser “menos Europa” sino una Europa más integrada y más justa. Y para alcanzar este objetivo la primera condición está en la articulación de un auténtico Partido Socialista de Europa, que defienda los mismos postulados de solidaridad y de desarrollo equitativo tanto en el sur como en el norte.

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NO ES AUTODETERMINACIÓN, ES EGOÍSMO

No es nada nuevo. El debate “soberanista” que algunos tratan de imponer en la campaña catalana forma parte de las estrategias más clásicas del populismo político. Ha ocurrido muchas veces. La crisis económica genera malestar ciudadano. Quienes ejercen y han ejercido el poder tratan de esquivar responsabilidades señalando un enemigo externo. Inmediatamente se identifica la solución a los problemas con la victoria sobre el enemigo.

Los “soberanistas”, responsables de la crisis en la Generalidad de hoy y en la de ayer, han decidido que su “enemigo” es España. Y puede que esta decisión ayude a simular su incompetencia y su falta de soluciones ante la crisis real, pero, sin lugar a dudas, contribuirá a agravar los problemas de catalanes y de españoles en general.

La teoría política clásica también enseña que quien se deja ganar la batalla de las ideas acaba perdiendo la batalla política y la guerra electoral. Algo de esto le ha pasado a la izquierda en Cataluña. Tanta concesión al “sentimiento nacional” ha convertido la política catalana en el campo de juego perfecto para los nacionalistas, y ahora algunos advierten que hay que sumarse “porque la corriente es imparable”. Pero las corrientes ideológicas se contrarrestan con la fortaleza de las ideas propias, y los partidos de izquierda no se fundaron para dejarse mecer por vientos ajenos.

En democracia, el uso de la razón debe imponerse sobre la excitación de los sentimientos. Aquella nos lleva por el camino del diálogo, el entendimiento y las soluciones. Estos otros pueden conducirnos al enfrentamiento estéril. Entre los argumentos “soberanistas” que se han esgrimido en estos días puedo suscribir uno como cierto, pero se me ocurren al menos una decena razonablemente rechazables.

Es cierto que el agravio nacional se ha abierto paso entre muchos catalanes como clave principal para interpretar sus problemas, porque los nacionalistas lo han fomentado falazmente, y porque la izquierda no lo ha combatido, por comodidad o por complejo.

Es ‘anacrónico’ acudir al viejo concepto del Estado-nación propio como salida para todos los males, porque las respuestas institucionales a los desafíos de la globalización llegarán desde la integración supraestatal.

Es ‘inviable’ planear la constitución de un nuevo Estado socio de la Unión Europea a partir de una secesión unilateral, porque ni la Comisión, ni el Parlamento, ni los Estados miembros lo aceptarían.

Es ‘absurdo’ reclamar “capacidad de decisión plena” y “competencia total” para una administración, porque ninguna institución en el mundo dispone ya de tales poderes.

Es ‘egoísta’ exigir ahora la recaudación propia de todos los impuestos y establecer límites a la solidaridad con los demás, porque durante mucho tiempo los demás han contribuido a generar el desarrollo propio.

Es ‘contradictorio’ desde la izquierda esgrimir las banderas y los himnos nacionales frente a los derechos de las personas, tengan la nacionalidad que tengan.

Es ‘ofensivo’ que se afirme con contundencia la realidad nacional propia mientras se alude al “Estado ibérico”, soslayando el igualmente legítimo sentimiento nacional de los españoles.

Es ‘oportunista’, por parte del nacionalismo, pisar el acelerador de la exigencia soberanista cuando toca dar cuentas por la nefasta gestión de la crisis.

Y es ‘torpe’, por una parte de la izquierda, entrar al juego de los soberanismos mientras los hombres y mujeres que más sufren la crisis asisten al desfile de las banderas sin entender nada.

El discurso de Pere Navarro resulta claro y tranquilizador. Para ayudarle habría que hacer al menos tres cosas. Primero, aclarar que quienes hacen discursos soberanistas e independentistas están fuera del socialismo catalán, de derecho o de hecho. Segundo, desarrollar la alternativa socialista de perfeccionamiento del sistema autonómico por la vía federal. Y tercero, y más importante, centrar la campaña del 25N en los valores de la izquierda y en las propuestas de desarrollo económico y de equidad social que está esperando la mayoría de los trabajadores y de las clases medias en Cataluña.

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“Queridos compañeros y compañeras:

Como sabéis, ha fallecido nuestro querido compañero Luís Gómez Llorente. Hablar de memoria histórica, de valores socialistas y de ejemplo en el Partido Socialista es hablar de Gómez Llorente. Precisamente, su última actividad en el seno del PSOE ha sido la preparación de una conferencia sobre Pablo Iglesias para nuestra Escuela de la Memoria.

Atendiendo al sentir general de las personas inscritas  en el curso sobre Figuras Históricas del Socialismo Español, así como de la dirección del PSOE, vamos a convertir el acto de inauguración del próximo 10 de octubre en Ferraz 70 (19h), en un merecido homenaje a la trayectoria de Luis Gómez Llorente. El compañero Manuel de la Rocha nos ayudará en este menester.

A continuación, nuestro también compañero Enrique Moral Sandoval, especialista en la figura de Pablo Iglesias, impartirá la ponencia sobre la figura del fundador del PSOE y la UGT.

Saludos cordiales.

Rafael Simancas
Secretario de Formación CEF

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