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Archive for 28 octubre 2011

Un consorcio de doce empresas públicas y privadas acaba de ganar el concurso internacional para la construcción y explotación del llamado “tren del peregrino”, una línea ferroviaria de alta velocidad para transportar pasajeros en la península arábiga, entre Medina y La Meca. Se trata del mayor contrato logrado en el exterior por empresas españolas, con un presupuesto de cerca de 7.000 millones de euros. Este triunfo consolida a nuestro país como primera potencia del mundo en la industria ferroviaria, un sector con un alto componente tecnológico.

La noticia constituye también una respuesta significativa para todos aquellos que venían vertiendo dudas y críticas severas a la apuesta gubernamental por el desarrollo del AVE en nuestro territorio. Este esfuerzo ha llegado a ser calificado desde algunos sectores como “ineficiente”, “ruinoso”, “despilfarrador” y “lujo de nuevo rico”.

Sin embargo, las principales líneas de AVE en servicio, con cerca de 2.800 kilómetros de recorrido, presentan unas cuentas de explotación positivas. Es decir, el servicio del AVE tiene una gran demanda y ofrece beneficios económicos a su explotador. Esta valoración sirve para el AVE a Andalucía, a Cataluña, a Levante, a Valladolid y a Toledo. El porcentaje de satisfacción que muestran los clientes en las encuestas de calidad, además, supera el 90%.

Por otra parte, algunos hemos defendido siempre que en la planificación de infraestructuras deben tenerse en cuenta algunos factores más allá de los análisis de rentabilidad económica, relativos a la demanda inicial y los estudios de coste/beneficio. Porque el AVE contribuye al estímulo de la actividad económica y el empleo a medio plazo, y favorece la vertebración territorial de España, y coadyuva a la cohesión social, y facilita la lucha contra el cambio climático, sacando vehículos contaminantes de la carretera. Y el contrato de La Meca demuestra, además, que la experiencia de nuestra industria en este sector proporciona una especialización y un prestigio internacional muy rentables, en un ámbito tecnológicamente avanzado.

¿No se amortizan las grandes inversiones del AVE en los billetes que pagan los usuarios de sus líneas? ¿Y en qué infraestructuras ocurre esto? En ninguna, ni aquí ni fuera de aquí. Ni en las carreteras, ni en los puertos ni en los aeropuertos. La pregunta realmente importante a formular es la siguiente: ¿resultan estas infraestructuras rentables para el interés general y el desarrollo colectivo? Y en el caso del AVE la respuesta es inequívocamente positiva.

Resulta curioso además que las principales críticas a los proyectos de futuro desarrollo del AVE en Galicia y Extremadura provengan precisamente de regiones como Cataluña, donde este equipamiento ya ha proporcionado grandes ventajas económicas y sociales. ¿Por qué lo que ha sido bueno para Cataluña no puede serlo para otras regiones? Es evidente que la rentabilidad económica de la inversión habrá de recuperarse en un plazo de tiempo mayor, pero no es menos cierto que aquella visión “hipereconomicista” hubiera llevado en su día, por ejemplo, a abortar la decisión de construir la autovía Madrid-Extremadura, condenando al atraso permanente a las áreas menos desarrolladas de España.

Valga esta buena noticia de La Meca como llamada de atención para los que apuestan por un frenazo en el proceso de mejora constante de nuestro capital físico, con la excusa de la crisis, de los ajustes, y de los casos de despilfarro, ciertos pero aislados y no generalizables. La actualización eficiente, ponderada y bien planificada de nuestras infraestructuras de transporte y nuestros sistemas logísticos constituye la mejor garantía para seguir avanzando en competitividad y cohesión. Ajustar un presupuesto difícil con el recurso fácil de sacrificar la obra pública puede ser pan para hoy y hambre para mañana.

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ETA ha anunciado el “cese definitivo” de lo que llaman eufemísticamente “actividad armada”, que no es sino la actividad terrorista, los asesinatos y la extorsión. Es una buena noticia. La democracia ha doblegado a la barbarie. Los demócratas hemos de celebrarlo, felicitando a los gobernantes y las fuerzas de seguridad que han derrotado a los criminales y manteniendo viva la digna memoria de sus víctimas.

 

Se abre una nueva etapa en nuestro país, especialmente en Euskadi. Una etapa con menos miedo y con más esperanza. La decisión de los etarras, por inevitable y previsible que fuese, resulta un alivio para quienes debían mirar cada mañana los bajos de sus automóviles y para quienes se despedían de sus seres queridos con el temor de no volver a verlos.

