Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 29 junio 2012

 

MEDICINA NATURAL CONTRA LA ESTULTICIA

Los ciudadanos han recibido simultáneamente en estos días dos noticias sin aparente relación, pero que analizadas en conjunto ofrecen conclusiones inquietantes. Por una parte, el Ministerio de Sanidad prevé ajustar su presupuesto en una cuantía de entre 300 y 400 millones de euros retirando la financiación pública en la dispensación de hasta 456 medicamentos. Por otro lado, el Ministerio de Fomento anuncia una aportación de similar alcance para cuadrar las cuentas de resultados en algunas empresas concesionarias de autopistas de peaje, que sufren pérdidas por la disminución del tráfico.

En una valoración individualizada podrían aportarse argumentos legítimos para cada una de estas medidas. El Gobierno está obligado a cumplir unos objetivos de ajuste fiscal (aunque podría hacerse de otra manera). Y el Gobierno debe cuidar de la buena salud financiera del sector concesional español en la gestión de infraestructuras, porque constituye uno de los pocos vectores de exportación cualificada en nuestra economía, y porque el rescate de las concesiones en riesgo comportaría un “agujero” de cerca de 4.000 millones para el erario público (aunque podríamos aplicar estrictamente las reglas del mercado sobre aquellos que solo las reivindican cuando obtienen ganancias).

No obstante, cualquier examen conjunto de ambas decisiones lleva necesariamente a la preocupación, cuando no al enfado y a la desafección respecto al funcionamiento de la política y las instituciones democráticas. Porque refleja con claridad que quienes toman las decisiones han perdido la capacidad de discernir entre lo importante y lo imprescindible. La viabilidad de los negocios en los peajes es importante. La igualdad de todos los ciudadanos en el acceso a los servicios y a los medicamentos que han de procurar su salud resulta imprescindible. Y sacrificar los recursos destinados a curar a los enfermos para cubrir las pérdidas en unos negocios privados es cuestionable en lo político y en lo moral.

Habrá quienes atribuyan estas decisiones a una dinámica acelerada y poco meditada, pero bienintencionada, para reducir el gasto público y cumplir los compromisos de nuestro país con los socios europeos. Sin embargo, la reiteración de medidas siempre en el mismo sentido nos impulsa más bien a pensar en una estrategia premeditada de naturaleza ideológica. Acabar con la universalidad en el acceso a la sanidad pública, introducir el copago sanitario, reducir el número de profesores en la enseñanza pública y aumentar la cuantía de las matrículas universitarias, no suponen una simple concatenación de errores, fruto de las recetas anti-crisis. Más bien suponen la aplicación sistemática de un programa neoliberal de recorte de derechos sociales, al rebufo de los “sacrificios” que implica la crisis.

Además, ¿qué ahorro y cuánto ahorro puede lograrse obligando a todos los enfermos a pagarse sus medicinas, independientemente de su renta? Muchos de los enfermos con menos recursos optarán ahora necesariamente por no comprar los antigripales, los antiinflamatorios, los antidiarreicos y los antivirales que antes obtenían con ayuda estatal. Y cuando las gripes, las inflamaciones, las diarreas y las patologías asociadas a los virus empeoren su estado de salud, estos enfermos acudirán a las consultas especializadas y a las urgencias hospitalarias, donde sus tratamientos serán mucho más costosos que las medicinas ahorradas en principio.

Por tanto, con esta medida no se ahorrarán gastos, sino que se incrementarán a medio plazo. Eso sí, el daño será importante. Daño sobre la salud de las personas, que es lo más relevante. Y daño también sobre la credibilidad de nuestras instituciones. Porque un sistema que gasta con fruición en el rescate de sus Bancos y sus empresas de peajes, y que escatima los recursos necesarios para combatir la enfermedad de su población, es un sistema que merece cuestionamiento y reproche.

La Ministra de Sanidad tampoco nos ha privado en este caso del aderezo de la necedad aconsejando el uso de “medicina natural”. ¿Está usted enfermo? Tómese una manzanilla, pero no me gaste usted. Estará por ver si este es el consejo que la señora ministra ofrecerá a su familia si alguna vez tiene problemas (no se lo deseo).

