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Archive for 31 agosto 2009

La fiscalidad ha sido siempre uno de los elementos predilectos para el debate en el seno de la izquierda. Durante los últimos Congresos del PSOE se impuso una posición pragmática. La izquierda no respaldaba dogmáticamente ni la subida generalizada de impuestos ni los recortes indiscriminados en la presión fiscal. Los socialistas plantearíamos aumentos o descensos de la fiscalidad dependiendo del contexto económico, a partir de unos principios irrenunciables: la suficiencia, la progresividad y la justicia social. Buscamos el crecimiento económico, el empleo de calidad y la equidad social. Y si para ello es preciso subir unos impuestos y/o bajar otros impuestos, no nos pararíamos en prejuicios ideológicos periclitados.

 

En virtud de esta filosofía, los socialistas hemos ejecutado durante los últimos años desde el Gobierno de España importantísimos recortes sobre los principales impuestos. En un contexto de crecimiento económico fuerte y de superávit en las cuentas públicas parecía sensato aliviar determinadas cargas fiscales para consolidar la actividad y el empleo. Del mismo modo, a nadie debería extrañar que ahora, en un contexto de recesión económica y de grave descenso en los ingresos del Estado, se plantee una subida “moderada y temporal” en algunos impuestos, para poder financiar las políticas de estímulo a la demanda y las medidas de protección social ante los más desfavorecidos. Si lo primero era propio de una izquierda moderna y sensata, lo segundo me parece imprescindible para una izquierda igualmente sensata y comprometida.

 

Las declaraciones de José Blanco durante este verano, por tanto, están cargadas de razón. Y debemos recordar que no solo las ha pronunciado en calidad de Ministro del Gobierno de España, sino también como Vicesecretario General del PSOE. La argumentación que sostiene su propuesta de elevación de algunos impuestos es diáfana e incontestable. Si algo hemos aprendido de la crisis gravísima que padecemos es que las tesis defensoras de un papel reductor del Estado han resultado clamorosamente fallidas, hasta el punto de que alguno sus más ilustres voceros vienen reclamando “un paréntesis en la economía de mercado”. Necesitamos un Estado presente, activo y con instrumentos eficaces para recuperar la fluidez crediticia, para promover la actividad con inversión pública, para proteger el empleo, para estimular los factores que cimentarán un nuevo modelo productivo más estable y más sostenible (la educación, la formación, la I+D+i), para sostener unas políticas sociales eficaces…

 

Y el Estado necesita recursos para financiar estas acciones. ¿De dónde obtenerlos? Los recursos propios ahorrados durante los ejercicios de superávit se han agotado. Los niveles de endeudamiento y déficit alcanzan cotas más que significativas, muy criticadas desde la derecha por cierto. ¿Qué otras opciones existen? Hacer uso de la política fiscal, desde luego. Con “moderación y temporalidad” si se quiere. Sin excesos. Sin castigar a las rentas bajas y medias, que sufren las consecuencias de la crisis con especial intensidad. Sin poner en riesgo el emprendimiento empresarial y la reactivación económica. Pero si el Estado necesita recursos para atender el interés general, debe obtenerlos de donde los hay.

 

Actuar fiscalmente sobre las rentas más altas y sobre las rentas del capital, aplicando a la vez límites severos para los premios y bonificaciones que se adjudican algunos de los grandes ejecutivos, supondría actuar en línea con los países más avanzados del mundo, como Estados Unidos o Alemania. Actualizar en clave de progresividad algunas de las ventajas fiscales más recientes, como los 400 euros del IRPF o los 2.500 por nacimiento, tampoco parece desatinado. Y revisar las llamadas SICAV, las sociedades mediante las que los más adinerados orillan sus obligaciones con el fisco, me parece hasta obligado y con retraso. También resultaría sensato aplicar criterios ambientales en la determinación de algunos tipos impositivos, con el objeto de contribuir a la lucha contra el cambio climático.