 

Ahora bien, dejemos los brindis para otro día. Para empezar, los términos del último “comunicado” de la banda asesina son tan nauseabundos como siempre. El ejercicio burdo de intentar legitimar sus crímenes con referencias a la “solución justa y democrática” para el “secular conflicto político” constituyen una ofensa a la dignidad de sus centenares de víctimas inocentes, y un insulto a la inteligencia de todos los demás.

 

“Nada les debemos y nada vamos a pagarles”, ha manifestado Patxi López. Y no podemos fiarnos de esa gente, añadiría yo. Tras la felicitación colectiva, recabemos información fidedigna sobre la situación y las intenciones de los asesinos, hagamos análisis prudentes y aseguremos la corrección de cada paso dado. Siempre desde la unidad de los demócratas. Para garantizar que los criminales no vuelven a matar, que los crímenes cometidos no quedan impunes y que sus autores no obtienen rédito positivo de la fechoría.

 

ETA no ha claudicado por voluntad propia, ni como consecuencia del lamentable comunicado de la lamentable “conferencia” del Palacio de Aiete. ETA ha sido acorralada y vencida por el Estado de Derecho y sus instrumentos de seguridad. No hay nada que reconocerles ni agradecerles. Desde la fuerza que otorga esta legitimidad, el Estado ha de administrar con la ley en la mano y con la inteligencia debida esas “consecuencias” a las que también se refiere el comunicado de la banda, es decir, el tratamiento de los criminales presos, los fugados y los escondidos.

 

La memoria de las víctimas también exige que eludamos los brindis. Cerca de un millar de seres humanos fueron masacrados sin más culpa que el servicio al país y a sus ideas, o por la mala suerte de estar en el lugar elegido por los criminales para sus bombas. Millares más han vivido bajo la amenaza y el chantaje de los matones, y otros no lo soportaron más y tuvieron que dejar su trabajo y su entorno. Hay que tener muy presentes a las víctimas cuando miremos a la cara de los “abertzales” y cuando escuchemos sus mentiras. ¿Su perdón? ¿Para qué más hipocresía? Mejor exigir y garantizar justicia, sin impunidad. Mejor asegurarnos de que se disuelven y desaparecen para siempre.

 

Y mucho cuidado. Esta gente no maneja los tiempos de forma aleatoria. Este anuncio se produce a las puertas de una campaña electoral. Es evidente que buscan rentabilizar en las urnas su último movimiento. Solo faltaría que la generosidad ingenua de algunos vascos les brindara un buen resultado electoral, con el que cimentar una nueva espiral de “conflicto”. Dejemos los brindis, pongámoslos en su sitio y vigilemos con cuidado.

 

Otra cosa. La mezquindad con que algunos de los representantes más conspicuos de la extrema derecha han tratado y tratan al Gobierno en este asunto va más allá de lo racional. Les pierde tanto el odio, que ya no son capaces de distinguir al adversario del enemigo.

 

Todo por no reconocer a Rubalcaba su mérito en la derrota de ETA. Pero lo tiene, y mucho, y los españoles lo saben.

 

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La estrategia del PP ante las elecciones del 20 de noviembre pasa por una campaña sin programa ni debate. Rajoy y los suyos confían plenamente en la inercia del desgaste gubernamental para sumar una mayoría cómoda, sin necesidad de exponer y contrastar sus propuestas de gobierno. Es más, huyen como gato escaldado de cualquier controversia que pueda restar clientela propia o excitar al votante socialista.

Puede ser una estrategia eficaz. Está por ver. Pero, desde luego, se trata de un fraude en términos democráticos. Los ciudadanos merecen conocer los planes auténticos de unos y de otros para hacer frente a los graves desafíos del país, antes de decidir su voto. Quien les niega este conocimiento, defrauda al elector y contribuye al descrédito de la democracia representativa.

No obstante, resulta muy difícil mantener oculto lo obvio. Los dirigentes de la poderosa patronal madrileña sostienen una vinculación muy estrecha con el PP. Durante la última década ha existido una auténtica unidad de pensamiento y de acción. Este idilio no ha servido para que los madrileños escapen de la crisis o el desempleo, pero sí será útil para que todos los españoles conozcan el programa que Rajoy quiere ocultar. De hecho, los patronos madrileños dicen lo que Rajoy calla.

