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Archive for 27 septiembre 2009

Es legítimo discrepar del Gobierno acerca de la subida moderada y temporal de algunos impuestos. Ahora bien, el Gobierno ha demostrado con las cifras en la mano que tal medida es necesaria para mantener el gasto social y la inversión productiva, con unos niveles de deuda pública soportables. Por lo tanto, quien rechace este aumento en los ingresos del Estado, debe explicar también de qué gastos está dispuesto a prescindir.

El Gobierno ha previsto recaudar unos ingresos anuales extras de 11.000 millones de euros. En consecuencia, los recortes a proponer por quienes se oponen a la actualización impositiva han de afectar a las grandes partidas de gasto, en una cifra equivalente. Para facilitar la tarea de los críticos con ánimo legítimo, se me ocurre la siguiente encuesta:

  • Recorte en el gasto correspondiente a las prestaciones destinadas a los desempleados: …………….. euros.
  • Recorte en el gasto correspondiente a las prestaciones destinadas a los pensionistas:………………euros.
  • Recorte en las transferencias comprometidas con las Comunidades Autónomas para soportar los gastos en sanidad, en educación y en servicios sociales:………………. euros.
  • Recorte en las inversiones productivas, infraestructuras e I+D+i, para mejorar la productividad, reactivar la economía y generar empleos:…………….. euros.
  • Recorte en las ayudas, subvenciones y ventajas fiscales para las empresas comprometidas en la generación y el mantenimiento del empleo:…………….. euros.
  • Recorte en el gasto correspondiente a la Justicia, la seguridad y la defensa:………………. euros.
  • Aumento del déficit del Estado y de la deuda pública:……………….. euros.
  • SUMA: 11.000 millones de euros.

Cabría una segunda encuesta para clarificar definitivamente las posiciones de unos y otros. Nuestro entorno nos ofrece modelos muy dispares de sociedad en función de los niveles de presión fiscal aplicados. Por tanto, sería interesante también que aquellos que plantean críticas honestas a las subidas de impuestos en nuestro país, eligieran coherentemente en qué grupo de naciones (con sus correspondientes niveles de vida) quieren situar a España (con una presión fiscal del 32% sobre el PIB):

  • Alemania, Francia y Dinamarca: presiones fiscales cercanas al 40%.
  • Marruecos, Irlanda y Eslovaquia: presiones fiscales por debajo del 30%.

Los críticos que respondan a esta encuesta (u otra similar) merecen ser atendidos. Los demás solo merecen el rechazo propio de los discursos oportunistas, demagógicos y manipuladores.

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En las sociedades democráticas complejas, política y comunicación juegan papeles claves, diferenciados, pero interdependientes. Las fuerzas políticas, de gobierno y de oposición, necesitan de los medios de comunicación para trasladar sus mensajes con eficacia a la ciudadanía, y los grupos mediáticos requieren a los políticos a la vez como fuentes informativas y como instancias reguladoras en su ámbito empresarial. La transparencia, la autonomía en el ejercicio libre de las funciones propias, y el respeto a quien hace uso legítimo de tal libertad en el negociado de enfrente, constituyen los ingredientes teóricos para una relación normalizada.

 

El ejercicio mutuo de influencias forma parte del juego habitual en este marco de intereses cruzados y dependencias mutuas. Los políticos procuran influir en las líneas editoriales y en el tratamiento que los medios dan a las informaciones más sensibles, y los medios de comunicación hacen uso de sus páginas y sus micrófonos para influir en las decisiones que adoptan los políticos. Cuando este juego se mantiene dentro de los márgenes ya mencionados de la transparencia, la autonomía y el respeto, todo queda en una sucesión lógica y previsible de encuentros y desencuentros.

 

Los problemas llegan cuando el juego legítimo de las influencias se convierte en presión o en injerencia inaceptable. La tentación se produce cada día, en todas las sociedades avanzadas y en los dos sentidos. Sin descender al análisis de los países no democráticos, podemos acudir al paradigma italiano, donde Berlusconi usa y abusa de su doble condición de primer ministro y de empresario de la comunicación para blindar sus desmanes ante la opinión pública. Pero no es preciso viajar tan lejos para encontrar ejemplos de intromisión negativa entre los mundos de la política y la comunicación.