 

La mejor prueba de que este planteamiento no es ninguna locura se encuentra en el diferencial que aún mantiene la fiscalidad española respecto al resto de la Unión Europea. Según los datos suministrados el pasado mes de junio por Eurostat, la presión fiscal estaba durante 2007 en el 37,1% sobre el PIB, por debajo de la media europea (39.8%) y muy lejos de la media en la eurozona (40,4%). Es verdad que algunos países aplican menos impuestos a sus ciudadanos, pero quizás algún día los españoles tendremos que optar entre las condiciones de vida de suecos y daneses (por encima del 48%) y la realidad de rumanos y eslovacos (por debajo del 35%).

 

Resulta llamativa la demagogia con la que la derecha actúa en este ámbito. El PP español no es una fuerza política de discurso liberal coherente. Solo son liberales en relación a los ingresos públicos, pidiendo desde la oposición recortes de impuestos que no practican donde gobiernan. Sin embargo, en lo relativo al gasto público son insaciables. Cada día reclaman al Gobierno más ayudas públicas para todos los sectores económicos, más subvenciones a los empresarios, más infraestructuras públicas en todos los municipios de España, y más políticas sociales también (cuando no son ellos quienes las han de financiar y gestionar). La física impide la acción simultánea del sorber y el soplar. Pero a la derecha española le da lo mismo. Sorben reclamando recortes fiscales, y soplan pidiendo más y más gasto público.

 

En definitiva, las decisiones sobre nuestra fiscalidad en estos tiempos de tribulación requieren de mucho estudio, de sosiego y de sentido común. Ahora bien, si en su día se entendió razonable prescindir de prejuicios ideológicos para rebajar impuestos porque esto era lo sensato, cabe esperar que esos y otros prejuicios no impidan actuar en estos momentos con la misma sensatez pero en sentido contrario.

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AtletiEl fútbol es uno de esos acontecimientos sociales que resultan incómodos de valorar desde la política. Si uno se manifiesta como un forofo más, corre el riesgo de aparecer como un frívolo ante la magnitud de los problemas que sufre la gente cada día. Si, por el contrario, se mantiene una distancia crítica con lo que a fin de cuentas solo es un pasatiempo quizás sobrevalorado popularmente, puede pasarse uno de listo y aparecer como un bicho raro. Si uno dice que es del Madrid, se pueden cabrear los del Barça, y a la inversa también…

Yo lo digo con claridad. Me gusta el fútbol. Y soy del Atleti. Sin exagerar. Sin frivolizar. Y sin esconderme en un cinismo intelectualoide absurdo. El fútbol puede analizarse como un deporte que provoca actitudes saludables y valores positivos. También puede tratarse como un espectáculo y un negocio que demasiado a menudo esconde prácticas repochables. Y debe considerarse, desde luego, como un fenómeno de masas que mueve sentimientos y voluntades, con resultados a veces  buenos y otras veces no tanto. Este es el marco de aproximación para un político que busca la regulación sensata y la administración positiva.

Ahora bien, desde el punto de vista del ciudadano de a pie, el fútbol es emoción. Parece mentira, pero esos once chavales de corto tienen el poder de provocar alegrías y tristezas al por mayor cada jornada entre millones de seres humanos. El fútbol es identidad, porque está en nuestro código genético el buscar el calor de la tribu, de los iguales, de los tuyos. El fútbol da rienda suelta a nuestra competitividad más acendrada, porque el ganar y el perder también es una faceta ineludible del ser social. El fútbol es ocio, es adrenalina, es una oportunidad para compartir padres, hijos y amigos, es una excusa para eludir el estrés, para aparcar los problemas y para disfrutar sin más preocupación que el juego de los tuyos. El fútbol es, por qué no decirlo, belleza plástica, en la televisión y sobre todo en el campo, en el hacer de los jugadores y en el coro de almas que animan a su equipo desde las gradas…