Dado que el candidato del PP considera que en España hay que gobernar “como Dios manda”, estos representantes del poder económico capitalino se han apresurado a redactarle el catecismo de cumplimiento “inmediato”, “ineludible” e “inexcusable”. Y todos los “mandamientos” de este catecismo pueden resumirse en uno: más ventajas para los que más tienen, y más recortes para los que menos tienen.

El dictado de la patronal madrileña va mucho más allá de un programa neoliberal de Gobierno. Este programa “oculto” de la derecha española constituye una enmienda a la totalidad del modelo social imperante en nuestro país desde el consenso constitucional. El abaratamiento del despido y el fin de la ultractividad de los convenios colectivos suponen la desregulación definitiva del mercado laboral. La privatización de los servicios públicos, el “copago” de las prestaciones básicas y la reducción de las cotizaciones sociales a pagar por los empresarios significa la sentencia de muerte del sistema de bienestar social. Las bajadas generalizadas de impuestos equivalen al desmantelamiento práctico del Estado.

Pocos dudan ya de la autenticidad de este programa, pero al menos cabe pedir a Rajoy y a los suyos que no se escondan tras la cobarde indefinición, y que lo defiendan con honestidad a cara descubierta. O si no, que lo desmientan.

Rubalcaba invita cada día a los numerosos electores indecisos a “pensar con detenimiento el sentido de su decisión, porque es mucho lo que está en juego”. Esta revelación de la patronal madrileña es un argumento más.

A pesar de las ocultaciones y las simulaciones, las posiciones de unos y de otros aparecen cada día más nítidas. El PSOE busca salir de la crisis, con una economía más sólida y una sociedad más justa. El PP utiliza la crisis para consolidar el beneficio de los poderosos y desmontar el Estado de Bienestar.

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El último barómetro del CIS indica que solo un 3,7% de los españoles señala al terrorismo como uno de los tres principales problemas del país. Hemos de considerar que este porcentaje incluye tanto la preocupación por la actividad de ETA como por el terrorismo islámico o la acción creciente de las mafias narcoterroristas.

Hace solo dos años, 15 de cada 100 españoles situaban el terrorismo etarra entre sus principales temores, en el año 2007 la proporción superó el 45% y durante la etapa de Gobierno del PP (1996-2004) este indicador jamás bajó del 30%.

En aquella época, cuando el terrorismo campaba a sus anchas, ningún analista en su sano juicio hubiera excluido los crímenes de ETA del primer plano en el debate político y electoral. Y ahora, cuando ETA se encuentra acorralada y España está a punto de ganar una batalla histórica, el asunto solo gana actualidad con los peródicos exabruptos de Aznar.

Es cierto que aún no podemos cantar victoria. ETA no ha emitido ese último comunicado que todos esperamos, incluidos los suyos. La organización terrorista no se ha rendido, no se ha disuelto ni ha entregado las armas. Es verdad. Pero también lo es que hace más de dos años que no mata, que la “kale borroka” ha desaparecido de la calles, y que la base política de ETA ha tomado la decisión aparentemente irreversible de renunciar a la violencia y participar en las instituciones democráticas. Incluso los presos de la banda se desmarcan de la acción armada mediante comunicados públicos.

Es verdad que no se debe bajar la guardia. Que aún quedan unos cuantos asesinos sueltos. Que los criminales siempre tienen vocación de matar. Y que no han llegado a esta situación agónica por voluntad propia, sino por la acción eficaz del Estado y sus fuerzas de seguridad. La gran mayoría de los españoles no compartimos casi nada con los “abertzales”, pero preferimos verles en campaña electoral, con el permiso vigilante de la Justicia, antes que pegando tiros y poniendo bombas.

Por tanto, es justo reconocer que se han producido avances muy importantes, sin “mendigar” ningún gesto ni “pagar” precio alguno. Y si los fracasos políticos exigen una paternidad responsable, también los éxitos han de identificar a sus hacedores. El gran hacedor de este éxito colectivo se llama Alfredo Pérez Rubalcaba. La derecha le negará los galones, Aznar le insultará, pero los españoles saben de su esfuerzo y se lo reconocen. Las encuestas también reflejan esto.

Ninguno de los intentos de la democracia por negociar el fin de ETA resultó positivo pero, analizados en perspectiva, cada uno de aquellos procesos han servido para deslegitimar definitivamente a la organización ante el conjunto de la sociedad y ante sus propios seguidores. La negociación no sirve, porque los asesinos solo buscan asesinar, mientras les quede oxígeno. Por eso la estrategia que ha funcionado en estos últimos años ha sido la de negar el oxígeno a la banda. La presión policial, la colaboración internacional, la implicación ciudadana, el aislamiento social… han acabado por asfixiar la dinámica criminal que siempre mantuvo bien sujetas las riendas de ETA.