 

Todos recordamos las operaciones orquestadas por el Gobierno de Aznar y Álvarez Cascos, regulando “el fútbol de interés general” y presionando a una multinacional recién privatizada para crear problemas a un grupo mediático que entendían adverso a su política pro-Bush. Y algunos recordamos también, en sentido contrario, como desde determinados medios de comunicación se participó activamente en el debate interno del PSOE para quebrar la influencia ejercida por Guerra y sus afectos a favor de las políticas más progresistas.

 

Durante estos días ha vuelto a ponerse de actualidad este debate, como consecuencia de una doble acción: la aprobación por el Gobierno de un Decreto que abre la vía a la TDT de pago, y la reacción virulenta de los responsables de un grupo de comunicación que interpretan esta decisión como un cambio en las reglas de juego con una grave incidencia empresarial, negativa para ellos, positiva para otros. Este grupo ha protagonizado además durante estas semanas una ofensiva intensa de cuestionamiento a la política general del Gobierno, a pesar de que hasta ahora, y más allá de diferencias puntuales, las coincidencias de criterio habían superado en mucho a las disidencias. En esta ocasión, aparentemente, el desencuentro ha llegado al riesgo de quiebra, y ha causado preocupación en muchos ciudadanos progresistas, seguidores del partido y usuarios habituales del medio.

 

Es cierto que puede achacárseme parcialidad en el análisis, dado que formo parte del Grupo que apoya al Gobierno y que he votado la convalidación del Decreto de marras, pero creo que  merece la pena hacer un esfuerzo por superar la situación. Por el bien de los interlocutores de hoy, y por el bien del funcionamiento del propio sistema democrático, que se resiente indudablemente ante conflictos de esta naturaleza. Por parte del Gobierno cabría, a mi juicio, un ejercicio de explicación en sus planes para el conjunto del espectro audiovisual, procurando atenuar los perjuicios que pudieran derivarse para una u otra empresa desde el diálogo y el acuerdo, salvando siempre, eso sí, el interés general. Y, quizás, por parte del grupo mediático en cuestión cabría asimismo un esfuerzo de participación dialogada en la configuración futura de todo un sector, en el que predominará necesariamente la actualización tecnológica constante y la competencia regulada pero abierta entre los diversos operadores. También podría pedirse una diferenciación más evidente y nítida entre las estrategias empresariales y las líneas de opinión editorial.

 

Este asunto se solucionará. Seguro. Me consta que ya se está trabajando en ello. Y surgirán nuevos roces, nuevos conflictos, entre el PSOE y este grupo progresista, entre el PSOE y otros grupos, entre otros partidos y estos u otros grupos… Es parte del paisaje democrático. Lo que realmente importa en términos de calidad democrática y de garantía en las libertades públicas es que las relaciones entre políticos y comunicadores discurran por los cauces ya citados de la transparencia, la autonomía y el respeto mutuo.

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LA TARIMA DE FIERABRÁS

TarimaLa Presidenta de la Comunidad de Madrid ha ordenado dotar a cada profesor de una tarima a fin de consolidar su autoridad, mejorar la calidad de la enseñanza y acabar definitivamente con el fracaso escolar. Habiendo tantos problemas por resolver y tantas necesidades por cubrir, sería una lástima que esta espléndida idea de Esperanza Aguirre se limitara tan solo al ámbito educativo. Ahí van algunas propuestas para aprovechar debidamente el ingenio de la “lideresa”.