No todo es fiesta. También hay que decirlo. El dinero que mueve el fútbol, en algunos fichajes y en algunos sueldos, resulta impúdico en tiempos de dificultad. Soy firme partidario de revisar las ventajas fiscales injustificables que disfrutan los jugadores extranjeros en nuestro país. Y hay nichos de violencia e intolerancia que se camuflan en las hinchadas del fútbol para inocular su veneno entre la gente. La policía está tras ellos y tenemos que perseverar. No me gusta la afición negativa, el anti-ismo, el disfrute más por el fracaso ajeno que por el éxito propio, ni anti-madridismo ni anti-barcelonismo. El martes pasado estuve en el Calderón viendo al Atleti ganar su plaza en Champions ante el Panatinaikos, y me pareció muy lamentable la actitud de los ultras (pocos pero ruidosos) silbando a Reyes, ¡un jugador de su propio equipo!, tan solo porque durante un tiempo jugó en el vecino equipo de Chamartín.

Como otros muchos padres, comparto la afición por el fútbol y por el Atleti con mi hijo. ¿Es un buen ejemplo el que predican sus protagonistas? Hay de todo, insisto, héroes y antihéroes, gente a emular y gente a criticar… Tan solo es preciso hablar de ello y discernir. Es cierto que de vez en cuando se escucha la voz de algún niñato presuntuoso y de algún presidente corrupto y lenguaraz. Pero por lo general en España, los grandes jugadores son también grandes personas, que cuidan su imagen pública, conscientes de que son el espejo en el que se miran millones de niños y jóvenes. Los Torres, los Agüero, los Raúl, los Iniesta, los Xavi, los Messi, son por lo general prototipos de deportistas esforzados, humildes y buenos compañeros…

Disfrutemos pues y… ¡Forza Atleti! A ver si nos toca este año…

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TCLa edición digital del diario EL PAÍS propone hoy a sus lectores una encuesta en torno a la siguiente pregunta: “¿Habría que aplicar los recortes al Estatuto de Cataluña que estime el Tribunal Constitucional?”. Esta singular iniciativa en uno de los diarios más influyentes del país constituye una muestra clara de que algo está fallando en el tratamiento político, mediático y social sobre el proceso de revisión del estatuto catalán en el TC. ¿Cómo es posible que se plantee siquiera la posibilidad de no aplicar las decisiones que “estime” el máximo órgano judicial del Estado sobre un texto legal? El planteamiento de tal posibilidad no es propio de un Estado de Derecho y, desde luego, no cabe en nuestra Constitución.

¿Qué ha ocurrido para que hayamos llegado a tal extremo? A mi juicio, desde el inicio del proceso de revisión estatutaria en Cataluña se ha producido una suerte de perversión en el debate. Lo que debería haber sido un debate de carácter funcional sobre la actualización del marco jurídico que ha de perminitir a las instituciones prestar mejores servicios a los ciudadanos, se convirtió desde un principio en un debate cargado de dramatismo en torno a las esencias identitarias de Cataluña y de los catalanes. Y, claro está, se otorgó tanta relevancia existencial a la redacción de algunos términos, en los límites de lo establecido por la Consitución, y al margen del debate ciudadano real, que ahora se percibe como un drama cualquier matización por parte de la instancia que jurídicamente puede hacerlo.

Ahora vienen los agobios preventivos. Resulta lógico que las fuerzas políticas integrantes del gobierno catalán esperen una sentencia que corrobore la constitucionalidad del estatuto. Resulta lógico, aunque poco presentable, es verdad, que la fuerza política que apoyó el estatuto y que ahora no gobierna en Cataluña frote sus manos ante la perspectiva de que el TC ponga en aprietos a sus adversarios a solo unos meses de las elecciones autonómicas. Pero hay algunas reacciones fruto del agobio preventivo que no tienen ni lógica ni justificación.