Por si acaso y por favor, que alguien se ocupe de mandar al Ministerio de Sanidad un par de toneladas de “medicina natural” contra la estulticia.

Rafael Simancas

Read Full Post »

Durante las últimas semanas se ha abierto paso un debate surrealista en torno a la estrategia de oposición del PSOE. La controversia se plantea artificialmente entre los supuestos partidarios de la suscripción de acuerdos con el Gobierno y los supuestos detractores de tales acuerdos con el Gobierno. Así, en abstracto.

Cuando el planteamiento parte de la buena intención, cabe calificarlo de ingenuo o de erróneo. Pero las intenciones son muy diversas.

La respuesta inteligente a la pregunta sobre “acuerdo sí o acuerdo no” es de cajón: depende. Se acuerda aquello que interesa al país conforme a nuestras ideas, y no se acuerda lo que perjudica al país según esas mismas ideas. ¿O es que alguien va a defender lo contrario?

Tan absurdo es reclamar pactos en el vacío, porque “es lo que pide la gente”, como desechar cualquier acuerdo por principio, aunque la materia por acordar resulte de interés general y coherente con nuestras propuestas.

En consecuencia, el trabajo inteligente de oposición consiste en bajar a la arena cada día, plantear iniciativas, atender las de los demás y, tras un análisis juicioso, acordar unas cosas y no acordar otras. Lo demás es el “pactismo porque sí” o el “no a todo, sea lo que sea”. Ninguna de estas últimas actitudes tendrá nunca el refrendo ciudadano.

Rubalcaba suele denominar a este trabajo fino como “oposición útil”. Y en virtud de esta filosofía se acuerda con el Gobierno aprobar el Pacto Fiscal Europeo, vinculándolo a una estrategia de crecimiento y de creación de empleo, en línea con lo que plantea Hollande, en coherencia con lo que el SPD ha obtenido de Merkel, y conforme al programa del PSOE. Porque así se refuerza al país fuera y se atiende al interés colectivo dentro.

Y en virtud de la misma filosofía se rechaza con contundencia la reforma laboral que estimula el despido, la amnistía fiscal que blanquea el dinero sucio, los recortes que socavan la educación pública, el copago que castiga al enfermo, la reforma que acaba con la RTVE plural, la socialización de pérdidas en Bankia…

Cada día, los socialistas nos ofrecemos en un acuerdo nacional para adoptar las decisiones concretas que ayudarían a la sociedad española a salir de la crisis y a crear empleo, conforme al programa que gana adeptos en Europa: austeridad a largo plazo y crecimiento a corto plazo. Y cada día, el Gobierno del PP rechaza el ofrecimiento.

No merece reproche el PSOE por la oferta, que se deduce de su historia, de su condición irrenunciable de partido de Gobierno, y de su compromiso leal con este país y con sus gentes. Lo merece el PP por su soberbia y su ceguera.

Cada día, igualmente, los socialistas desarrollamos iniciativas que ponen pie en pared frente a los desmanes de un Gobierno que no solo yerra en la respuesta a la crisis, sino que utiliza la crisis como coartada para desatar las siete plagas de su ideología. Y se acompañan las movilizaciones contra la reforma laboral, y se recurren al Constitucional los cambios en RTVE, y se ejemplariza una labor alternativa de gobierno que consolida los derechos sociales en Andalucía, en Euskadi, en Asturias, y en infinidad de Ayuntamientos.

La oposición más eficaz no es la que más acuerdos niega. La oposición más firme no es la que más alto grita NO. La oposición más respetable no es la que enardece a los hoolingans, pero ignora a las mayorías que nos votan y que buscan razones para votarnos.

La mejor oposición es la que responde en cada momento, ante cada circunstancia, frente a cada decisión, a las necesidades de aquellos a los que nos debemos, en coherencia con nuestros principios. Y esa responsabilidad unas veces nos conducirá al acuerdo, y otras veces a la movilización. Pero siempre nos permitirá mirar a los ojos de cada ciudadano y asegurar que, por encima de cualquier otro interés, trabajamos por el bien común. Eso es oposición útil.