No hay nada que agradecer a los terroristas ni a sus amigos. Si ETA ya no mata, si ETA se encuentra en las últimas, si sus seguidores han visto la política democrática como única salida, no es fruto de una reflexión racional, ni un ejercicio de empatía hacia sus víctimas, ni una concesión a la voluntad de la mayoría. Hacen lo que hacen porque no les queda más remedio. En consecuencia, hay que mantener la presión, vigilarles de cerca, y hacer uso de la policía y de la Justicia para evitar que sigan delinquiendo desde las instituciones.

Pero aquellos que no fueron capaces de vencer a ETA cuando gobernaban, y que hicieron siempre un uso torticero del debate terrorista para pescar votos, debieran ahora reconocer los avances logrados por el gobierno socialista. Aunque solo fuera para celebrar el triunfo de la racionalidad sobre la barbarie. Vana esperanza:porque siempre quedará Aznar para estropearlo.

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TIRO AL BLANCO

Publicado en El País Digital (Política)

El debate político en España ha alcanzado unos niveles de racionalidad y eficacia que nos equipara con carácter general a las democracias europeas más maduras. Sin embargo, una parte de la derecha nacional jamás renunció a procedimientos inmorales, como la caza al hombre, para obtener rendimientos políticos.

 

Se trata solo de una parte de la derecha, cada vez más pequeña probablemente. Son siempre los mismos personajes, las mismas intenciones aviesas, las mismas malas artes. Da igual que las encuestas favorezcan ahora sus intereses. No se fían. Quieren asegurar el resultado, como sea. Aún a riesgo de quedar en evidencia ante una sociedad cada vez más harta de tanto cainismo estéril.

 

El ejercicio de la oposición exige el seguimiento crítico de la acción del Gobierno, y la denuncia firme de cualquier acción irregular o contraria al interés general. Pero esto es una cosa y otra bien diferente es organizar un montaje abyecto con la finalidad exclusiva de destruir la imagen pública de un adversario. Poner en cuestión la honestidad de un responsable público y sembrar dudas en la sociedad sobre el comportamiento moral de sus gobernantes, sin una base mínima de realidad, resulta una bajeza lamentable.

 

Durante los últimos días, la caza al hombre se ha convertido en un tiro al blanco. El enésimo montaje de los de siempre ha tratado de vincular al Ministro de Fomento, José Blanco, en la operación “Campeón”, una trama relacionada con la captación irregular de subvenciones públicas en Galicia. El principal organismo público afectado es el Instituto Gallego de Promoción Económica, perteneciente a la Xunta de Galicia, gobernada por el PP, no por el PSOE, no por Fomento. Entre los detenidos y los imputados por la Justicia, de hecho, hay cargos públicos del PP, no del PSOE, no de Fomento.

 

Pero tales hechos no han arredrado a los profesionales del tiro al blanco. Para cargar sus armas han aprovechado la desesperación y los pocos escrúpulos de un empresario encarcelado por corrupción, Jorge Dorribo, y la experiencia en estas lides de su abogado, Ignacio Peláez, asesor jurídico a su vez de algunos implicados en la trama Gürtel, y procesado en su día por presunta falsificación de pruebas en el juicio de los “Albertos”.

 

Dorribo ha “declarado” supuestamente que sobornó al Ministro para “facilitar” unas ayudas de los Ministerios de Hacienda y de Sanidad. Pero resulta que no hubo ni “facilitación”, ni hubo ayudas de Hacienda o de Sanidad, ni nada de nada. De hecho, no hay caso. Nunca lo hubo.

 

Pero, qué importa el caso. Lo que importa es colocar al adversario en el disparadero y hacer ruido. Para hacer daño. Y se equipara al Ministro, sin mácula judicial, con el expresidente valenciano, procesado por desviar dinero público a una red de sinvergüenzas. Y se aprovecha para intentar enturbiar el proceso transparente y limpio de concesionar los aeropuertos de Madrid y Barajas, una iniciativa en la que está en juego la eficiencia de infraestructuras estratégicas para la competitividad de la economía española. Para salpicar de barro al Ministro, son capaces de enlodar el país entero.

 

Hace bien Blanco con buscar el amparo de la Justicia. Yo pido algo más. Yo pido desenmascarar a los “montajistas” de una vez por todas. Exigirles responsabilidad por todo el daño infligido, a sus “blancos” y a la sociedad española. Y erradicar de una vez por todas de nuestro panorama político esta práctica inmoral de la caza al hombre.