No son lógicas ni justificables las presiones más o menos explícitas y más o menos groseras que se ejercen sobre el TC que actúa en el ejercicio de sus funciones constitucionales. No es lógica ni justificable la actitud una vez más histriónica de ERC que no habiendo respaldado en su día el estatuto en cuestión, se convierte hoy en su adalid haciendo uso de amenazas intolerables, como la retirada de sus diputados del Congreso o la denuncia de un “choque de legitimidades”. Tampoco puede justificarse el planteamiento del portavoz de la Generalidad, Joan Saura, que apuesta por desarrollar el estatuto al margen de las decisiones del TC, aún sabiendo que sus resoluciones son de obligado e ineludible cumplimiento en nuestro Estado de Derecho.

En este contexto de agobios preventivos, el Presidente Montilla, hombre generalmente ponderado en sus declaraciones y en sus hechos, ha realizado una advertencia que resulta muy difícil de entender: “El Estatuto, además de una ley orgánica, es un pacto político. Y los pactos políticos no los pueden tumbar los tribunales”. Esta expresión no responde a la legalidad establecida en nuestro Estado de Derecho. Los estatutos, el catalán y todos los demás, son leyes, y las leyes están sometidas a la revisión constitucional por el TC. Así son las cosas, para Cataluña, para Andalucía y para La Rioja, con pacto político o sin pacto político, con referendum o sin referendum… Nada ni nadie están por encima de la Constitución y del imperio de la Ley en un Estado de Derecho. Las sentencias del TC se acatan. Y punto. Para esta ley igual que para todas las demás. En lo que concierne al autogobierno de Cataluña y en lo que concierne a todo lo demás. Otro debate es el relativo a cómo ha de interpretarse y cumplirse lo establecido por el TC en su sentencia. Ahí si puede haber juego. Y es ahí donde, llegado el momento, deberán centrarse las instituciones y las fuerzas políticas para cumplir con las determinaciones del tribunal atendiendo al interés general.

Otro planteamiento difícil de entender es el que ha hecho en río revuelto el consejero Maragall, condicionando de alguna manera el futuro de la relación PSOE-PSC a una conclusión positiva para la Generalidad en la sentencia del TC sobre el estatuto. No debe interpretarse más que como una salida de tono en un contexto estresado como el que vive la política catalana en estos momentos. Quienes comprobamos en el día a día la actitud y el comportamiento de facto de los diputados socialistas catalanes en el seno del grupo parlamentario socialista de las Cortes Generales, no tenemos duda alguna de que hay una voluntad clara de mantener las cosas como están. Porque si hay quienes piensan, con razón, que el PSOE podría tener problemas sin el respaldo del PSC, seguro que serán conscientes también de los problemas por los que atravesaría el PSC sin el apoyo cerrado del PSOE, que ha recibido, recibe y recibirá.

En definitiva, sería razonable, en orden a atender las demandas ciudadanas de este momento difícil de estancamiento económico y desempleo, que los representantes públicos entabláramos debates inteligibles, más cargados de razones que de emociones, plenamente respetuosos con los procedimientos del Estado de Derecho, y sin dramas artificiales ni agobios preventivos. La sentencia llegará. Y se acatará. No puede ser de otra manera.

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Seguridad AéreaDurante estos días en los que se conmemora el primer aniversario del accidente del MD-82 en Barajas, los ciudadanos van a familiarizarse con tecnicismos tales como flaps, ralés, RAT, TOWS…Se multiplicarán los debates, las valoraciones y los comentarios, unos más rigurosos que otros, unos más interesados que otros. Algunos de los análisis pretendidamente concluyentes estarán condicionados por prejuicios corporativos, por intereses comerciales e, incluso, por objetivos políticos.

 

En este último capítulo han de archivarse las valoraciones precipitadas e innecesariamente alarmistas de los portavoces del PP, que antes incluso de leer el informe de la CIAIAC (Comisión de investigación de accidentes e incidentes de aviación civil) ya divulgaban conclusiones erróneas sobre supuestas deficiencias en la configuración de los sistemas de emergencia aeroportuaria en España, a pesar de que su regulación es de carácter internacional.

 

Ahora bien, las preguntas que importan a la gran mayoría de los ciudadanos que hacen uso habitual u ocasional del transporte aéreo son relativamente escasas y sencillas de responder.