Esto y algo más, claro está. Acordar, discrepar, y construir una alternativa. Los socialistas tenemos bases sólidas para levantar ese edificio a partir de las resoluciones congresuales y el último programa electoral, cuyas principales propuestas coinciden (y se adelantan) en lo fundamental con el ideario que ha llevado a nuestros compañeros franceses al triunfo.

Un nuevo modelo productivo orientado al empleo, más moderno, más sólido y más justo. Un nuevo modelo de bienestar, que recupere, consolide y amplíe los derechos sociales básicos. Y un nuevo modelo democrático, que sepa responder a las nuevas demandas de participación y a los requerimientos de un funcionamiento institucional más eficiente.

Han pasado siete meses desde las últimas elecciones generales. Aún no han transcurrido cinco meses desde el último Congreso del PSOE. Administremos sensatamente ansiedades y ambiciones. Con moderación. Y con tranquilidad. Porque hay liderazgo, solvente. Hay ideas, cada día más claras. Y queda mucho partido por jugar.

Read Full Post »

Los estudios periódicos que el Centro de Investigaciones Sociológicas lleva a cabo sobre la opinión pública española reflejan una coincidencia casi exacta entre los ciclos de deterioro de la economía y las etapas de mayor desprestigio de la actividad política. Resulta lógico. Los ciudadanos responsabilizan de la recesión y el paro a quienes dirigen las instituciones públicas. Conforme la crisis se agudiza, el descontento ciudadano se hace más patente. Hasta aquí, nada nuevo.

 

Resultan menos lógicas, sin embargo, las campañas contra la política que se desarrollan desde el propio seno de la actividad política. Cuando el diputado de UPyD Antonio Cantó aprovecha un debate sectorial poco concurrido en el pleno del Congreso para hacer una fotografía y difundirla en las redes sociales, como una supuesta prueba de la desidia de los políticos, se está deslegitimando la acción pública desde la institución central de la democracia.

 

Cuando el partido que gobierna España ofrece como solución a los males de la economía la reducción del número de diputados, se está consolidando la idea de que el problema del país reside en su “clase” política. Y cuando unos y otros admiten que la profesionalidad, la independencia y la solvencia de un curriculum vitae para asumir determinadas responsabilidades requiere la ausencia de cualquier vínculo político partidario, se está dando por buena la estigmatización del servicio público a través de la tarea política.

 

Durante los últimos años se ha convertido en lugar común para muchos periodistas, tertulianos, académicos, empresarios y profesionales hacer de la política y de los políticos el pim,pam,pum sobre el que descargar culpas propias y ajenas por la situación dramática que sufren administraciones, empresas, universidades y medios de comunicación. En este río revuelto prueban a pescar incluso algunos políticos con un perfil oportunista y demagógico ampliamente contrastado. El colmo de la paradoja reside en el intento pueril de Rosa Díez de erigirse en azote de los políticos al uso, cuando a lo largo de los últimos treinta años no ha hecho otra cosa que vivir de la política, eso sí, cambiando de sillón y de camiseta conforme le iba conviniendo.

 

La política y los políticos merecen examen crítico y reproche democrático cuando se equivocan, cuando frustran expectativas y cuando actúan contra la ley o la moral, claro está. Y en una etapa de grandes dificultades para mucha gente, la crítica fundada a partidos y representantes institucionales y, sobre todo, la reclamación de un trabajo eficaz, se hace del todo imprescindible. Ahora bien, tal actitud de exigencia democrática no debe desembocar en una descalificación global y denigratoria sobre la tarea política en general y sobre todos los políticos sin distinción. Porque no es justo, y porque no lleva a ninguna conclusión positiva. Más bien al contrario.

 

Los políticos tienen una responsabilidad grande sobre los problemas que padece la economía y la sociedad en crisis, pero no es una responsabilidad exclusiva. Determinados banqueros, empresarios, profesionales y periodistas han tenido también algo que ver en las causas del drama que padecemos. Y no se ha demostrado más insolvencia ni más corrupción entre los políticos que entre algunos otros colectivos. ¿O debemos convertir en un modelo de eficacia y moralidad al último presidente de la CEOE? ¿O al primero de los jueces españoles? ¿No tuvieron nada que ver con los burbujeos nuestros banqueros más eminentes? ¿Y no comulgaron con el apalancamiento superlativo las empresas de comunicación que hoy pontifican contra los políticos, entre ere y ere?

