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Archive for 23 febrero 2012

JÓVENES SIN SALIDA

Las imágenes de violencia en las calles valencianas que todos los españoles hemos podido contemplar en estos días merecen un análisis que va más allá de la administración más o menos inteligente de la fuerza policial.

Muchos de los jóvenes que se están movilizando de manera creciente en Valencia, en Madrid y en otras ciudades de España reclaman la atención de la sociedad y de sus instituciones ante una problemática muy preocupante, para ellos y para todos.

La gran mayoría se manifiesta hasta ahora de manera pacífica, esgrimiendo sus libros incluso como originales “armas” reivindicativas. Pero nada garantiza que la desesperación progresiva en la que viven gran parte de nuestros jóvenes no cambie sustancialmente el panorama.

Las alternativas vitales más comunes que se ofrecen hoy a la gran mayoría de los hombres y mujeres menores de 30 y 35 años son tres. Pueden vivir sobre el cada día más frágil colchón familiar, renunciando a cualquier expectativa de emancipación. Pueden malvivir saltando de trabajo precario en trabajo precario, lejos de sus vocaciones y de sus formaciones. Y pueden emigrar en busca de oportunidades a otros países.

Los discursos que se les dirigían hasta ahora ya no sirven. Se les recomendó un esfuerzo especial en su formación, como garantía de más oportunidades laborales, pero ya ni siquiera hay trabajo para los mejor formados. Y se les invitó a abandonar la vieja mentalidad funcionarial para apostar por el “emprendimiento”, pero el sistema niega financiación a cualquier emprendedor que no pueda responder con un patrimonio previo.

El problema tiene un fondo extraordinariamente grave. A corto plazo, la sociedad española se arriesga a una ruptura social sin precedentes. Sencillamente no es sostenible una comunidad en la que la mayoría de sus jóvenes no tienen ni trabajo ni expectativa de encontrarlo. Y a medio plazo, esta sangría de jóvenes excluidos, precarizados o fugados condena a nuestro país a un desarrollo negativo o frustrado.

Las estrategias de la “austeridad ante todo” resultan suicidas en un escenario como el actual. El Gobierno podrá presumir ante Merkel de un cuadro macroeconómico niquelado, pero si condenamos sin futuro a toda una generación fracasaremos como economía, como sociedad y como país.

Poco ayudan a mejorar la situación las últimas iniciativas del Gobierno destinadas a abaratar despido y fomentar los contratos basura, con periodo de “prueba” de un año y patente de corso para despachar al trabajador joven sin un solo euro de indemnización. 

Tampoco tranquiliza, desde luego, identificar a los jóvenes con el “enemigo” y procurar intimidarles a fuerza de porrazos. Aquello de “contra el paro, porrazos” ya no funciona.

A los jóvenes sin salida cabe ofrecerles una agenda diferente. Mejorar su formación, como ciudadanos y como trabajadores. Aplicar políticas públicas de estímulo al crecimiento, desde Europa y desde España. Y regular los derechos de los trabajadores, sean jóvenes o no, con tanta seguridad como flexibilidad.

O les ofrecemos una salida a los jóvenes sin futuro, o nos estaremos negando el futuro como sociedad.

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ESTA EUROPA NO NOS SIRVE

La Unión Europea está sometida a una tensión creciente de escepticismo y de cuestionamiento abierto en buena parte de los Estados miembros. Las encuestas reflejan el progresivo divorcio de las opiniones públicas respecto a las ventajas de la Unión, y ganan posiciones las fuerzas políticas que reclaman una renacionalización de las decisiones determinantes.

 

No es de extrañar. Europa se muestra incapaz de salir del atolladero financiero que ella misma organizó en la ingenuidad de que los buenos tiempos no acabarían nunca. Su entramado institucional parece diseñado para favorecer al más poderoso de sus miembros, mientras los demás se ahogan en los problemas. Y al mismo tiempo, aquellos que en su día renunciaron a participar de la aventura común, como el Reino Unido, hoy pueden presumir de lo acertado de su decisión.

 

La crisis ha cogido a la Unión Europea en un momento delicado de su proceso integrador. Aún no dispone de la coherencia precisa y de los instrumentos adecuados para actuar eficientemente como un supraestado federal. Pero la moneda común y las renuncias de soberanía monetaria a favor del Banco Central Europeo impiden ya a los Estados actuar conforme a los métodos tradicionales para sortear los ciclos económicos adversos. Es decir, los países de la Unión no disfrutan las ventajas de un régimen federal como el de los Estados Unidos, pero tampoco pueden disfrutar de los márgenes de autonomía de los vecinos británicos.

 

Los europeos hemos renunciado a una política monetaria propia, pero la política monetaria común no nos protege de las tormentas especulativas y de las escaladas en el interés de la deuda. Los europeos hemos renunciado a establecer autónomamente nuestros objetivos de déficit y de consolidación fiscal, pero los límites fijados por las autoridades comunes conducen a escenarios inapropiados de recesión y paro.