 

¿Han sido debidamente atendidas las víctimas del accidente? Sí, lo han sido y lo están siendo, en su recuperación física, en el apoyo psicológico, en la defensa de sus derechos jurídicos, en la satisfacción de las indemnizaciones que les corresponden… El Gobierno ha seguido y ha respaldado muy de cerca la atención prestada a estas personas. Lo saben y lo reconocen los propios afectados.

 

¿Se está investigando lo sucedido y sus causas? Sí. En estos momentos hay abiertas dos comisiones de investigación. Una a cargo de la ya citada CIAIAC, destinada a determinar con carácter técnico las causas del siniestro, a fin de prevenir futuros accidentes. Y otra en el ámbito de la Justicia, con el objeto de establecer las eventuales responsabilidades. Ambas líneas de investigación cuentan con importantes recursos técnicos, tanto a nivel nacional como internacional, y la CIAIAC ya ha emitido dos informes provisionales, uno en febrero y otro el pasado 17 de agosto, adelantando algunas conclusiones e importantes recomendaciones para los fabricantes y los controladores del tráfico aéreo.

 

¿Se han adoptado medidas para evitar que vuelva a producirse un accidente semejante? Sí. El propio Ministro de Fomento ha comprometido la aplicación estricta de las recomendaciones dirigidas por la CIAIAC a la EASA (Agencia Europea de Seguridad Aérea), aprovechando la presidencia española de la Unión Europea durante el primer semestre de 2010. Fruto de las recomendaciones establecidas en el informe del mes de febrero, y en función de una directiva de EASA, la revisión de los sistemas de alarma de los aviones ya se produce antes de cada vuelo, y no una vez por la mañana, como ocurría con antelación al accidente. EE.UU. ha cambiado también sus normas en este sentido, y ha ordenado la revisión de sus manuales de vuelo y localización de averías. Los fabricantes ya han recibido las nuevas estipulaciones de calidad para evitar los fallos detectados. De hecho incluso, la compañía propietaria de aquel fatídico MD-82, Spanair, ha anunciado que se deshará de su flota de aparatos McDonnell Douglas (MD) “por razones de rentabilidad”.

 

¿Sigue siendo seguro viajar en avión? Sí. Estadísticamente hablando, el transporte aéreo sigue siendo el más seguro de todos. Según los datos de la AITA (Asociación Internacional de Tráfico Aéreo), que agrupa a 230 compañías de todo el mundo, la tasa de mortalidad en el transporte aéreo descendió un 56% en el año 2008 respecto al anterior 2007. De 692 víctimas mortales en 2007 (0,23 por millón de pasajeros) a 502 fallecidos en 2008 (0,12 por millón de pasajeros).

 

¿Hay garantías para que la generalización de los vuelos, la competitividad entre las compañías y los efectos de la crisis no afecten negativamente a la seguridad? Sí. El pasado mes de octubre entró en funcionamiento en España la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), que tiene como misión precisamente “la mejora del servicio público de ordenación, control e inspección del transporte aéreo” (RD 184/2008).

 

Según datos de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), solo el pasado mes de julio nuestros aeropuertos transportaron 20,4 millones de pasajeros mediante 215.000 movimientos. Son ya 106 millones de pasajeros en lo que va de 2009, frente a los 204 millones de todo 2008. España dispone de 203 aeródromos, entre los que deben destacarse 47 grandes aeropuertos, entre ellos Madrid (51 millones de viajeros al año) y Barcelona (30 millones). Para el control de todo este tráfico disponemos de 62 centros y torres de control, así como de 340 equipos que configuran la infraestructura técnica del sistema de navegación aérea.