 

  • Tarima portátil de aglomerado para cada desempleado, con objeto de que pueda ofrecer sus servicios de empresa en empresa con dignidad y altura de miras.
  • Tarima fácil de quemar para cada madrileño que no llegue a fin de mes, con objeto de que pueda alcanzar los frutos de los árboles en primavera y tenga leña con que calentarse en el invierno.
  • Tarima de nogal y marfil para cada autónomo en su búsqueda de financiación, con objeto de que demuestre la solvencia debida ante el banquero encargado de aprobar los préstamos.
  • Tarima con canadiense para cada joven sin vivienda, con objeto de se instale cómodamente en los parques públicos o bajo los puentes de la región en tanto bajan los precios.
  • Tarima aséptica para cada paciente en lista de espera en los hospitales de Madrid, con objeto de que pueda beneficiarse del aire puro de las alturas mientras le llega el turno para ser atendido.
  • Tarima con barrera de colores para cada familia con niños sin plaza en la escuela infantil, con objeto de que el padre o la madre puedan cuidarlos cómodamente en sus lugares de trabajo.
  • Tarima con prismáticos y kit de espionaje para los miembros del Gobierno autonómico, con objeto de que puedan vigilarse unos a otros sin entretener a los policías en menesteres que no les son propios.

 

No sé si todas estas medidas serán del todo efectivas, pero seguro que al menos impulsamos la industria maderera y los servicios de carpintería.

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BuzonDurante muchos años, el neoliberalismo fue considerado como algo más que una simple opción entre la mayor parte de los analistas y gestores económicos. El neoliberalismo era la religión imperante. Las ideologías habían muerto, la historia había llegado a su fin, y el mundo había alcanzado su cénit con la sociedad de mercado y el dogma liberal. Los heterodoxos eran tachados de ignorantes o extremistas. La fe liberal admitía conversos, pero no herejes.

 

Hasta que el dogma liberal se dio de bruces con la realidad del crack financiero. Ningún sector había llegado tan lejos en la aplicación de sus recetas desreguladoras como el sistema financiero internacional. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. La burbuja de la especulación y la codicia sin control estalló, llevándose por delante más de 25 millones de puestos de trabajo y sumiéndonos en la mayor crisis de la economía real desde el desastre de 1929. Algunos de los obispos liberales llegaron a admitir la necesidad imperiosa de “un paréntesis en la economía de mercado” mientras se afrontaba el estropicio. El dogma fracasó, pero el catecismo liberal sigue vivo y algunos de sus sacerdotes siguen aferrados a sus preceptos contra toda lógica y razón.

 

Ahí esta Rajoy. Su apego por la comodidad debe impedirle la lectura de otro libro. El catecismo liberal le sirve para todo. Le sirvió en tiempos de bonanza económica y le sigue sirviendo sin apenas matices para los tiempos de la crisis. La letanía se asemeja al rezo del rosario: bajada de impuestos, reducción de gasto público y reformas desreguladoras. Y como ocurre con muchos seguidores de algún otro catecismo, la reiteración del sacramento no obsta para actuar en sentido contrario a lo que se recita. Porque allí donde gobierna, como ocurre en Madrid, el PP sube los impuestos (acaba de recuperar la tasa de basuras), eleva el gasto público improductivo (por ejemplo en publicidades) y resulta más intervencionista que Stalin (que se lo pregunten a los dirigentes de la Cámara de Comercio o a los responsables de Cajamadrid).

 

Pero me preocupan más los otros. Me preocupa esa legión de supuestos “analistas”, “especialistas” y burócratas varios, que aparecen en radio y televisión inoculando sus dogmas periclitados bajo la coartada de la “técnica”, que suscriben informes tan faltos de rigor como sobrados de prejuicio liberal, que proponen regulaciones para dejar de regular ignorando la repercusión laboral y social de sus actos, que se entusiasman con la aplicación ortodoxa de las directivas liberalizadoras que vienen de Europa cuando en toda Europa se resisten a aplicarlas en defensa de sus mercados… Estos son los peligrosos.

 

Solo dos ejemplos derivados de mi trabajo parlamentario más reciente. Primero la ley “Omnibus”, un texto en general positivo que pretende transponer una directiva europea de liberalización de servicios. La directiva original excluye a muchos sectores del mercado, por ejemplo taxis y alquiler de coches con conductor. Pero a alguien se le ha ocurrido que los españoles hemos de ser más papistas que el papa en la aplicación del catecismo. Y allí donde no hay un problema, ni de productividad, ni de calidad del servicio, ni de precios, ni de reclamaciones ciudadanas, pueden generar un conflicto de consecuencias sociales importantes. Si este sector funciona razonablemente con un sistema de autorizaciones limitadas y de condiciones reguladas para la prestación del servicio, ¿por qué empeñarse en promulgar la ley de la selva?