 

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CONFERENCIA ÚTIL

La Conferencia Política del PSOE ha sido útil, para el propio partido socialista y para los ciudadanos españoles que afrontan uno de los procesos electorales más decisivos de nuestra historia reciente. Se necesitaban análisis rigurosos y valientes, sin eludir la autocrítica, y los ha habido. Se requerían ideas y propuestas para abordar los problemas con confianza, y no han faltado. Se echaba de menos una determinación clara para que la izquierda no diera la batalla por perdida, y los socialistas han demostrado voluntad de ganar. “No voy a dejarme ganar”, ha enfatizado Rubalcaba, y hacía falta un mensaje así.

El Partido Popular pretende un debate electoral sin debate, y una campaña sin campaña. Tan solo busca que los días vayan pasando, sin controversias que les obliguen a definirse, sin polémicas que puedan despertar al electorado ajeno, sin discusiones que alteren el discurrir favorable del tiempo. Es un fraude. Han renunciado a exponer sus ideas y su programa, y quieren ganar por simple exclusión del contrario. Pero la situación es lo suficientemente grave, y los retos del futuro son de una envergadura tal, que la ciudadanía merece un debate franco, con todas las cartas encima de la mesa, antes de confiar el gobierno a unos u a otros.

El partido socialista no lo tenía fácil. Resulta complejo señalar caminos nuevos cuando has estado al volante durante los últimos años y los resultados no han sido los esperados. Pero los ciudadanos se hacen preguntas. ¿Cómo vamos a superar la crisis? ¿Volveremos a crear empleo? ¿Podemos sostener las políticas de bienestar? ¿Cómo las vamos a pagar? ¿Qué ocurrirá con los impuestos? ¿Hasta dónde llegarán los recortes para atajar el déficit? ¿Qué futuro espera a la educación pública? ¿Y a la sanidad? Son preguntas que requieren respuestas. El PSOE está dando a conocer las suyas. El PP no.

La Conferencia de los socialistas ha indicado cinco grandes líneas de trabajo para el Gobierno de España que salga de las urnas el próximo 20 de noviembre.

1. La primera prioridad es recuperar actividad económica y empleo. Para ello es preciso acompasar el ritmo del ajuste en el déficit con políticas públicas de estímulo a la demanda. Controlar la deuda es importante. Reactivar la economía y crear puestos de trabajo es más importante aún. Hay que profundizar las reformas competitivas y hay que fomentar el empleo con recursos públicos.

2. Blindar el Estado de Bienestar, estableciendo un catálogo de prestaciones mínimas y marcando límites a los procesos de privatización emprendidos en algunas comunidades autónomas. Calidad y equidad para los servicios públicos de la educación, la sanidad y la dependencia.

3. Una nueva política fiscal que asegure recursos suficientes para atender los dos objetivos anteriores. ¿De dónde obtener el dinero? De quienes lo tienen. Impuestos a los grandes patrimonios, más impuestos a las rentas del capital (SICAV), impuestos a los beneficios de la banca, impuestos al alcohol y el tabaco para financiar la sanidad… Y guerra abierta al gran fraude fiscal.

4. Las críticas al funcionamiento de la democracia no pueden quedarse en la indignación, la inacción o la demagogia. Los ciudadanos quieren que la política democrática se imponga sobre otros poderes no democráticos, quieren más transparencia, más posibilidades de participación, más rendición de cuentas, más responsabilidad, más eficacia, más garantías frente a la corrupción. Y el catálogo de medidas es muy amplio en este sentido. Desde las retribuciones públicas limitadas en la ley hasta la Agencia para el control del Urbanismo y el Suelo, desde los presupuestos participativos hasta el diputado 351 en la defensa de las Iniciativas Legislativas Populares.

5. Más Europa. Porque los desafíos trascienden las fronteras nacionales, y las respuestas también deben hacerlo. Europa es referencia de civilización y de avance social en el mundo. Para seguir siéndolo debe reforzar su unión y debe crear un auténtico gobierno económico común. Los socialistas españoles están dispuestos a sacrificar soberanía nacional para avanzar en democracia y bienestar. Y hay que convencer al resto de los europeos.

La situación requiere pasar de la resignación a la esperanza, de la confusión a la confianza, del desánimo a la voluntad de pelear nuestro propio futuro. La Conferencia Política ha sido un buen paso en este propósito. Pero todavía quedan muchos pasos que dar hasta el 20 de noviembre.

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