 

La autoridad reside en un doble organismo dependiente del Ministerio de Fomento: la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) y la mencionada AESA, responsable operativo desde octubre de 2008. En menos de un año de funcionamiento, AESA ya cuenta con cerca de 700 profesionales a su disposición directa, además de un presupuesto de 54,7 millones de euros (36% de recursos propios) en el presente ejercicio. Con estos recursos AESA ha realizado más de 11.000 inspecciones sobre aeropuertos, compañías, aviones, técnicos, estructuras, organizaciones, operaciones… E incluso ha tenido tiempo para obtener un premio: “Proyecto Tecnológico del Año”, otorgado por Computer World, como reconocimiento a la calidad y funcionalidad del SIPA (Sistema Integrado de Procesos Aeronaúticos), creado por AESA.

 

El regulador español y sus órganos de inspección y control están inexorablemente integrados en una tupida red internacional que tiene sus principales referencias en las siglas EASA (para el cada día más real “cielo único europeo”) y la OACI (para el marco planetario).

 

La generalización del transporte aéreo, la multiplicación de los viajeros y las operaciones de vuelo, la competencia férrea entre compañías para captar clientes, el fenómeno de los “low cost” y el afán de recortar costes para sortear las crisis, constituyen nuevos retos para este conglomerado de instancias. La respuesta ya se está produciendo en forma de intensificación en la articulación de nuevas normas, y en la realización de inspecciones para asegurar que el aumento de actividades y el ajuste en los costes no supone detrimento alguno en las condiciones de seguridad.

 

En lo que importa de verdad al ciudadano y al usuario del transporte aéreo, para la confianza general, debemos significar que el establecimiento de una “cultura de seguridad” en todos los modos de transporte, especialmente en la navegación aérea, constituye una prioridad clave para el Gobierno de España, que se demuestra en el día a día.

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La+RegentaMillenniumHan sido varias las personas que me han llamado o me han remitido correos y sms comentando unas declaraciones mías para un reportaje televisivo “de verano” respecto a las lecturas propias de estos días de vacaciones. Ante la pregunta directa de la reportera respondí con toda sinceridad, sin calcular, como suele hacerse, qué convenía decir para adoptar una buena imagen. Acababa de terminar el clásico  “La Regenta” de Clarín, y me disponía a leer la segunda parte de la célebre serie “Millennium” de Larsson.

Se trata de un contraste curioso. Lo admito. Pero también confieso que me encanta comer un buen marmitako en “Casa Lucio”, sin que por ello deje de disfrutar atacando de vez en cuando una McRoyal de Luxe (con mucho ketchup) en el McDonalds de la esquina en compañía de mi hijo. Es verdad, me gusta combinar el deleite de la buena literatura de siempre con el consumo del bestseller del momento. Es más, me atrevería a aconsejarle a cualquiera esta afición.

Con el clásico alimentas el fondo de tu sabiduría, adquieres nuevos conocimientos, sumas vocabulario, te recreas en el arte de la buena escritura… Con el bestseller te sitúas on line con lo que lee, con lo que piensa y con lo que cita la mayoría, te dejas llevar glotonamente por los esquemas de la lectura fácil, la intriga, el suspense, los enigmas, las situaciones predecibles, los personajes buenos y malos, los héroes y los villanos,  la batalla entre la justicia y la injusticia, los finales felices… ¿Por qué renunciar?

Hace unos días leí unas declaraciones del escritor Ildefonso Falcones, autor de algunos bestseller históricos muy logrados. Decía que “la gente quiere que en las novelas ocurran muchas cosas, como en la vida”. En fin, no creo yo que la sucesión vertiginosa de hechos extraordinarios que se producen en muchas novelas -las suyas, por ejemplo- tenga algún parangón con el transcurrir de una vida normal en nuestros días. Eso espero. No obstante, niego la mayor. Y la Regenta, como tantos otros clásicos, me sirve para desmentir el aserto de Falcones.

Cada capítulo de Millennium constituye un compendio original de nuevas situaciones, a cual más interesante y sorprendente. Las mil páginas de la Regenta reflejan el devenir de un pueblo llamado Vetusta que se caracteriza precisamente por la monotonía de su vida social y porque rara vez ocurre algo que se salga de lo normal. Pero eso no obsta para que millones de lectores como yo durante más de un siglo hayamos devorado esas páginas con pasión y deleite.