 

Segundo ejemplo, el servicio postal. Antes del año 2011 está previsto transponer en todos los países de la Unión una norma que liberaliza el servicio y abre la actividad para todas las empresas interesadas en el negocio. ¿Qué ha hecho Alemania? Blindar su servicio público de correos (150.000 empleados). Ha establecido como requisito “sine qua non” para las nuevas empresas del sector unas condiciones laborales equivalentes a las del sector público. ¿Qué ha hecho Francia? Blindar su servicio público de correos. Le ha atribuido oficialmente el “servicio postal universal”, garantizándole una subvención pública suficiente para los próximos 15 años. ¿Qué plantean los tecnócratas del catecismo en  España? Desregulación total. Empresas sin condiciones organizativas ni condiciones laborales reguladas que puedan hacer negocio fácil, utilizando incluso los recursos de la red pública. ¿Y Correos? “Que sea más competitivo”, se le dice. ¿Y cómo lograrlo?, cabría preguntar. ¿Precarizando el trabajo de sus 67.000 empleados o suprimiendo el servicio en las miles de urbanizaciones y pequeños municipios que hoy disponen de oficina, buzón y cartero?

 

Hay muchos más ejemplos. Y hay que pararles.

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TRANSFUGUISMO ERES TÚ

logo PP¿Qué es Transfuguismo?, dices mientras clavas

En mi pecho tu gaviota azul.

  

¡Qué es Transfuguismo! ¿Y tú me lo preguntas?

Transfuguismo eres tú.

 

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Obama

  • Porque con su proyecto de sanidad pública universal se ha enfrentado a las todopoderosas aseguradoras médicas, acostumbradas desde siempre a hacer bailar a los políticos al son de su música.
  • Porque con su decisión de poner límite temporal a la presencia militar USA en Irak (que extenderá a Afganistán en cuanto pueda) pone en peligro los intereses del conglomerado industrial armamentístico que procura guerras para dar salida a sus productos.
  • Porque con su estrategia decidida contra la vulneración de derechos humanos desde la propia administración ha cortado las alas a agencias privadas de mercenarios que, desde Pinkerton hasta Blackwater, siempre obtuvieron dinero y luz verde.
  • Porque con el cierre de la ignominia de Guantánamo ha izado una bandera en favor del Estado de Derecho y de la decencia en la vida pública, amenazando los planes de quienes en los USA siempre hicieron uso instrumental de tales principios.
  • Porque con su apuesta por la lucha contra el cambio climático y las energías renovables está proyectando una sombra sobre los negocios de las petroleras que acostumbran a dictar la geopolítica de los USA.
  • Porque con su empeño por introducir límites a la codicia criminal en el funcionamiento del sistema financiero está acusando de inmoralidad y poniendo en evidencia a algunos de los poderosos halcones de Wall Street.
  • Porque con su política de búsqueda de la paz y de no condescedencia cómplice hacia Israel está poniendo pie en pared ante los muchos desmanes que comete el gobierno extremista en este país de Oriente Próximo. 
  • Porque con su rara costumbre de hacer lo que dice y decir lo que hace ha condenado sin matices golpes de Estado como el de Honduras, aún habiendo serias dudas sobre el papel que en este golpe han jugado algunas agencias de los USA.
  • Porque con su afán por desbloquear contenciosos y avanzar en el sentido de unas relaciones internacionales basadas en el diálogo ha desafiado a los grupos anticastristas más extremos con una tímida apertura en el tráfico de viajeros y mercancías con Cuba.
  • Y, sobre todo, porque nos ha devuelto la esperanza de un mundo en paz y en progreso, a pesar de quienes pretenden obtener del conflicto, de la miseria y del temor de muchos, su propio beneficio en forma de poder y riqueza.
  • Sí, he repasado la historia reciente de norteamérica y… temo por su vida.  