 

Pero la pregunta más relevante es otra. ¿Dónde nos lleva esta dinámica de “todos contra la política”? Ya sabemos qué buscan Rosa Díez o el PP madrileño: buscan votos escarbando en la basura de la demagogia oportunista. Y ¿a qué aspiramos como sociedad denigrando la tarea de administrar el espacio común que compartimos? Si la política es desidia, es mentira y es corrupción, ¿qué llenará el vacío que deje la política a la hora de dirigir el destino común? La experiencia histórica nos habla de taumaturgos que se presentan con soluciones fáciles y directas, sin las complejidades tramposas de la política.

 

La culpa de nuestros problemas la tienen los judíos, se dijo tras Weimar. Acabemos con los judíos y acabaremos con los problemas. Quizás ahora se dirá que la culpa la tienen los inmigrantes, o los homosexuales, o los pobres, o los desintegradores de la patria, o los que pitan en los campos de futbol, o… ¿quién? Suprimamos parlamentos, sustituyamos a políticos por técnicos sin ideología (confesa), prescindamos de intermediarios entre el ciudadano y el poder. Y cuando nos hayamos cargado todas las instituciones y procedimientos que conforman el Estado democrático y garantizan nuestros derechos, ¿a quién reclamaremos?

 

Critíquese tal o cual política. Cámbiese al político que no hace bien su trabajo. Pero ojo con el juego oportunista de la demolición dela política. Porqueel vacío que deje la política democrática en la administración del poder se llenará. Y puede que nos arrepintamos.

 

Read Full Post »

Cuidado. La cuerda se está tensando demasiado, y puede romperse. Deben tenerlo en cuenta aquellos que desde la Europa opulenta juegan a demorar la reactivación económica en las naciones del Sur, para seguir ganando ventaja competitiva. Y aquellos que cada día siembran la incertidumbre y la desconfianza en la economía real, para multiplicar sus ganancias en el casino financiero. Y aquellos que cada viernes decretan recortes en las políticas sociales, para figurar como los campeones de la austeridad. Y aquellos que aprovechan la coyuntura de crisis y el miedo de la gente para sumar medio punto de ganancias, a costa de los despidos colectivos. Cuidado. Mucho cuidado. Porque la situación está llegando al límite. Y quizás se arrepientan.

El último informe del Consejo Económico y Social arroja datos “pavorosos”, según su propio presidente. Uno de cada cuatro hogares se encuentra en riesgo de pobreza. Más de 400.000 familias viven exclusivamente de la exigua pensión del abuelo. Ya hay más jóvenes menores de 30 años en paro que trabajando. Cada jornada, incluidos sábados y domingos, cerca de 200 familias son desahuciadas y expulsadas de sus hogares. La profesora Hilde Sánchez Morales alerta de que en una gran ciudad como Barcelona el número de las personas sin hogar se ha elevado en un 32% entre 2008 y 2011, al tiempo que se han duplicado los habitantes en asentamientos ilegales.

Una cuarta parte de la población en edad laboral está en el paro, y cerca de 2,5 millones de desempleados lo son de larga duración. En el año 2008, cuando estalló la crisis, el índice de cobertura en las prestaciones por desempleo estaba próximo al 80%. Hoy nos acercamos al 60%, y cada mes se reduce un punto. Es decir, casi 40 de cada 100 parados ya no recibe ninguna ayuda pública. Un peligro más: la última prórroga para la vigencia del “subsidio de los 400 euros” finaliza este mes de junio, y el Gobierno aún no ha aclarado su continuidad.

No se trata de generar alarma. Todos estos datos son incontestables, y dibujan un panorama muy preocupante. El coste más importante de la crisis se ha cobrado entre los sectores menos favorecidos de la sociedad. Más allá de los retrocesos del PIB, de la caída de los índices bursátiles o del castigo a la prima de riesgo, las consecuencias más lacerantes de la crisis se expresan en forma de paro, desahucios y precariedad social. El colchón de muchos años de buenas políticas sociales y la cobertura familiar han amortiguado los golpes hasta ahora. Pero el colchón ha adelgazado tanto que apenas protege ya a unos pocos.