 

Los europeos hemos construido un espacio político integrado para que los poderes democráticos se impusieran sobre los poderes globalizados de las finanzas, sin embargo estos poderes de Europa se muestran incapaces de aplicar una tasa sobre las transacciones financieras internacionales que cuenta con el respaldo de la gran mayoría dela población. Loseuropeos han puesto en común parte de sus políticas económicas para lograr metas de interés colectivo, como el crecimiento económico y la creación de empleo, pero el directorio factual de Merkel-Sarkozy impone recurrentemente las estrategias contraproducentes de radical austeridad.

 

Una Europa en la que los alemanes cobran por financiarse mientras los demás hemos de pagar intereses asfixiantes no es una Europa viable a medio plazo. Alemania no puede imponer indefinidamente estrategias de contención fiscal mientras algunos países como el nuestro se desangran con un paro desmesurado. Y los alemanes deberían ser los primeros en reconocerlo.

 

O Europa cambia o los europeos renunciarán a la Unión. O la Unión sirve para resolver los problemas que angustian a la gente, o la gente volverá la espalda a una aventura que solo reporta beneficios a unos pocos. O la puesta en común se reconduce en clave de eficiencia y solidaridad, o la ola de euroescepticismo será imparable.

 

Queda una esperanza. Si la socialdemocracia gobierna a medio plazo en Francia y en Alemania, con el respaldo del resto de los socialistas europeos, incluidos los españoles, estaremos en condiciones de reparar el barco y corregir el rumbo hacia una Europa más integrada, más eficiente en las estrategias de salida de la crisis, y más comprometida con la salvaguarda del modelo social europeo en todos sus rincones.

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Finalizado el 38 Congreso, el PSOE emerge con un proyecto renovado y un liderazgo solvente. En estos tres días, el objetivo último de todos los socialistas ha sido el de reconstruir una alternativa progresista para salir de la crisis y sumar una mayoría social en su defensa. Podemos decir objetivamente que se ha dado un paso en la buena dirección. Puede que solo sea un paso, pero un paso importante. El primer reconocimiento que merece este cónclave socialista es el del compromiso democrático. Pocas formaciones políticas en España son capaces de someterse con éxito a un ejercicio de contraste democrático absolutamente transparente como el que ha desarrollado el PSOE durante el último fin de semana. Hubo opciones alternativas, hubo debate contundente y hubo votación final.

Resulta paradójico, pero cualquier proceso de renovación interna en el PSOE es siempre objeto de críticas. Si se eligen direcciones y se aprueban decisiones con debate escaso y mayoría amplias, se acusa de déficit democrático. Si las direcciones y las decisiones se adoptan tras un debate amplio con posiciones diferenciadas, se habla de “líos” y de “quiebras”. El proceso congresual ha sido duro y tenso en algunos momentos, pero su desarrollo y su desenlace constituyen un ejemplo de buen ejercicio democrático. Primero el debate, después la votación y, finalmente, la unidad. Esta es nuestra tradición.

Como suele ocurrir también, el “otro” trabajo del Congreso, el relativo a las ideas y las propuestas, ha pasado mucho más desapercibido. Durante estos días se han discutido más de 6.000 enmiendas relativas a la economía, el empleo, la educación, la sanidad, la cultura, la política internacional… El secretario general del PSOE resumió las conclusiones con tres “E”: Empleo, Europa y Equidad.

Los socialistas denuncian el círculo vicioso que promueven las políticas conservadoras, condenándonos a pasar del déficit a la austeridad, de la austeridad a la recesión, de la recesión al desempleo y de nuevo al déficit. Hay una alternativa en el socialismo europeo para una salida justa a la crisis y para crear puestos de trabajo: flexibilidad en los objetivos de déficit, fiscalidad progresiva y común, un Banco Central conjunto que proteja el euro y las deudas soberanas, regulación del sistema financiero, estímulos públicos a la economía, consolidación de las políticas de bienestar, reformas competitivas, educación y formación para el empleo…

Pero esa alternativa ha de definirse, defenderse y aplicarse a escala europea, por eso los socialistas españoles colocan la E de Europa en el frontispicio de su proyecto. Cedamos soberanía nacional para ganar soberanía popular en una Europa capaz de ofrecer un desarrollo armónico, y cedamos soberanía orgánica en el Partido Socialista de Europa para ganar coherencia y eficacia en la lucha común.

Los cambios también han llegado a la propia organización, a su estructura y a su funcionamiento. Los ciudadanos reclaman organizaciones políticas más abiertas, más transparentes, más participativas y más modernas. Y el PSOE ha respondido a esta demanda asumiendo la condición de un auténtico partido democrático de los ciudadanos, a la altura de su tiempo. Las decisiones adoptadas establecen las primarias con simpatizantes para elegir candidatos, las agrupaciones 2.0, un mayor uso de las listas abiertas, un avance en la sectorialización del partido, la recuperación de la Secretaría de Formación… Y el compromiso de celebrar una Conferencia de Organización antes del verano para culminar estos cambios.

Seguramente no ha sido un Congreso perfecto. Ninguno lo es. Pero los militantes socialistas y los ciudadanos españoles pueden tener la certeza de que los delegados al 38 Congreso del PSOE han desarrollado un trabajo intenso con el propósito honesto de ser útiles a nuestra sociedad y a sus mejores esperanzas de desarrollo y progreso.

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