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prostitucion-prensaAún en las sociedades cosmopolitas de nuestro tiempo, la práctica del “oficio más viejo del mundo” sigue inmerso en un sumidero de sordidez, vinculado a la explotación vil de seres humanos, a la exclusión social más extrema y a la hipocresía de muchos pretendidos “bien pensantes”. Se han aplicado estrategias muy diversas para hacer frente a la problemática que ha acompañado siempre a esta actividad, desde la permisividad absoluta en los escaparates de Amsterdam, hasta la persecución penal de meretrices y clientes en los países nórdicos. Y podemos afirmar que todas ellas han fracasado en una y otra medida, porque la explotación, la marginalidad y la estigmatización social persisten, tras los escaparates, en los parques o en los locales de lujo.

Existen dos grandes modelos en el debate sobre el tratamiento de este fenómeno, que encuentran adeptos furibundos y detractores igual de radicales, tanto en la izquierda como en la derecha, en un ejercicio un tanto insólito de transversalidad. Por una parte están los “abolicionistas”, que se apoyan en argumentos morales y basados en los derechos humanos, para exigir medidas que conduzcan al fin de la prostitución, como actividad que denigra la dignidad de la mujer y reproduce el sometimiento histórico del género femenino al masculino. La inmensa mayoría de quienes ejercen la prostitución, arguyen, son mujeres extorsionadas por mafias que trafican con seres humanos.

Por otra parte están los “regulacionistas”, que aducen la razón práctica de la experiencia para reclamar unas normas de funcionamiento garantista para una actividad que ha existido, que existe y que existirá mientras haya quien esté dispuesto a pagar por un servicio sexual y mientras haya quien esté dispuesto a proporcionar ese servicio a un precio convenido. Hagamos, pues, proponen, que esta actividad inevitable se ejerza en las mejores condiciones para los trabajadores del sexo, para sus clientes y para el resto de la sociedad, que no debe sufrir las consecuencias negativas de su práctica en lugares o momentos que resulten molestos.

Hemos de reconocer que ambos planteamientos están basados en razones a tener en cuenta, si bien existe un elemento en la primera de las posiciones que busca (y no sé si logra) la deslegitimación de la segunda. Me explico. Si aceptamos como cierta la aseveración de que la inmensa mayoría de quienes ejercen la prostitución no lo hacen libremente, sino impelidos por una extorsión ilegítima y punible, el modelo “regulacionista” resulta difícil de defender. No obstante, lo seguidores de esta última posición, sin negar la existencia evidente y perseguible de proxenetas y redes de tráfico de mujeres, defienden que al tiempo sigue habiendo personas que optan sin presión alguna por esta actividad.

En cualquier caso, la actitud rechazable de plano es la puramente hipócrita. Es la actitud de quien en una página del periódico se escandaliza por la falta de principios morales en la compra-venta de seres humanos, mientras en otra página alimenta la caja registradora anunciando “chochos a estrenar”. Es la actitud de quienes exigen de las instituciones que “limpien” su barrio de gentes de mal vivir, pero ni saben ni preguntan qué ocurre con esas gentes cuando las desplazan a otro barrio o cuando “malviven” bajo cubierto. Por no hablar del ejército de inanes (en su mayoría hombres) que mantienen engrasado el negocio del consumo de carne humana, cuanto más exótica mejor, aún conociendo que, en la mayoría de los casos, esa carne pertenece a un alma secuestrada y violentada.

Aún siendo difícil definirse, sin incurrir en error y sin ofender a alguien, arriesgaré un criterio triple para afrontar el problema. Primero, intensifiquemos la persecución de las redes que trafican con seres humanos para explotarlos. Si hemos sabido asfixiar las redes terroristas, podremos también con estas. Segundo, generalicemos las iniciativas sociales como estímulo y garantía para arrebatar a las víctimas de las garras de la marginalidad prostituida. Y tercero, allí donde se compruebe fehacientemente que tan solo existe una transacción comercial entre personas mayores de edad y de voluntad libre, establezcamos unas normas mínimas para asegurar que nadie salga perjudicado.

¿Podría valer?

(imagen: blog nosotrasiguales.wordpress)

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