Cuando el calor arrecia y nadie se ocupa de recoger el matorral seco, el riesgo de incendio es grande. Cualquier chispa puede iniciarlo. Mientras algunos hacen cálculos codiciosos, en lo económico y en lo político, la temperatura del malestar social en nuestro país está creciendo, y puede acabar con un estallido de consecuencias impredecibles.

Por ello, extraña que a la hora de enumerar “los riesgos sistémicos para nuestra economía”, algunos jamás se olvidan de la estabilidad de los grandes Bancos, pero rara vez se acuerdan del riesgo de la quiebra social. Esperemos que no se den cuenta demasiado tarde. Y que rectifiquen antes.

Read Full Post »

 

EUROPA ENCALLADA

La otrora crisis global se ha convertido en la crisis de Europa. El epicentro de las dificultades objetivas y de las desconfianzas subjetivas en el mapamundi económico se sitúa hoy en el viejo continente. Los europeos estamos asustados, y el resto del mundo comienza a estar harto. Europa fue durante mucho tiempo faro de progreso en todos los órdenes, pero la incapacidad de Europa para resolver sus propios problemas está resultando en la actualidad un lastre pesado para las posibilidades de recuperación de la economía internacional.

El desencadenante de la crisis que sufrimos tuvo una naturaleza económica innegable: la financiarización excesiva de la economía, la desregulación de los mercados, el burbujeo en torno a los productos financieros de riesgo, la especulación urbanística española… Pero el bloqueo que hoy experimenta Europa para superar la crisis, a diferencia de otros actores internacionales, presenta un perfil claramente político e institucional. El agujero de Grecia (que representa el 3% del PIB europeo) o los ataques especulativos sobre las deudas soberanas de Italia y España no son ya problemas económicos. La crisis no se resuelve porque Europa se muestra política e institucionalmente incapaz para hacerle frente.

Los viejos Estados europeos no disponen de los instrumentos con los que tradicionalmente se combatió en los ciclos económicos recesivos, porque ahora cuentan con una moneda común y han colectivizado las claves de la soberanía monetaria. Sin embargo, la integración monetaria no ha alcanzado aún el grado de madurez necesario para sustituir de manera eficaz a aquellas herramientas rudimentarias pero efectivas de la devaluación unilateral. Es decir, los Estados han perdido soberanía para defenderse de los mercados, pero Europa no está preparada aún para la defensa colectiva.

La nave europea está encallada, y ahora hay que adoptar decisiones. Podemos empujar el barco hacia delante, hacia la integración plena y efectiva. O podemos retroceder, para que los Estados recuperen sus viejas armas contra cíclicas. Lo que resulta inaceptable de todo punto es dejar las cosas como están. Esta situación proporciona financiación gratis y ventajas competitivas evidentes a Alemania y, desde luego, también beneficia a los especuladores que hacen caja en los vaivenes del mercado financiero, pero es una situación que genera gravísimos problemas al conjunto de la población Europa y que obstaculiza la recuperación económica global.

La respuesta más interesante es la de acelerar el proceso de integración política y económica en Europa. Compartir soberanía para compartir expectativas de progreso. Política económica común, fiscalidad homogénea, BCE al servicio de las economías europeas, mutualización de la deuda, planes conjuntos de crecimiento…Pero este rumbo requiere de un liderazgo que a día de hoy no se vislumbra. Merkel ha demostrado unas limitaciones muy importantes al frente del directorio que dirige Europa de facto. Su visión pacata sobre el futuro de Europa, sus condicionantes domésticos y sus prejuicios neoliberales están haciendo mucho daño sobre propios y extraños. La mayoría de los mandatarios nacionales están inmovilizados por el peso dramático de la crisis, y los funcionarios bruselenses carecen de la capacidad política (y la legitimidad democrática) para encabezar una ofensiva de la dimensión que aquí se reivindica.

Solo Hollande muestra la ambición necesaria. Todos los socialistas de Europa deberían respaldar sus esfuerzos. Rubalcaba y el PSOE están en ello. La pregunta es, ¿tendrá margen? ¿Tendrá las fuerzas suficientes para hacer lo que hay que hacer?

Read Full Post »