Un amigo mío muy inteligente y buen lector, Ignacio Varela, cree disponer de la clave sobre el éxito de los buenos escritores. “Da igual lo que cuenten. Importan poco las historias, los escenarios y los hechos por describir. Ellos manejan las palabras como los buenos pintores manejan los colores. Utilizan los mismos sustantivos, los mismos adjetivos, los mismos artículos y preposiciones que tú y que yo. Y mientras tú o yo, en el  mejor de los casos, construimos un texto correcto en su definición y en su gramática, ellos te pintan las meninas…”.

¿Qué buscamos en una novela? Tramas, personajes, ambientes… Tramas que nos absorban. Personajes que nos sorprendan, que nos deslumbren, que nos hagan sentir y emocionarnos. Ambientes que nos transporten a épocas remotas, a países lejanos, a paisajes ignotos. El clásico ofrece el plus del arte y el poso de enriquecimiento personal. El bestseller aporta el plus del consumo fácil y la digestión rápida. ¿Por qué no ir combinando…?

Probablemente nunca olvidaré Vetusta, el pueblo imaginario del que se sirve Clarín para realizar una crítica tan genial como mordaz sobre la sociedad española de finales del XIX. La mística y voluble regenta, el todopoderoso magistral, el patético tenorio local, la marquesa lasciva, el ateo arrepentido, el indiano rico y analfabeto… El autor se sirve de estas piezas singulares para dibujarnos una España decandente, axfisiada por la opresión de la oligarquía, del clero, la nobleza y los caciques, incapaz de sobreponer la razón a la religión, la honestidad del progreso a la hipocresía de las convenciones anacrónicas, los pocos espíritus rebeldes a la general mediocridad, el gregarismo y la holgazanería.

Y posiblemente acabe olvidando los intrincados vericuetos de la trama urdida por Larsson entre la insociable Salander, el cuarentón Michael (en permanente crisis de madurez), la brillante Erika… en el seno de la cosmopolita y globalizada sociedad de Estocolmo, siglo XXI. Pero ¿y lo que me ha hecho disfrutar ese librito, en la tumbona, bajo la suave brisita de la playa, con una buena cervecita (sin alcohol)….?

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Movilidad sostenible en Madrid

Puerta SolLa inauguración de la estación de cercanías de la Puerta del Sol simboliza el impulso a la movilidad sostenible y el transporte público en Madrid. Las instalaciones de Sol están entre las más modernas y funcionales de Europa, y son un ejemplo del esfuerzo inversor del Estado para hacer de Madrid una de las regiones más desarrolladas y competitivas del continente.

Esta inversión señala a Madrid como la locomotora del esfuerzo para hacer de las infraestructuras y el transporte un factor clave contra la crisis y en el impulso a un modelo productivo basado en la innovación, la sostenibilidad, la vertebración territorial y la cohesión social. La apertura de Sol consolida a Madrid como un nodo estratégico en el desarrollo de las redes europeas de transporte y como un referente para el desarrollo de la intermodalidad.

Sol ratifica la apuesta permanente del Estado por las infraestructuras madrileñas. Hace poco se presentó el Plan de Extensión de Cercanías con el que, antes de 2015, Madrid tendrá 500 kilómetros de vías, 130 estaciones y 30 intercambiadores. No hay otra región europea con más del 90% de su población atendida por un servicio moderno de cercanías. En el marco de este plan, la región albergará el programa piloto para el acondicionamiento de los accesos ferroviarios en grandes áreas urbanas. El pasado 23 de junio se firmó el contrato entre Fomento y la concesionaria del Plan Chamartín, que invertirá más de 1.000 millones de euros en infraestructuras para Madrid.

La Comunidad es la primera región española en conectividad por AVE y, en los próximos años, también lo será de Europa: 18 ciudades ya están conectadas a la capital, y en 2010 se incorporarán Cuenca, Albacete, Requena-Utiel y Valencia. A tal fin está en marcha la ampliación de la estación de Atocha, que recabará más de 800 millones para duplicar trenes y cuadruplicar viajeros en año y medio. También está en marcha el tercer túnel Atocha-Chamartín. De Chamartín sale la línea que conectará la T4 de Barajas con la red ferroviaria. Madrid también fue protagonista en el último Consejo de Ministros de Transporte de Europa, que confirmó los dos grandes corredores ibéricos para el transporte ferroviario de mercancías, el Central-Atlántico y el Mediterráneo. Ambos tendrán conexión en la capital.

Barajas es la principal puerta de entrada a Madrid y a España. También es el principal motor del desarrollo económico madrileño, el nodo clave para el turismo y el comercio, y una afección significativa para la ordenación territorial, ambiental y de la movilidad. Por eso, durante los últimos ocho años el Estado ha invertido más de 7.000 millones de euros para que Madrid-Barajas esté entre los primeros aeropuertos del mundo en capacidad, funcionalidad y seguridad. Ese esfuerzo tendrá continuidad, porque hay otros 795 millones, entre 2009 y 2012, para la nueva terminal que culminará la remodelación de la T1 y la T2.

Tampoco hay región europea que supere a Madrid en kilómetros de autovía por habitante, superficie y desarrollo económico. Y las actuaciones del Estado prosiguen a buen ritmo. Los proyectos para las plataformas reservadas para transporte público en las carreteras de acceso están en redacción o esperando la declaración de impacto ambiental (DIA). La modernización de autovías de primera generación ha comenzado en la A2 y la A4. Se están invirtiendo 630 millones en la mejora de la M-40. La R1 está en licitación y las prolongaciones de la R3 y la R5 están en trámite. Fomento ha comprometido también la conexión de la hipotética M-60, el cierre de la M-50, si bien es obligado esperar que la ejecución de esta vía regional se atenga a los condicionantes ambientales.

El horizonte supera el interés partidista y el de un gobierno. De ahí la importancia estratégica que debe atribuirse a la voluntad de cooperación entre el Gobierno de España y la Comunidad de Madrid. Su confirmación en el día a día será la garantía para que este esfuerzo colectivo propicie nuevas oportunidades para el despegue definitivo de Madrid como una de las regiones líderes en Europa.

Rafael Simancas. Portavoz del Grupo socialista en la Comisión de Fomento

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Obras AVETIEMPO-TORMENTAS-FERROCARRIL
PSOE cree que las críticas del PP a Renfe ponen en juego posibles contratos

Madrid, 12 ago (EFE).- El portavoz socialista en la Comisión de Fomento del Congreso, Rafael Simancas, lamentó hoy las críticas del PP al sistema ferroviario español, al considerarlas un “boicot” de la presentación del AVE a una delegación de EEUU y por creer que ponen en juego posibles contratos con empresas españolas.

En declaraciones a Efe, Simancas consideró “desafortunadas” y “oportunistas” las críticas del PP a Renfe con motivo del corte que ha afectado a la línea de alta velocidad que une Madrid con Andalucía y estimó que el principal partido de la oposición debería sumarse a la “felicitación general” hacia el AVE español.

El portavoz de Fomento del Partido Popular, Andrés Ayala, había denunciado antes la “falta de previsión” de Renfe y acusó al operador ferroviario de “desidia” ante el citado corte, provocado por la tormenta que cayó el pasado lunes en la comarca toledana de la Sagra.

Simancas enfatizó que el PP “sabe” que las “inclemencias” resultan “imprevisibles” y que las empresas deben medirse por su “capacidad de reacción”, que en el caso del corte de la línea del Ave ha sido “muy razonable”.

Además, el portavoz en la Comisión de Fomento del Grupo Socialista sugirió la mala gestión del PP en cuestiones de infraestructuras al recordar que cuando llueve en la Comunidad de Madrid -gobernada por los populares-, se inundan con frecuencia los túneles de la M-30. EFE

rcb/pamp/mlr/jmi

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